COBERTURA ESPECIAL

Así fue la boda del embajador Cabrera y Andrea Altamirano-Duque

  • 23/03/2026 00:00
‘La Estrella de Panamá’ narra cómo se fue gestando uno de los eventos del año: la unión matrimonial entre el embajador de Estados Unidos y Andrea Altamirano-Duque

Al filo de las 3:30 p.m. del sábado 21 de marzo, el paisaje apacible en los alrededores de la residencia de la Embajada de Estados Unidos en Panamá daba paso a lo frenético que comenzaba a tornarse el ambiente.

Mientras por un lado llegaban los saloneros y los integrantes de la orquesta de la boda, poco a poco el operativo de seguridad se iba desplegando tanto en el interior como en el exterior de la residencia, de cara a uno de los eventos del año: la boda del embajador de Estados Unidos, Kevin Marino Cabrera, y la panameña Andrea Altamirano-Duque, quien se casó vestida por un traje de bodas creado por la diseñadora Tatiana Uliantzef.

Los testigos de la boda, Mayer Mizrachi y Grecia Manzano de Spadafora.

La expectación no se hizo esperar, aunque para los vecinos del área —quienes paseaban a sus mascotas o hacían ejercicio al aire libre— la escena resultaba indiferente. Ello, a pesar de que desde el exterior de la residencia se escuchaban las pruebas de sonido, cuyos ensayos se caracterizaban por la reproducción de temas de rock como ‘Rumours’, de Fleetwood Mac, y ‘Persiana Americana’, de Soda Stereo.

Entre las 3:30 p.m. y las 4:00 p.m. comenzaron a llegar los invitados a la boda, entre familiares y amigos de los novios, quienes debían pasar previamente un doble filtro de seguridad: por un lado, la verificación en la lista de invitados y, por el otro, un control con detector de metales instalado en una tolda blanca próxima a una de las entradas laterales de la residencia.

No fue hasta las 4:30 p.m. cuando arribaron invitados de mayor perfil, como el alcalde capitalino Mayer Mizrachi —a bordo de su auto Tesla— y otros funcionarios de peso, como el ministro de Seguridad, Frank Ábrego, y el contralor de la República, Anel ‘Bolo’ Flores.

La gorra roja entregada a los invitados, similar a la que se utiliza en los mítines del presidente estadounidense Donald Trump. En este caso, decía ‘Make Marriage Great Again’. (‘Hagan al matrimonio grande otra vez, en inglés.)

Cuando el reloj marcó las 5:00 p.m., un equipo periodístico de La Estrella de Panamá —el único medio presente frente al evento— pudo detectar la llegada del presidente de la República, José Raúl Mulino, junto a la primera dama, Maricel Cohen de Mulino. Su arribo fue precedido por oficiales del Servicio de Protección Institucional (SPI) y otros miembros de los cuerpos de seguridad, quienes vigilaban el perímetro a bordo de motocicletas.

El equipo periodístico, apostado a las afueras de la residencia oficial del embajador estadounidense, pudo observar cómo poco a poco se iba desarrollando la celebración, la cual tuvo lugar al aire libre en el patio de la residencia. Desde el exterior también se apreciaba la puerta central, preparada para recibir a los invitados. Aunque algunos llegaban más tarde de lo previsto, varios asistentes se mostraron joviales con los guardias de seguridad, quejándose entre risas de los estrictos protocolos.

El grupo de rock Los Rabanes formó parte de los artistas que amenizó la fiesta.

Los asistentes tuvieron la oportunidad de acudir a un evento exclusivo, organizado tanto por los mismos novios como por la testigo de la boda Grecia Manzano de Spadafora. El rol de testigo en la ceremonia también lo asumió el alcalde capitalino Mayer Mizrachi. Los novios escogieron todos los elementos que soñaron para la boda como la música y los elementos decorativos para acoger la celebración de la noche más importante de sus vidas.

La decoración se caracterizó por su tono tropical, con la prevalencia de hojas silvestres, cabezas de plátano y complementada con un toque local alusivo a Panamá. La misma estuvo a cargo de Carlos Mastellari. La decoración también tuvo una especial inspiración en el patrimonio histórico que supone en sí misma la residencia de la Embajada de Estados Unidos, la cual se caracteriza por su valor histórico.

Kevin Marino Cabrera y Andrea Altamirano-Duque.

A las 6:00 p.m. comenzó la música en vivo, con tonadas de canciones cubanas como ‘Guantanamera’, interpretada por la orquesta cubana Mayito Travieso. Hacia las 6:05 p.m., La Estrella de Panamá captó el momento en que el embajador Cabrera saludaba a los invitados. Más tarde en la noche se presentaron diversos artistas como el icónico dúo de música típica Samy y Sandra Sandoval, así como el grupo de rock panameño Los Rabanes, ganador de un premio Grammy Latino y reconocido a nivel internacional. También actuaron la murga tableña ‘La Perla Negra’ y el pianista Edmund Archibold en una fiesta que quiso resaltar lo mejor de las culturas de Cuba, Panamá y Estados Unidos.

Invitados y banquete

Los invitados acudieron en sus mejores galas. Las damas optaron por vestidos tipo cóctel, con una combinación de tonos sobrios como el azul y el negro, y otros más llamativos en colores pastel como el amarillo o el verde esmeralda, e incluso tonos luminosos como el dorado. Una de las asistentes destacó con un vestido azul de lentejuelas. Por su parte, los caballeros apostaron por una paleta en sintonía con el entorno natural del lugar, con tonos como azul marino, caqui, gris y blanco. La mayoría prescindió de la corbata, en línea con las tendencias actuales de la moda masculina, que permiten mayor flexibilidad en eventos sociales como bodas. Hubo quien también vistió una clásica guayabera —una prenda ideal para estos días de verano—, como fue el caso del alcalde Mayer Mizrachi.

El presidente de la República José Raúl Mulino y el lobista José Félix Díaz.

El banquete de la fiesta —a la que asistieron también diversas personalidades políticas del estado de la Florida, como la representante republicana María Elvira Salazar, el lobista José Félix Díaz y la comisionada del sexto distrito del condado de Miami-Dade, Natalie Milian Orbis— fue realizado en su totalidad por el chef Heriberto Lezcano y los sous chefs Ricaurte Brahtwete y Edgardo Aguilar, así como el equipo de cocineros de la Embajada de Estados Unidos en Panamá. El menú variaba entre la comida cubana y panameña con platillos como los frijoles, el cochinillo en caja chica, el arroz con leche y los famosos capuchinos cubanos. Unos bizcochos tradicionales, esponjosos y amarillos, horneados en forma de cono y bañados en un almíbar anisado o de vainilla.

Más tarde, en la noche, el público degustó de las pizzas de Botánica Pizza. Las mismas variaron en sabores como margarita, prosciutto, etc. Tampoco podía faltar el tradicional sancocho. Los asistentes de la fiesta —que concluyó a la 1:30 am— también recibieron distintos souvenirs como parte de una estantería la cual se asemeja a una tiendita y en la cual había diversos mementos como los sombreros Panamá, tazas, vasos, cubrecervezas y juegos de dominó. Además, se repartieron gorras rojas similares a las utilizadas durante los mítines del presidente estadounidense Donald Trump, las cuales suelen incluir la frase ‘Make America Great Again’. En este caso, el lema fue ‘Make Marriage Great Again’.

Los postres no podían faltar en el banquete.

Según conoció este diario, los esposos aún no tienen pensado cuál será el destino de su luna de miel. El evento concluyó dejando una estampa memorable, en la que se escribió un capítulo significativo en las vidas de Kevin Marino Cabrera y Andrea Altamirano-Duque, consolidándose como un punto de encuentro para la sociedad panameña y el cuerpo diplomático internacional.

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