Temas Especiales

29 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Reflexiones sobre Venezuela

La coyuntura política que vive este hermoso país, cuna de insignes escritores, músicos y hombres de bien, y los frecuentes comentarios q...

La coyuntura política que vive este hermoso país, cuna de insignes escritores, músicos y hombres de bien, y los frecuentes comentarios que leo o escucho sobre la política de Venezuela o sobre Hugo Chávez y su ‘legado’, han provocado en mí, las reflexiones que hoy comparto.

Es innegable que la democracia venezolana se encontraba en un estado de grave deterioro cuando apareció en la escena política Hugo Chávez; como también lo es, que las clases altas venezolanas que dominaron la política por décadas, descuidaron inexcusablemente su responsabilidad para con los pobres de su país, los cuales aumentaron exponencialmente bajo sus mandatos. Y esa es, indudablemente, la gran lección política que debería prevalecer; que los gobiernos se deben a los pueblos y que los más ilustrados tienen una responsabilidad moral y ciudadana de contribuir a la superación de sus connacionales, cuando les corresponde dirigir los destinos de sus países.

Pero, así mismo, hay que decir alto y claro, que lo ocurrido en Venezuela durante los últimos catorce años, tampoco puede analizarse desde la perspectiva del eterno debate entre ‘izquierda’ y ‘derecha’, que ya se ha quedado obsoleto, porque ni la corrupción, ni la incompetencia conocen de ideologías. El hecho que el gobierno Chavista haya establecido programas como las misiones u otros que han proporcionado ayuda a los pobres y que son meritorios, no excluye otras realidades que ponen al descubierto la estafa de que está siendo objeto el pueblo venezolano.

La corrupción rampante en Venezuela no tiene parangón. Venezuela ha generado durante los últimos 14 años, solo por su producción petrolera, cientos de miles de millones de dólares. Una administración eficiente y transparente de esos recursos debería haber sido más que suficiente, no para palear las necesidades, sino para erradicarlas. Eso no lo hizo el Gobierno de Chávez en catorce años. Los pobres, siguen siendo pobres. Se han ‘regalado’ miles de millones de dólares a países del continente, sin ningún tipo de regulación ni control. Con todo ese dinero, hasta esos países deberían haber resuelto todos sus problemas. En Venezuela se ha destruido la industria y la agricultura. Las nefastas políticas cambiarias han asfixiado a la clase productiva.

Es por eso que en el país con la reserva más grande de petróleo del mundo, a veces no hay azúcar o frijoles o café o papel higiénico. ¡Qué ironía!... Y hablando de petróleo, PDVSA es un auténtico agujero negro, del que no se sabe qué pueda salir el día que alguien independiente analice su manejo de estos años.

¿Y qué decir de la terrible inseguridad que azota el país? Sabían ustedes que en Venezuela, solo en el año 2012, se contabilizaron más de 16,000 muertos por violencia?; ¿más de 19,000 en 2011 y más de 13,000 en 2010? Es decir, casi 50,000 personas en tres años. La suma es escandalosa e inconcebible. ¿Cuáles son las políticas de Estado destinadas a combatir seriamente este inconmensurable problema? No las hay. Y por eso, vivir en Venezuela se ha vuelto insufrible para muchos, quienes temen despedirse de sus hijos cada mañana, porque no saben si los verán de nuevo. El hampa se tomó las calles de las ciudades y pueblos venezolanos, en los que el secuestro es una industria, y los asaltos y asesinatos son el pan nuestro de cada día. Cada familia o grupo de amigos tiene su propia historia de su encuentro con el crimen. Los más afortunados pueden contarla sin llorar por una pérdida, pero todos viven atemorizados por el trauma del recuerdo y la incertidumbre de si, o cuando, volverán a ser víctimas de los ‘malandros’, que se pasean impunes con la complicidad de las autoridades. Este es también, ‘el legado de Chávez’.

La desigual campaña electoral y el control del oficialismo sobre todos los órganos decisorios del país, hace dudar de que sea posible un cambio en la dirección del país, pero ya sería tiempo de un gobierno que no promueva la lucha de clases; que sea competente en la administración del Estado y, por sobre todas las cosas, que haga de la política de seguridad ciudadana, su prioridad, para borrar del corazón de los venezolanos el miedo que los acompaña día a día.

ABOGADA.