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- 02/11/2011 01:00
La historia de un pueblo no es una retahíla de eventos desvinculados, que se acumulan en un amasijo confuso. Si el pueblo ha establecido su identidad, ha reconocido un territorio como su patria y ha comenzado a adquirir el sentido de su nacionalidad, constituye un sujeto colectivo y lo más probable es que su historia consista en etapas diferenciadas de ese desarrollo.
Cada etapa tiende así a corresponder a algo análogo, aunque más restringido a lo que el filósofo Jacques Maritain llamaba en su obra Humanismo Integral, ‘un ideal histórico concreto’, es decir ‘una imagen prospectiva que significa el tipo particular, el tipo específico de civilización a la que tiende una edad histórica’. 1
Para apreciar el sentido del desarrollo de un pueblo debemos entonces considerar sus sucesivos ideales históricos concretos. En función de ellos hemos de medir sus realizaciones o sus fracasos, sobre la base de los cuales dicho pueblo suele haber elaborado el ideal histórico concreto que lo motiva en su presente hacia su futuro.
Si además estos ideales sucesivos diseñan una línea maestra de valores del pueblo en cuestión, podríamos considerarla como la significación más profunda del sentido de su historia.
PRIMERAS ESTADÍSTICAS
Gracias en buena parte a su vínculo con Colombia, la dotación cívico-política de Panamá maduró y las expresiones culturales se multiplicaron. A pesar de que ‘...en 1897 Panamá sólo alcanzó el centenar de escuelas con 4,200 estudiantes’ 2 , esta cifra constituía un pequeño núcleo escolarizado que serviría de base a un muy importante desarrollo escolar ulterior.
El país tenía aproximadamente unos 315,000 habitantes en 1903 y la capital no pasaba de 25,000, con unos 9,000 en las áreas que integrarían más tarde la Zona del Canal.
En 1845 ya Don Justo Arosemena, sin duda el pensador y político tutelar de Panamá en el siglo XIX, había escrito El Estado Federal de Panamá, que constituye el primer clásico de nuestra personalidad nacional en el trayecto del autonomismo hacia la independencia, y en 1849 Gil Colunge había publicado La Virtud Triunfante, la primera novela panameña.
Durante el siglo XIX eran numerosos en Panamá los periódicos de orientación política o literaria, aunque de corta duración, siendo el primero de ellos La Miscelánea del Istmo que se publicó por vez primera en marzo de 1821.
Desde 1849, existió con carácter de permanencia y regularidad un diario en inglés, The Panama Star que luego se denominó The Star & Herald, y contó con una sección en español llamada, desde 1853, La Estrella de Panamá.
Durante el resto del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX ella fue el principal diario de Panamá y sus páginas fueron la tribuna desde la cual conservadores y liberales dirimieron con pasión y euforia sus diferencias políticas con las plumas de Eusebio Morales, Pablo Arosemena, Belisario Porras, Guillermo Andreve; también en su momento Ricardo Alfaro y Octavio Méndez Pereira y en fin muchos ilustres hombres de posiciones políticas diversas, con su accionar periodístico contribuyeron a la cátedra cívico-política en el desarrollo de la nacionalidad panameña.
SE INICIA LA PATRIA
El pueblo panameño, con el reconocimiento del istmo como su patria y una incipiente conciencia de su nacionalidad se decidió el 3 de noviembre de 1903 emprender abiertamente el camino de la independencia como medio de garantizar la construcción por su suelo de un canal interoceánico que consideraba indispensable para su futuro desarrollo y bienestar. Adquirió así las experiencias que habrían de forjarlo primero como Estado republicano, luego como Estado nacional, pasando por una etapa de conflicto entre el intento por instalar un Estado civilista y la voluntad de mantener el Estado militarista mientras negociaban los Tratados Torrijos Carter, hasta por último esforzarse en la tarea de crear un Estado democrático incluyente, socialmente equitativo y capaz de ofrecer un vehículo de tránsito y transporte moderno, dispuesto a responder a las necesidades actuales del comercio mundial como su forma de participar activamente en el proceso de globalización.
Podemos decir que en este siglo de ‘independización’ 3 , el pueblo panameño y la patria istmeña se convirtieron fundamentalmente en una república y una nación que aspira a ser una democracia auténtica, considerada en su civilidad y desarrollo humano.
No sólo debemos recordarnos que tenemos un futuro del Estado, sino también que éste debe ser cónsono con una síntesis de nuestras realidades y aspiraciones.
IDENTIDAD NACIONAL
El 3 de noviembre de 1903 dimos el paso decisivo hacia ‘la transformación del departamento de Panamá en una república independiente, libre y soberana’, como declaró la Junta Provisional de Gobierno en su Mensaje a la Constituyente 4 . Durante esta primera etapa, desde 1903 hasta el golpe de estado civil del 2 de enero de 1931, los panameños y panameñas concentramos nuestros esfuerzos en el establecimiento de nuestra propia República. Para el año 1918, en Panamá, ya nueve personas habían ocupando la presidencia en tan solo 15 años de vida republicana, y hasta la fecha ya van cincuenta y nueve, este hecho amerita de parte de todos los panameños y panameñas una reflexión sobre nuestra realidad nacional, la cual fue iniciada ya por Eusebio A. Morales, quien en el discurso de toma de posesión del Presidente Ramón Maximiliano Valdés afirmaba que era necesario cultivar el sentimiento de nacionalidad pa nameña y afirmaba que:
‘Nuestro país necesita ante y sobre todo el cultivo del sentimiento de la nacionalidad. El sentimiento de nacionalidad es el supremo creador de ideales, el generador de los grandes heroísmos, la fuente de todos los triunfos y glorias nacionales y el resorte moral que impele al hombre a los más grandes sacrificios. Un país sin ideales no es una nación, no es un Estado, es un jirón geográfico sin personalidad moral, cuyo destino es desparecer y extinguirse para siempre.’ 5
A esta labor ardua debemos abocarnos con responsabilidad, esmero y sentimiento de unidad en la lucha por la preservación de nuestras instituciones democráticas, en la búsqueda de un Panamá con equidad de oportunidades que nos conduzcan a lograr el bien común como fundamento identificador de nuestro sentimiento de nacionalidad.