Según Díaz-Canel, las conversaciones han sido coordinadas con las principales instancias del Partido, el Gobierno y el Estado cubano
- 02/02/2021 00:00
“Nox fugit Historiae lumen dum fulget” (Huye la noche cuando resplandece la luz de la Historia) estaba grabado en el maltrecho arcón de un monje gerónimo que visitó el virreinato del Perú en el siglo XVII cuyo manuscrito fue hallado y presentado por Francisco V. Silva, tucumano futuro partidario del panhispanismo, en su primer informe a la Real Academia de Historia (1918) para conmemorar el inicio de la colaboración de Argentina con esa institución.
El autor del manuscrito no fue otro que fray Pedro del Puerto, que recorrió el Virreinato peruano entre 1613 –año de su llegada como auxiliar del obispo de Trujillo– y 1629. De acuerdo con Silva, el texto ofrece muchos datos dispersos en la narración y varias referencias topográficas, por ejemplo, respecto a “Tierra Firme” refiérese a Panamá y 'Puerto bello' (Portobelo) mientras que respecto al Perú menciona las poblaciones de Pisco e Ica de Valverde, entre otras. Dado que el punto de partida del recorrido de fray Pedro fue Trujillo –su itinerario es consignado en leguas– pisó por vez primera Lima, la Ciudad de los Reyes, el 7 de setiembre de 1614 partiendo enseguida hacia Pisco distante 36 leguas de la capital virreinal y, de allí, tras breves días de reposo, continuó hacia Arica para luego ejecutar un tramo más pausado visitando Chuquiabo, Oruro, Chuquisaca, Mojotoro, Mizque, Potosí, Cochabamba, Llangacollo y La Plata para dar la vuelta y regresar a Lima el 12 de enero de 1617. Durante su travesía se alojó en conventos de diversas órdenes religiosas, así fray Pedro consigna que en Trujillo pernoctó con los agustinos, en Lima con los jesuitas, en Pisco con los franciscanos y siguió de esta forma en las otras ciudades y villas donde le tocó pedir hospedaje, destacando el apoyo recibido por dos particulares, don Francisco Roxas (sic) en Ica y de don Luis de Espinosa Vallenillo en Pisco. Dato interesante es que su cuñada doña María de Pareja radicaba en Pisco y su sobrino Hieronimo Naríquez (sic) vivía en Arica, localidad que formaba parte de la jurisdicción territorial virreinal peruana. Información relevante porque fray Pedro habría elegido como ruta varios puntos del itinerario comercial con el que usualmente se abastecía de pisco al sur del país (Huertas, 2004).
Dos anotaciones llaman la atención del historiador argentino Silva al punto que las consigna en el referido informe de 1918: el regalo que los feligreses hacen a fray Pedro al darle un caballo de Xerez (sic) en Trujillo para la travesía terrestre (folio 6) y la cosecha de vid en Pisco (folio 27). A juicio de Silva “[...] estos datos revelan la honda orientación de plenitud que España en su expansión [...] llevando desconocidos elementos de vida como el caballo [...]y la trepadora vid de óptimos racimos para moldear nuestra América al modo occidental [...]”. Silva concluye recomendando cruzar la información del monje gerónimo con aquella otra investigación del historiador peruano José de la Riva Agüero –al que califica de erudito– sobre otro manuscrito cuyo autor estuvo en el Perú entre 1605 y 1619 y que fuera parte de la ponencia “Descripción anónima del Perú y Lima por un judío portugués” que Riva Agüero presentó en el Congreso de Historia y Geografía Hispanoamericanas celebrado en Sevilla en 1914. No es coincidencia que, en ambas travesías, como parte de un estudio razonado de la civilización de la América española de esa época, aparezcan Panamá y Portobelo como elementos neurálgicos del recorrido.
Precisamente con el propósito de rescatar del olvido los lazos comerciales que por 300 años alimentaron las relaciones del virreinato peruano con Panamá, el Museo de Arqueología Josefina Ramos de Cox presentó recientemente una exposición virtual acerca de las historias de vida, encuentros y adaptaciones de los primeros extranjeros que se afincaron en el valle del río Rímac a cuyas orillas se estableció la floreciente Ciudad de los Reyes. Entre los manuscritos del siglo XVI mostrados destaca don Pedro de los Ríos, gobernador de Panamá y regidor del cabildo del Cuzco, que impulsaría el comercio de la vid hasta su muerte en la batalla de Huarina en 1547.
Doscientos años después del deceso de don Pedro, otro promotor de la vid y del pisco del sur del Perú, don Felipe de Betancourt, capitán de infantería de Panamá, recibiría a título provisional el corregimiento de Ica, Pisco y Nazca de manos del virrey Castelldosrius (Malamud, 1981 citado por Gutiérrez Rivas, 2005) para realizar un intenso comercio con participación de este, pero que burlaba las aduanas oficiales. Castelldosrius no tomó medidas frente al contrabando sino, por el contrario, tuvo intereses económicos en ese tipo de negocios (Moreno y Sala i Vila, 2004). La investigadora Mazzeo (2014) señala que a pesar de las dificultades que implicaba el circuito, la ruta marítima con el istmo se mantuvo durante el siglo XVIII “[...] lo que evidencia la capacidad de adaptación de aquellos personajes avezados que [...] no encontraban obstáculos a su ambición de progreso”. Añade que luego de la independencia de 1821, la ruta de Panamá volvió a restaurarse –esta vez dominada por navíos ingleses– y el comercio con el Perú prosperó hasta 1827, momento en que empezó a sufrir altibajos. Existen rastros de esta aventura pisquera en la obra del viajero suizo Von Tschudi (Londres, 1847) y en los ensayos de Gutiérrez Reinel (2018 a 2020). Relatos que impiden las injurias del tiempo.