Analida Galindo: “Prisma es un festival que abraza”

  • 20/09/2026 00:00
Prisma cumple 15 años y lo celebra con una programación que reúne compañías internacionales, artistas panameños y nuevos espacios para acercar la danza contemporánea a públicos diversos. Analida Galindo habla sobre los orígenes del festival y las huellas que dejó en la escena cultural del país

Prisma, el festival de danza más relevante de nuestro país, celebra sus quince años de trayectoria. Hace pocos días, la Ciudad de las Artes acogió su inauguración con la impactante pieza “Soul Chain”, de Sharon Eyal y la compañía alemana Tabzmainz. La obra, coreografiada íntegramente sobre música electrónica del renombrado DJ y músico israelí Ori Lichtik, rinde homenaje a la cultura club fusionando bailes urbanos con danza tradicional y contemporánea, además de matices de cabaret alemán y destellos del inconfundible estilo de la inolvidable Pina Bausch, referente de la gran coreografía alemana de Wuppertal.

Analida Galindo, bailarina profesional, educadora y fundadora de Prisma —junto a Ximena Eleta de Sierra—, conversó con El Visitante sobre la celebración de este aniversario artístico.

¿Cómo miras en retrospectiva estos quince años de Prisma?

Siento que la evolución de Prisma ha sido un proceso constante de dejar pequeñas huellas en la gente, en la ciudad y en los propios artistas. Hemos visto crecer el festival desde múltiples perspectivas: el público ha ido ampliándose y abrazando la danza contemporánea, mientras que en la escena local han surgido nuevos artistas, colectivos, propuestas y colaboraciones, tanto entre creadores locales como con los internacionales que han pasado por Prisma.

La relación que Panamá mantiene hoy con la danza contemporánea es radicalmente distinta a la de nuestros inicios, cuando apenas era un terreno inexplorado. Al mirar hacia atrás, más allá de la cantidad de público o el número de compañías internacionales que hemos recibido, lo que realmente me conmueve son esos pequeños momentos. La emoción palpable en el rostro de alguien del público o el descubrimiento que experimentan quienes asisten por primera vez a una función de danza. Nos llena de alegría saber que hay quienes se acercan por primera vez al arte en una estación del metro y en otros espacios públicos donde realizamos funciones gratuitas. Esa es, al final, la esencia de nuestro trabajo. “Prisma es un festival que abraza”, manifestó un artista en un conversatorio. Es una frase que he adoptado, pues resume perfectamente lo que hemos construido en estos quince años. Queremos que el festival abrace al público, a la ciudad, a los artistas y a todo el equipo que lo hace posible.

Este año ofreceremos funciones para todo tipo de públicos. Me entusiasman especialmente los laboratorios de danza, que consisten en creaciones de artistas locales. Tuvimos uno esta semana en el Museo de Arte Contemporáneo [MAC Panamá] y el próximo será el 25 de septiembre en el Biomuseo. No puedo dejar de mencionar, con mucho orgullo, la función de cierre: la pieza “Turning of Bones”, con coreografía del británico Akram Khan, interpretada por el grupo Gauthier Dance (de Alemania), y con la participación de la bailarina panameña Tuti Cedeño.

De estos quince años, guardo un recuerdo especialmente emotivo de la inauguración del 31 de agosto, cuando José Garrido, un antiguo alumno mío que conocí hace diez años en el programa “Enlaces” —iniciativa educativa para jóvenes talentos panameños—, subió al escenario convertido en bailarín profesional de una compañía europea. Ver su transformación es la culminación y el sentido profundo de lo que hemos venido construyendo.

El festival de Prisma se extiende del 20 al 27 de septiembre. Hoy, domingo 20 de septiembre a las 4:30 p.m., Lisard Tranis (España) y Clémentine Télesfort (Francia) presentan “La mecánica del infortunio” en el Teatro Áurea “Baby” Torrijos, en la Ciudad de las Artes.

Los ensueños de la Zona del Canal

“Ensueños, El comi(ng) of dreams” se tituló la exposición de pinturas recientes de los artistas panameños Aristides Ureña Ramos (1954) y Momo Magallón (1997). Bajo la curaduría de Liz Lasso (1998), estuvo abierta al público del 8 al 15 de septiembre en la galería Marjalizo de Soho Mall. En su página web, esta galería se describe como un “nuevo centro de experiencias inmobiliarias” y “punto de atención comercial permanente para inversionistas inmobiliarios locales y extranjeros”.

En este contexto inmobiliario de alta gama, Ureña y Magallón ofrecieron una muestra en torno a la segregación en la antigua Zona de Canal. Su punto de partida son los comisariatos: supermercados exclusivos a los que solo podían acceder los zoneítas o residentes del antiguo enclave colonial que Estados Unidos impuso durante casi un siglo. En el texto curatorial, Lasso explica que “este proyecto es un diálogo entre los artistas que parte de una investigación compartida que se apoya en fuentes vivas, material fotográfico y documentos históricos”.

“El ingrediente secreto de Abi”, Momo Magallón en “Ensueños, El comi(ng) of dreams”, Galeria Marjalizo, 2026.

Magallón y Lasso se han consolidado como figuras clave dentro de la nueva generación de artistas y curadores del arte contemporáneo en el país. Aunque Magallón expuso solo tres de las obras en exhibición, dejó una profunda impresión gracias a su paleta intensa, la asimetría de sus composiciones y una técnica que fusiona el arte pop con la gráfica de los rótulos artesanales de restaurantes populares en Panamá. Este estilo se emparenta con el de Haydée Victoria Suéscum, artista de larga trayectoria, con quien Magallón expuso el año pasado. Aunque ha generado debate entre algunos artistas por las influencias y el tenor de su factura, lo cierto es que su arte resulta inconfundible, desenfadado y provocador.

En esta muestra, Magallón toma como punto de partida las mercancías estadounidenses que se vendían en los comisariatos zoneítas —como el jabón en polvo o la salsa de tomate— y que a menudo se conseguían por contrabando del otro lado de la “frontera”. Así, aborda, de manera certera, las aspiraciones de los panameños y su condición colonial por excelencia.

Ureña Ramos, uno de los artistas más prolíficos de nuestro país, toca el tema del comisariato y la discriminación zoneita del Gold Roll y el Silver Roll. El artista se inspira visualmente en fotografías de la antigua Zona del Canal, y hasta pinta su versión personalísima del impactante mural del mexicano Fernando Leal (1896-1964). Titulado Neptuno encadenado, este mural, que Leal pintó entre 1935 y 1936, se censuró y destruyó en 1943 con sopletes y trementina, debido al fuerte impacto político e ideológico de su mensaje antiimperialista, que incomodaba tanto a las autoridades panameñas de la época como al gobierno de Estados Unidos.

oul Chain, de Sharon Eyal y la compañía alemana Tabzmainz. Con la participación del panameño José Garrido. Inaguracion del Festival Prisma, Ciudad de las Artes.

Para explorar estos temas, Ureña recurre a una fórmula pictórica que le ha permitido trabajar a gran escala: en lienzos monocromáticos traza un marco de pequeños toques de color en los bordes y, en el interior, despliega paisajes barrocos y personajes pintorescos. A este estilo, adaptable casi a cualquier temática, lo calificó una curadora como “caricaturesco”, mientras que otra opina que su obra se aproxima más al género de la ilustración que a la pintura de caballete.

Personalmente, encuentro su trabajo más próximo al primitivismo costumbrista que se centra en escenas cotidianas y populares, dejando de lado los cánones de la academia clásica, y construye atmósferas alegres o infantiles mediante el uso de tonalidades planas.

Veintiséis años después de la transferencia del canal, surge una pregunta fundamental: ¿cómo abordan nuestros artistas visuales y curadores el tema de la antigua Zona del Canal? ¿Retratan, transgreden, confunden o idealizan nuestra historia? Y, aún más relevante, ¿ofrecen alguna crítica significativa sobre nuestra relación actual con Estados Unidos?

El llamado revisionismo histórico consiste en alterar o inventar información para justificar ideologías, legitimar poderes o blanquear regímenes autoritarios, ya sean del presente o del pasado. En el arte contemporáneo, la representación del pasado tiene sentido solo cuando se emplea para analizar el presente, y nunca para explotar la nostalgia.

Una nueva versión de esta muestra, llamada “Ensueños (Desire Melting Into Mango)” —ahora sí con un número mayor de obras de Momo Magallón— acaba de inaugurarse en Casa del Soldado, en el Paseo Esteban Huertas del Casco Viejo.

El autor es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA).

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