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05 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Cenas millonarias: un agravio

Las diligencias que realizan los candidatos presidenciales para la obtención de fondos para las campañas políticas pasan por la fórmula ...

Las diligencias que realizan los candidatos presidenciales para la obtención de fondos para las campañas políticas pasan por la fórmula de las cenas. Es un mecanismo que no es novedoso. Igual opera en otras latitudes.

Estos eventos políticos, tienen un profundo sustrato económico. En efecto el costo de un plato que está en el orden de los miles de balboas, es una forma directa de invertir en una campaña, y desde luego establecer una íntima relación con el aspirante presidencial, lo que le permitiría posteriormente participar de los beneficios del poder.

Es claro que esa actividad está direccionada hacia un sector bien definido. Desde luego es impensable que sea hacia la mayoritaria población de menguados recursos económicos.

La lógica que expresan las cenas millonarias, es que la campaña política en Panamá está sustentada sobre exorbitantes riquezas. Pero en un contrasentido, inexplicable, son ellos mismos los que plantean los rechazos a las campañas políticas millonarias y los mismos que, en actos de demagogia pura, abogan por los topes de inversiones en las campañas.

Es decir, son los mismos que se rasgan las vestiduras con las acérrimas críticas a los gastos incalculables en propagandas. Y los que, en el ataque al contrario, quieren hacer creer que es malo invertir cuantiosamente en política.

Las cenas millonarias de los candidatos presidenciales son, además, una forma de excluir a los pobres en los posibles lucros de llegar al gobierno, pues la relación que se da entre pares, es decir entre ellos, es absolutamente desigual con relación a los que poco o nada tienen.

Bueno, sería si esas cenas millonarias en actos de buena voluntad, se hicieran para ayudar a los asilos, hospitales, cárceles, escuelas, etc.

De seguro que la respuesta a la inversión en esos campos, sería la mejor propaganda que pudieran realizar los candidatos, y de seguro sería la garantía del apoyo popular a sus candidaturas.

Y es que la mejor forma de decir es haciendo. Y la peor forma de hacer es mintiendo.

Las mentiras —por supuesto— que organizan a través de los medios de comunicación, las que ensayan en reuniones y las que anuncian en carteles con consignas que ni ellos mismos se las creen. En pocas palabras, las cenas millonarias ayudan a construir la farsa de los candidatos presidenciales. Los ayudan a que actúen en televisión en libretos muy mal ensayado que rayan en la burla y en el descaro.

Si el sentido común los acompañara, esconderían sus cenas millonarias, porque para un pueblo al que le cuesta llevar medianamente su existencia, esos actos son nocivos y de sarcasmo. Al final, termina la gente despreciándolos.

El mensaje enviado por los comensales es claramente descifrado por la gente y quizás no entendido por los que promueven cenas millonarias, con el afán de hacerse de recursos para sustentar las comedias que diseñan en todas las campañas.

Si se trata de aportaciones, en las que el que más tiene más debe poner, una bonita sugerencia es la de organizar con los pobres la cena del centavo.

DOCENTE UNIVERSITARIO.