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- 05/08/2014 02:02
Una chica vestida con lentejuelas sale a escena, acompañada de un sujeto con ropa negra. A su alrededor hay unas tres mesas que parece que van a la misma fiesta. Un coctel donde no hay polvitos mágicos, pero sí botellas, vasos, manteles, cuerdas y hasta un poco de leche.
El anfitrión es el mago Marko, ese que salió con el outfit oscuro. Detrás de ese rostro jovial y gracioso se esconden más de 60 años de edad. José Antonio González es un veterano de la magia. Y pese al curso del calendario sigue recordando aquella visita que hizo un mago a su escuela. A los ocho años de edad supo que eso era lo que quería hacer. A los once se compró su primer libro de magia.
Por el bien de la audiencia que acude a la temporada de este año, Marko tomó en serio la broma. Así como ese primer mago que vio, él quiso cautivar a un público y sorprenderlos con sus trucos. Tal cual lo hace en este sho w que estará en cartelera hasta el 31 de agosto.
En ningún momento José Antonio vio ese tema como un relajo. De hecho, poco después de conocer a esa fuente de inspiración llegó a la conclusión de que si eso era lo que quería hacer, debía buscar un nombre artístico, puesto que su apelativo legal le sonaba más a cantante de ranchera, y sin mayor explicación llegó a Marko.
Los primeros números de este profesional de la magia se hicieron para públicos selectos: las visitas que llegaban a su casa. Según fue teniendo la oportunidad, amplió su biblioteca mágica. Así también iba creciendo el número de espectadores y de escenarios.
A los 17 años de edad, una vez culminó su bachillerato, emprendió una carrera profesional. Consiguió contratos en fiestas infantiles y, como el mago que vio a los ocho años, realizó visitas a centros educativos. Aquella remembranza la comparte con la gente menuda que ocupa la sala del teatro La Quadra. Quiere causar el mismo efecto, no que se conviertan en magos (porque asegura que sí se pasa hambre, por momentos), pero sí generar ese sentimiento maravilloso que provoca el factor sorpresa.
En el afán de compartir su virtud de deslumbrar y hacer reír, en la década de los 70 recorrió el país entero. Panamá se le quedó chico. En 1981 el mago Marko viaja a España, donde se quedó 16 años viviendo solo como mago. En esa nación europea llegó a ser estrella de televisión y cimentó su carrera.
Una vez de vuelta en Panamá, el show continuó. Ser mago es ser actor, por lo que también se le puede ver en numerosas puestas en escena. Pero su fuerte no deja de ser la magia.
Hoy no solo le entierra espadas a mujeres dentro de cajas (que luego salen ilesas) o hace aparecer y desaparecer huevos y monedas (esto último lo enseña al público sin éxito, ninguno de los alumnos logran hacer aparecer ni un centavo por más que lo intenten); este mago también escribe libros. No podía ser egoísta, para mantener la virtud del proceso de aprendizaje y a falta de una ‘Hogwarts’, González hace compendios de trucos de magia. Ya lleva más de 20 textos, en los que plantea los tecnicismos de los trucos. Incluso levanta guiones para otros colegas.
La magia también lo ha llevado a participar en reality shows de bailes, transmitidos en canales locales, para los que ha tenido que montar espectáculos asombrosos como parte de las coreografías.
Es cierto que pudo haber momentos difíciles, como todo lo relacionado a las artes, pero José Antonio siempre tuvo claro que no podría hacer otra cosa, por lo menos no tan bien como esto. Tuvo que plantarse ante la oposición de sus padres para —en medio de la presentación que ofrece sábados y domingos— poder contar que lleva 45 años viviendo de la magia. Todos esos lustros le sirvieron para ganarse el respeto de otros artistas. Hoy da conferencias internacionales e imparte talleres; pero lo mejor de todo es ver a la gente reírse, ese es su pago extra, el que recibe al final del truco de la chica, la caja y las espadas.