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19 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

‘A confesión de parte, relevo de pruebas’

‘A partir de ahora, el presidente, Ricardo Martinelli, ya no ‘tapará las ineptitudes’ de algunos funcionarios en el desempeño de sus tar...

‘A partir de ahora, el presidente, Ricardo Martinelli, ya no ‘tapará las ineptitudes’ de algunos funcionarios en el desempeño de sus tareas’, La Prensa.

En razón de la destitución del regente de la Autoridad de Transporte, el presidente Ricardo Martinelli ha formulado públicamente la anterior declaración sorprendente, de que viene encubriendo el desempeño deficiente de ‘algunos funcionarios’.

Para los observadores del desastre que ha sido su administración, esto no resulta novedad. Coincidencialmente con la ATT, se da otra ilustración de ‘tapar las ineptitudes’ en ETESA. Esta sociedad anónima, bajo el regimen no-estatal, tiene como único accionista al Estado panameño quien, al privatizar el sector energético, se quedó con el hueso y le dejó la cereza del sundae al sector privado. Cuenta con unos 400 empleados (muy) bien remunerados, y es la única entidad que se rige por el Código de Trabajo. Tiene una Junta Directiva aparentemente decorativa.

Hace poco ETESA fue excluida, junto con Tocumen y la Empresa Nacional de Autopistas, del sector financiero publico —lo que contribuye a la falta de fiscalización que resulto en el apagón.

Dada su preferencia por el sensacionalismo, demasiados periodistas todavía no han agregado la perspectiva de su mala administración y la falta de inspección de sus instalaciones. Se recordará que en agosto 2009 —recién estrenado el actual gobierno— la empresa PYCSA Panamá, S.A. rehusó reembolsar los casi $2 millones que costó a ETESA reubicar tres torres en Tinajitas. Sin un permiso de construcción, la concesionaria del Corredor Norte decidió socavar la base del cerro sobre, en el cual se erigían dichas torres, para acomodar unas casetas de peajes. Pero el que ETESA solo se diera por aludida luego de un apagón de la transmisión desde El Darién, indica que no fiscalizan adecuadamente sus instalaciones.

En aquel entonces tenía un gerente general distinto al actual, lo cual sugiere que se trata de un problema institucional frente a la cultura de mantenimiento preventivo. Otro tanto probablemente resultará la causa última del apagón. Si las servidumbres de las torres de transmisión son de 40 metros, resulta difícil comprar la versión oficial de que la quema de cañaveral fuera realmente la (única) causa del desastre.

Pero, sea lo que sea que aconteció en Llano Sánchez, queda la duda sobre si ETESA realmente fiscaliza —y por ende mantiene un control efectivo de dichas servidumbres a lo largo y ancho del país— para evitar que el problema recurra, en cualquier otro sitio de los cientos de kilómetros que supone administrar. Y con la inminente obligación que cada automóvil sea modificado para usar ethanol, virtualmente cada pulgada de Veraguas está sembrada en caña.

ETESA tiene otro tema pendiente, sobre el cual no ha sido del todo transparente. Todo apunta a que no tendrá a tiempo la capacidad de transportar la capacidad adicional que se viene instalando en diversos puntos del país, particularmente hacia las minas de Coclesito. La energía es un tema de seguridad nacional, como lo son los demás servicios públicos, y no debe dejarse al garete.

*TRADUCTOR.