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- 15/02/2026 00:00
Cada año, cuando febrero se acerca a su ecuador y el calendario marca los días previos a la Cuaresma, el pequeño pero vibrante pueblo de Las Tablas despierta con un bullicio único. Desde sus esquinas y plazas se escucha música, risas y una energía festiva que pocos eventos culturales en Panamá igualan.
En el corazón de esta celebración está una rivalidad centenaria: la de Calle Arriba y Calle Abajo, dos bandos que se enfrentan cada Carnaval en una competencia que va mucho más allá de la fiesta y que se ha convertido en símbolo de identidad local.
El Carnaval de Las Tablas tiene antecedentes que se remontan al siglo XIX, cuando las celebraciones carnestolendas comenzaron a organizarse como parte de las fiestas previas a la Cuaresma en toda la región. Con el tiempo, estas festividades evolucionaron de reuniones espontáneas con música y comparsas, hacia una estructura organizada con tunas, carros alegóricos y la elección de reinas.
La división entre Calle Arriba y Calle Abajo nació, literalmente, del trazado del pueblo. La iglesia de Santa Librada actúa como punto divisorio geográfico: hacia la parte más alta del terreno se ubica Calle Arriba; hacia la parte más baja, más cercana a la costa, está Calle Abajo. Esta distinción territorial sirvió, con el paso del tiempo, para consolidar dos bandos que competirían festivamente por el honor de coronarse triunfadores cada año.
Según registros históricos citados por investigadores culturales y reconocidos por el Ministerio de Cultura de Panamá, la rivalidad entre ambos bandos no comenzó como un conflicto agresivo, sino como un juego simbólico de orgullo local. Esta competición fue adoptando características artísticas y festivas: desde tonadas satíricas hasta despliegues de carros alegóricos, trajes y espectáculos pirotécnicos.
Uno de los elementos más distintivos de esta rivalidad son las tonadas, composiciones que cada tuna —agrupación musical y de carnaval de cada bando— interpreta durante las festividades. Estas piezas, cargadas de sátira, jocosidad y ocasionalmente de crítica social, exaltan las virtudes de una tuna mientras lanzan retos a la otra. Las prácticas de tonadas antes del Carnaval son eventos importantes en el calendario cultural de Las Tablas, congregando a seguidores y curiosos por igual en las esquinas tradicionales de Bolívar y Punta Fogón.
La letra de las tonadas sirve como espejo del ingenio local: menciones a la belleza de las reinas, comparaciones de trajes y carrozas, e incluso ironías sobre la capacidad de organizar el mejor espectáculo marcan el tono festivo de la competencia. Más allá de la burla sana, las tonadas son una forma de mantener viva una tradición oral y musical que se transmite de generación en generación.
En la década de 1950, con la consolidación de las tunas y la figura de las reinas en el Carnaval de Las Tablas, la celebración adquirió una dimensión mucho más formal y espectacular. Cada bando elige a su propia reina, quien no solo encarna la belleza y el encanto, sino también la representación de la historia, el arte y la creatividad de su tuna.
Las reinas son coronadas previo al inicio de la fiesta principal, y sus carrozas, trajes y presentaciones se convierten en puntos focales para el público. El diseño y confección de estos trajes es un trabajo arduo y costoso: artesanos locales invierten meses en elaborar piezas que emplean plumas, telas, pedrería y temática variada, desde mitologías clásicas hasta reinterpretaciones contemporáneas.
Durante los días de Carnaval, las soberanas desfilan acompañadas de sus tunas en el emblemático Parque Porras, escenario central de esta contienda festiva. Allí, los carros alegóricos y la música crean una experiencia visual y sonora que congrega a miles de asistentes, nacionales y extranjeros.
Una de las actividades más esperadas del Carnaval tableño es el topón, una ceremonia que tradicionalmente marca el cierre de las fiestas. En este evento, las soberanas de Calle Arriba y Calle Abajo se enfrentan en un despliegue de fuegos artificiales, satírico intercambio de gestos y proclamas festivas, y una demostración final de orgullo por sus respectivas tunas.
Durante este momento, cada plato de pólvora, cada canción y cada burla cantada se convierte en parte de la narrativa que resume la celebración: una mezcla de competencia festiva, unión comunitaria y respeto por la tradición. A pesar de la rivalidad, en muchos casos las reinas terminan el Carnaval con gestos de confraternidad, dejando atrás las tensiones de la competencia en un acto simbólico de unidad.
La rivalidad entre Calle Arriba y Calle Abajo no es simplemente un espectáculo. Es un fenómeno cultural que articula identidad, memoria colectiva y participación comunitaria. Cada familia tableña, sin importar su ubicación social, tiene algún vínculo con el Carnaval: desde parientes que han sido reinas hasta músicos, artesanos y seguidores que por décadas han contribuido a la continuidad de la tradición.
Además, esta rivalidad ha trascendido las fronteras locales para convertirse en un símbolo reconocido a nivel nacional. El Carnaval de Las Tablas es considerado por muchos como el más vistoso de Panamá y uno de los eventos folclóricos más importantes del país, atrayendo turismo y generando un impacto económico significativo para la región.
Con el paso del tiempo, la celebración ha incorporado elementos contemporáneos sin perder su esencia. La introducción de carros cisterna para los tradicionales “culecos”, la implementación de protocolos de seguridad y la profesionalización de los desfiles evidencian una adaptación a los nuevos tiempos. Sin embargo, la esencia de la rivalidad entre Calle Arriba y Calle Abajo permanece intacta: un diálogo festivo que resuena con música, colores, sátira y orgullo.
Incluso en momentos en que ambas tunas han unido fuerzas —como para recaudar fondos o mantener viva la tradición ante desafíos económicos— la competencia no desaparece, sino que se transforma en una expresión de solidaridad colectiva.
En Las Tablas, el Carnaval es mucho más que una fiesta. Es un relato en movimiento, tejido con historias de rivalidad, creatividad, identidad y pertenencia. Calle Arriba y Calle Abajo no son simplemente direcciones en un mapa: son símbolos vivientes de una tradición que ha sobrevivido a cambios sociales, económicos e históricos, manteniendo su espíritu festivo y competitivo. Cada año, cuando los culecos empiezan y las tunas entonan sus tonadas, el pueblo de Las Tablas revive una historia que pertenece simultáneamente al pasado y al presente.
Así, la rivalidad entre Calle Arriba y Calle Abajo sigue siendo el corazón vibrante del Carnaval de Las Tablas, un legado cultural que continúa inspirando a generaciones de panameños.