El movimiento telúrico ocurrió a las 7:34 a.m., hora local, y tuvo una profundidad estimada de 76 kilómetros
Bolívar, el Congreso Anfictiónico y la soberanía sobre el Canal de Panamá (IV)
- 22/08/2026 00:00
Refiriéndonos ahora a otro aspecto de nuestra intervención, o sea, al Congreso Anfictiónico de Panamá, Bolivar en su “Carta de Jamaica”, comenzó a fantasear acerca de la constitución de “ un solo gobierno que confederase los diferentes estados que” tenían “un origen, una lengua, una costumbre y una religión” y pensó en el Istmo de Panamá para sede de “un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo”. Con esa fantasía y este pensamiento se inició el proceso de maduración de un proyecto que culminó casi once años después con el Congreso Anfictiónico de Panamá, el cual fue instalado a las once de la mañana del 22 de junio de 1826, en la sala capitular del antiguo Convento de San Francisco.
Cuatro años antes de la instalación del Congreso, en el año 1822, el Libertador en su condición de Presidente de la Gran Colombia, país del cual formaba también parte en ese entonces Venezuela, Ecuador y Panamá, deseando que los intereses y relaciones que unían entre sí a las repúblicas hispanoamericanas tuvieran una base fundamental que eternizara, de ser posible, la duración de sus respectivos gobiernos, invitó a Buenos Aires, Chile, México y Perú a formar una confederación y a reunirse en el Istmo de Panamá, o en otro lugar, en una Asamblea de Plenipotenciarios que sirviese de consejo en los peligros comunes, de fiel interprete de los tratados públicos y de conciliador en las diferencias que surgieran entre Colombia y Perú (1822), por el cual ambos estados se comprometieron a interponer sus buenos oficios con los demás gobiernos hispanoamericanos para que, previa adhesión al pacto, pudiera celebrarse la reunión de la Asamblea General de la Confederación. A este tratado siguió otro suscrito por Colombia y México (1823).
De hecho, en opinión de Bolivar, estaban ya confederados Colombia, México y Perú. Y estimando el Libertador que diferir por mas tiempo la Asamblea General de los Plenipotenciarios de esas repúblicas hasta que se verificara la acción de los demás significaría privarlos de las ventajas que dicho congreso produciría desde su instalación, el 7 de diciembre de 1824, desde Lima y como Jefe de Estado del Perú, invitó a Colombia, Guatemala, México y a las Provincias Unidas del Río de la Plata a la magna reunión de Panamá.
Dice el historiador colombiano Eduardo Lemaitre que el general Santander incluyó en la agenda del Congreso Anfictiónico, en lugar preferente, la cuestión del canal. Mas la construcción de un canal interoceánico no fue tema del Congreso, a juzgar por los Protocolos del Istmo y por los resultados del mismo. Ello, de más está decir, tenía una razón de ser, puesto que el afianzamiento común de la soberanía e independencia de los nuevos estados hispanoamericanos, así como el aseguramiento de una paz duradera, fueron los objetivos fundamentales de aquella reunión. No obstante, es interesante anotar que el tema del canal y la posibilidad de que Colombia o México decidieran emancipar Cuba y Puerto Rico movieron al congreso de los Estados Unidos de América a aprobar, después de un mes de violentos debates, la propuesta presentada por el Presidente John Quincy Adams en el sentido de enviar delegados a Panamá. Esta es la razón por la cual, en las instrucciones del secretario de Estado, Henry Clay, para los delegados estadounidenses Richard C. Anderson y John Sergeant, de 18 de mayo de 1822, encontramos los siguientes párrafos:
“... Un corte o canal, con propósitos de navegación, en algún lugar del Istmo que une las dos Américas, podría ser un tema que pudiera ser tratado en el Congreso. Objetivo, este, el del canal, de gran magnitud que, si una vez se realizara, sería en mayor o menor grado, de interés para el mundo entero. Para este continente su ejecución redundaría, probablemente en los mayores beneficios, sobre todo para Colombia, México, la República Centroamericana, el Perú y los Estados Unidos. Y sería de consecuencias ventajosas para toda la América si se hiciese por medios comunes y esfuerzos conjuntos y no se le dejara en manos de ningún país en forma aislada y sin ayuda alguna”.
“En el estado actual de nuestra información relacionada con la posibilidad de la obra y los gastos probables de la misma, no sería aconsejable hacer más que unos arreglos preliminares. Si acaso se realizara la obra, en forma tal que permitiese el tránsito de barcos de un océano a otro, los beneficios de la misma no debieran ser propiedad exclusiva de una sola nación sino debieran extenderse a todos los confines del globo mediante el pago de una justa compensación o de los peajes razonables. Lo deseable, en la actualidad, es poseer los datos necesarios para la formación de un juicio correcto acerca de si ello es un asunto practico y cual sería el costo probable de la empresa a base de las rutas que ofrecen las más grandes facilidades.
“Pudiera ser que ya se hayan adoptado las medidas para obtener el conocimiento requerido. Ustedes pueden inquirir por cuenta propia lo que se ha hecho o haya sido previsto por España o por cualquiera de los nuevos estados y obtener cualquier información que esté a vuestro alcance con el fin de resolver este interesante problema. Ustedes podrían expresar a los ministros de los otros países americanos que el gobierno de los Estados Unidos tiene vivo interés en la ejecución de la obra y que verá con especial satisfacción que se mantenga dentro de los límites de razonables esfuerzos humanos. Por el hecho de su cercanía y de la información local que reciben, ellos están colocados en una mejor posición que los Estados Unidos para evaluar las dificultades que hay que vencer. Ustedes recibirán y transmitirán a este gobierno cualquiera propuesta que llegare a presentarse o acerca de los planes que puedan sugerirse para la realización conjunta, con la seguridad de que serán examinados con todo cuidado con el mayor de los deseos de reconciliar los intereses y los puntos de vista de todas las naciones americanas”.
De los delegados enviados tardíamente por los Estados Unidos de América al Congreso Anfictiónico de Panamá, Anderson murió en Cartagena durante la travesía y Sergeant llegó al Istmo cuando el congreso había sido clausurado.
En estos días de feliz recordación estamos conmemorando el Sesquicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá. Si observamos los sucesos acaecidos desde los mismos días de Bolivar hasta los que están tocando a nosotros vivir, advertiremos admirados que las predicciones del Libertador se han cumplido, casi en su totalidad, en lo que respecta al Canal de Panamá y al Estado que lo construyó. En efecto, el Canal de Panamá ha sido construido, no por la Gran Bretaña, sino por los Estados Unidos de América. Pero dicho canal, esto es lo sustancial, ha acortado las distancias del mundo y estrechado los lazos comerciales de Europa, América y Asia. Su constructor, es decir, los Estados Unidos de América, entre otros factores, gracias a dicho canal, ha aumentado su peso en la balanza política y ha hecho refluir sobre sí la prosperidad del hemisferio, al igual que una prepotencia mercantil y un acrecentamiento de las fuerzas militares que le han permitido abrazar todas las partes del mundo. Las predicciones, sin embargo, no se han cumplido con respecto al Istmo de Panamá. No porque Bolivar hubiese fallado en sus apreciaciones, sino porque los Estados Unidos de América impusieron a Panamá un malhadado tratado y operan dicho canal como si el territorio sobre el cual ha sido construido le hubiese sido dado, en lugar de entregado para ciertos fines específicos. Resultado de lo anterior es que nuestra magnifica posición geográfica, entre los dos grandes mares, una vez roto el dique natural que los separaba, no ha traído a la República de Panamá, los tributos de las cuatro partes del globo, como presagió Bolivar para esta región.
Porque todos los pueblos tienen derecho a explotar sus recursos naturales en beneficio propio y porque nuestro Istmo está llamado a ser, como quiso el Libertador, un verdadero “emporio del universo”, el pueblo y gobierno panameños se empeñan desde hace once largos años, a pesar de los muchos obstáculos que se les han presentado, en lograr un tratado justo y equitativo que elimine el enclave colonialista que los Estados Unidos de América han establecido en la Zona del Canal.
La historia demuestra que Bolívar, al igual que Miranda, vio en el Istmo de Panamá un territorio de valor incalculable para la liberación de Hispanoamérica, en su lucha por la independencia política. Corresponde ahora a Hispanoamérica ver en el Istmo de Panamá un territorio de valor incalculable para la liberación moral, social y económica, y hacer, consiguientemente, suya, el empeño del pueblo y gobierno panameños de vivir en una patria libre de cualquier vestigio colonialista, si queremos ser consecuentes con el Libertador, al conmemorar el Sesquicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá.
Nombre: Julio E. Linares
Ocupación: Diplomático y político. Profesó la cátedra de Derecho Internacional Público en la Universidad de Panamá, donde fue secretario,vicedecano y decano interino. Fue diputado a la Asamblea Nacional, miembro principal del Consejo Nacional de Relaciones Exteriores, presidente de la Junta Directiva del Instituto de Vivienda y Urbanismo y de la Junta de Control de Juegos, ministro Consejero de la Delegación Permanente de Panamá ante la O.N.U., gobernador de Panamá ante el Banco Mundial, representante titular de Panamá ante el Consejo Interamericano Económico y Social, y ante la V Asamblea de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo, donde fue electo presidente de la misma. Fue ministro de Relaciones Exteriores, ministro de Hacienda y Tesoro y Ministro Interino de Trabajo y Bienestar Social. Socio del Bufete de Abogados Tapia, Linares y Alfaro, Presidente del Club Unión, presidente del Partido Nacionalista, secretario General del Instituto Hispano-Luso-Americano de Derecho Internacional, miembro del International Law Association, de The American Society of International Law, de la Academia Panameña de Derecho, del Colegio Nacional de Abogados, del Instituto Panameño de Cultura Hispánica, de la Sociedad Bolivariana de Panamá, del Instituto Latinoamericano de Estudios Avanzados, de la Academia Panameña de la Historia, de la Asociación Argentina de Derecho Internacional, del Club Activo 20-30 de Panamá y del Club Kiwanis de Panamá. Obras: La Casación Civil en la Legislación Panameña (1968), Derecho Internacional Público (1977), Tratado concerniente a la Neutralidad Permanente y al funcionamiento del Canal de Panamá (1983) y Enrique Linares en la Historia Política de Panamá (1869-1949) - Calvario de un pueblo por afianzar su soberanía (1989).