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- 06/12/2019 00:00
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Nuestra institucionalidad pública educativa es una educación sin proyecto. La eficiencia histórico social de la educación no dependerá tanto de las atribuciones formales que se le asignen (Capítulo 5° de la Constitución), como de la articulación que se establece entre ésta y el desarrollo del país. Una educación sin proyecto de sociedad es incapaz de producir estudiantes de calidad. El resultado de la prueba PISA es el fracaso del Estado panameño. Un desastre.
La institucionalidad educativa tiene otros ingredientes: una forma organizativa, una estructura curricular y un componente humano profesional, orientado a la formación integral de los estudiantes. Sin embargo, ante la ausencia de una visión de largo plazo se ha impuesto una concepción de mercado extremadamente instrumental, que ha despojado al estudiante del concepto de cultura y de la formación humanista que toda educación conlleva. Se ha enfatizado de mala manera “el hacer” y no el “saber hacer crítico reflexivo”.
Se debe destacar que la institucionalidad educativa pública es un componente del Estado nacional y como tal, describe un accionar y una responsabilidad de naturaleza estatal. La debilidad de la educación pública es la debilidad del Estado. El incumplimiento del 6% es el resultado de la visión de un presidencialismo —salvo excepciones— que no tiene un proyecto de Estado.
El gran problema de la transformación educativa es su propio concepto de transformación. Mientras no se asuma como un proyecto estatal de largo plazo; es decir, con eficiencia histórica, como una acción transformadora de la sociedad que depende, entre otros elementos, de la concepción de desarrollo y sociedad que queremos, estaremos midiendo mezquinamente la educación por competencias de mercado, que son siempre coyunturales.
La transformación educativa no puede reducirse a una cuestión meramente curricular, deben introducirse cambios importantes en la institucionalidad e infraestructura. Mientras se aclara el proyecto de sociedad, si es que se aclara, se debe proceder también a una implementación de conceptos básicos: razonamiento lógico, manejo del lenguaje, fortalecer componentes socio-históricos y humanistas; así como aquellos orientados a la capacidad análisis-síntesis y resolución de problemas.
Los resultados eran esperados, si se toma en cuenta que durante una década todas las pruebas de medición del conocimiento resultaron deficientes; por otra parte, muy poco se ha logrado en materia de capacitación docente exitosa, supervisión permanente y científica, mejoramiento y baja calidad de la infraestructura escolar, apatía casi generalizada por parte de los padres y madres de familia en materia de acompañamiento de sus hijos y una situación familiar con profunda crisis de valores y violencia generalizada. Todos estos factores son determinantes para lograr un auténtico cambio en educación, no reformas parciales del currículo.
Las respuestas tienen dos vertientes de análisis: la primera, que es de carácter externo del sistema, y que tiene relación con el deterioro de la familia panameña y sus problemas socioeconómicos en aumento. A los padres de familia en una gran medida les resulta complejo acompañar de manera efectiva el proceso educativo de sus hijos. Las distancias geográficas, el agotamiento por razones de trabajo, desplazarse desde su hogar hasta la escuela es un auténtico reto familiar. Quién puede rendir en la escuela si tiene que madrugar desde las 4 de la madrugada para asistir a su trabajo y los estudiantes, por su parte, ingresan a la jornada matutina desde las 7 de la mañana, pero su movilización demora horas con transporte caótico. La familia se ve asediada por problemas de ingresos económicos bajos que le impiden cumplir con los compromisos que demanda el plantel educativo. Violencia, inseguridad, vandalismo en los centros educativos, familias incompletas y disfuncionales son factores que inciden directamente en obtener mejores resultados en el aprendizaje. La otra vertiente se refiere a los factores internos relacionados con el proceso enseñanza aprendizaje. Lo medular es interrogarse acerca de lo que ocurre en la Normal Juan Demóstenes Arosemena, que forma maestros y que ha tenido una baja significativa en su matrícula.
Efectivamente, eso lo establece la ley y es una suma significativa y necesaria; sin embargo, el problema no es el porcentaje asignado, pueden asignarle el 10% o el 13% como los países desarrollados, pero si Panamá no tiene una estructura administrativa de supervisión, de seguimiento, para que ese 6% realmente tenga un uso eficiente, no tendrá el efecto que se busca. La prueba está en que existe el Fondo de la Equidad y Calidad de la Educación (FECE), que son millones que se destinan para mejorar la calidad y al parecer no funciona porque vemos que los centros escolares están mal atendidos porque los directores de las escuelas pareciera que no ejecutan esos fondos por diversos factores, como el miedo a equivocarse. Los distintos gobiernos han creado varios viceministerios de Educación, pero nadie se ha dedicado a realizar una mejor ejecución de los fondos educativos.
Por razones político-partidistas que no es lo mismo que política, porque la educación es una variante de la política que decide cómo educar y qué educar. Son los partidos políticos que han estado en el poder los que en algún momento han tomado decisiones equivocadas; en un quinquenio, por ejemplo, las autoridades de Educación plantearon la transformación de la educación media; es decir, apuntaron al techo del sistema educativo y no a la base. Cada ministro llega con una idea distinta y no le dan seguimiento a los buenos proyectos que implementó su antecesor, entran en un especie de borrar la memoria. Mientras el país siga con este círculo vicioso, no vamos a llegar a un ningún lado. Por otra parte, la transformación del sistema educativo debe empezar desde la educación inicial hasta la educación universitaria, porque lo que no nos hemos preguntado es ¿dónde se están graduando los docentes? La Universidad de Panamá es la única que está graduando docentes porque tiene las disciplinas; por lo tanto, también debe estar preocupada por los resultados de la prueba PISA.
El sistema educativo del país es uno de los más complejos. Es el sistema que más subsidio recibe y con el ingreso per cápita más alto de América Latina y el Caribe y recibe aporte de organismos internacionales, de organismos no gubernamentales locales y los servicios de responsabilidad social de las empresas. Yo soy optimista en que podemos hacer el cambio, si concretamos los compromisos porque el país tiene el recurso humano con talento y, ahora, que se ha prometido el 6%, con mayor razón, siempre y cuando dejemos a un lado la selección partidista para ocupar un cargo dentro del sistema. La educación no se puede manejar con ese criterio.