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- 25/09/2026 22:14
En ‘Chichero’, la migración, la memoria histórica y la búsqueda de una vida mejor se cruzan en la historia de Josué, un joven peruano que huye de la violencia y llega a Panamá con el sueño de convertirse en boxeador.
El actor peruano Júnior Bejar, que le da vida al protagonista del filme de Aaron Bromley y Arturo Montenegro, conversó con La Estrella de Panamá sobre el desafío de interpretar a un personaje marcado por el terrorismo en su país, su encuentro con la realidad panameña y una historia que, más allá de las fronteras, plantea una reflexión sobre la resiliencia y la necesidad de encontrar un hogar.
A mí me encantó. Recibí este guion en 2020 y, desde el primer momento, el tema de la migración, que creo que es súper universal, me llamó la atención. Todos, de alguna manera, somos migrantes.
Ese momento de dejar un espacio que llamas hogar e ir a otro donde vas a construir un nuevo hogar me parecía importante. También fue crucial que ‘Chichero’ retratara acontecimientos históricos, políticos y sociales, como la época del terrorismo en mi país y la realidad de la dictadura en Panamá.
Para mí fue hermoso aceptar este proyecto. Tuve que entrenar para aprender a boxear y manejar armas, y eso es un disfrute actoral. Me encanta vivir, de alguna manera, otras vidas.
El reto no lo diría como algo negativo, sino todo lo contrario: me encantó. Me gustan esos proyectos donde uno explora límites y cuestiones que tienen profundidad.
Creo que ‘Chichero’ habla de la resiliencia, que es la capacidad del ser humano de adaptarse a una circunstancia determinada. Hay una sinergia bastante interesante para que el mundo también pueda sentirla y hacer suya la película.
Josué inicia siendo un personaje tranquilo y tímido, pero esa timidez lo acompaña mientras se va haciendo más duro por las situaciones complicadas que comienza a vivir relacionadas con el terrorismo y su familia.
Es llevado al ejército de manera forzada y tiene que alejarse de su familia siendo muy joven. Luego debe tomar la decisión de irse a otro lugar para conseguir sus sueños.
Creo que ese atrevimiento como actor, con una experiencia y una madurez que sigo cultivando, ha sido grato para mí porque ya he aprendido a abordar de otra manera un personaje.
Es mi segundo protagónico y ya llevo cinco películas. Mi primer protagónico fue en mi primera película y fue una experiencia totalmente nueva y compleja. Ahora creo que tengo una madurez que sigo cultivando para abordar diferentes personajes. Este papel fue, para mí, un regalo.
Yo soy de Ayacucho, en la sierra del Perú, donde empezó el terrorismo. El primer ataque que hizo Sendero Luminoso ocurrió a una hora de mi pueblo. Mi tierra fue una de las que sufrió más matanzas.
Hubo matanzas de pobladores y gente inocente. Era un juego cruzado entre el ejército y el grupo terrorista, y quienes quedaban en medio eran los habitantes de los pueblos.
Por eso hago hincapié en que la película tiene el atrevimiento de poner estos eventos históricos en la cinta. Es importante tener memoria, resignificar por qué estamos como estamos y qué es lo que no deberíamos repetir.
Para mí, como artista y comunicador, es importante saber dónde estoy, cuál es mi territorio y dónde estoy parado. Los artistas comunicamos y, a partir de eso, mi comunicación se hace consciente para decidir cómo encauzar lo que quiero hacer con mi arte.
Conozco la historia del terrorismo en mi país. Incluso hice una película sobre el rescate y había visto documentales. Creo que un ser humano tiene que saber en qué contexto está y cuál es su tierra para poder mirar hacia el horizonte.
A mí también me sorprendió. Yo no sabía de eso.
Aarón me lo contó y, durante el proceso de la película, pasé un par de días con un chichero. Conocí su taller y lo acompañé a vender chichas y empanadas.
También fuimos a un evento de chicheros donde se juntaban y me contaron historias de ese tipo. Eso es impresionante porque en Perú yo no había escuchado ni encontrado en un libro de historia ese tipo de cosas.
Creo que el estreno también será importante para abrir nuevas posibilidades y nuevas miradas sobre nuestra historia y sobre quiénes somos como latinoamericanos.
Creo que la migración incluso llega a ser un estado natural del ser humano. Todos estamos migrando de alguna manera. No necesariamente tienes que trasladarte de un país a otro.
Yo soy de la sierra de mi país y tuve que mudarme a Lima para poder estudiar. Entonces, siempre estamos migrando, mudándonos.
La migración es inherente al ser humano y es un tema actual. Creo que ese tema universal es lo que hace que ‘Chichero’ tenga ingredientes importantes. Ha empezado fuerte con la candidatura de Panamá para los Óscar y los Goya.
Para mí no fue tanta sorpresa porque cuando leí el guion y hablé con Arturo, Andy y Aarón, consideré que la película tenía ingredientes importantes que podían llevarla a un circuito festivalero atractivo.
Creo que es importante mirarnos, no mirar afuera, para crear.
A lo largo de mi carrera he ido teniendo más conciencia de eso. Tuve la oportunidad, con mi primera película, de ir a los Spirit Awards en Los Ángeles y conocer la industria que existe, pero también uno tiene que preguntarse qué hay a su alrededor: quién soy y de dónde vengo.
Latinoamérica es una región infinita en creación. Por mi experiencia en el cine de mi país, hay muchas historias que merecen ser vistas y contadas.
También he ido descubriendo la importancia de no exotizar la miseria y la pobreza que muchas veces Europa ve en Latinoamérica. Las historias que hay en nuestra región son verdaderamente humanas. No se tiene que exotizar lo miserable.
También he escuchado que en Centroamérica se están estrenando y produciendo más películas, y es importante hacerlo. A partir del hacer vamos a descubrir hacia dónde nos estamos dirigiendo.
Creo que Perú y Panamá hacen en esta película un contraste muy interesante: Perú, con sus paisajes y montañas, y Panamá, con el trópico, el sudor y el calor. Es un viaje visualmente hermoso.
Yo creo que la pelea no se da solo en un ring, sino en la vida. Es un poco también de lo que habla ‘Chichero’.
Algo que me llama la atención sobre los sueños es el vínculo con la idea de la utopía de Eduardo Galeano: tú avanzas dos pasos y la utopía avanza otros dos. Nunca la alcanzas, pero ¿para qué sirve? Para avanzar.
Ese avance puede llevarte a un sueño insospechado y ese sueño a otro. Creo que a Josué le pasa eso. Y esa es también la vida. No hay un arco en el que llegas a un final y ahí acabas. Estás en el camino, encuentras otra dirección y finalmente algo que no sospechabas.
Creo que ese es el viaje de Josué y que resonará con los ojos del mundo porque es una historia universal.
Para mí fue impresionante. Primero, por el equipo técnico. Cuando fueron a filmar allá en Perú, me impresionó mucho la eficiencia que tienen.
Es como jugar al fútbol con tus amigos: cuando ya se conocen, juegan de memoria.
Me sorprendió una tarde en la que fuimos a visitar un museo con todo el equipo y, al día siguiente, decidieron hacer una escena que no estaba en el plan de rodaje. Terminamos el recorrido, comenzaron a organizarla y al día siguiente fueron a grabar.
También hubo días en los que terminamos de rodar con tiempo de sobra y adelantamos escenas del día siguiente. Generalmente eso no pasa en las producciones.
La eficiencia de ese equipo, que ya va por su séptima película trabajando juntos Aarón, Andy y Arturo, me impresionó, así como la manera en que congeniamos.
Y con los compañeros panameños también fue muy especial. Panamá es un abrazo. Me ha recibido de una manera muy linda.
No solo lo digo yo. Muchos migrantes con los que he conversado encuentran en Panamá esa bendita palabra llamada hogar.