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Mariafeli Domínguez: 'La enemiga de la literatura es la de autoayuda'
- 27/09/2022 00:00
María Felicidad Domínguez (Pesé, 1960) es como su nombre: un cúmulo de algarabía, y lo demuestra cuando habla, cuando gesticula, cuando mira, cuando escribe. Su estampa parece de esas madres que abren los brazos, llenas de júbilo, que arropan y narran historias mientras el olor a leña impregna la sala y el sol entra por la ventana: tal como describe que fue el hogar de su infancia.
'Mariafeli', como le llama su entorno, es la poetisa que cree en la escritura como la salvación de la memoria, de la historia. Es la poetisa que recita en la plaza del pueblo donde vive, para que su gente quiera la cultura. Es la poetisa que sella sus recuerdos por miedo a olvidarlos. Es la poetisa que se transforma en catedrática para defender y ensalzar nuestra lengua en los salones de clases. Es la poetisa que entiende que la buena literatura genera criterio y que la mala solo genera falsas expectativas.
'Mariafeli' es de esos seres de los que está lleno Panamá y que poco se habla de sus aportes. Por ello hay que contarla. He aquí lo que conversamos.
Mi papá era un hombre muy apegado a la tradición católica. Le gustaba buscar en el santoral el día en el que nacíamos. Nací el día de los santos primos y felicianos, y menos mal que mi papá no me puso prima (risas), y como el segundo tenía que ver con felicidad, así fue como me bautizó: María Felicidad . En mi familia somos varias Marías, y había que diferenciar mi nombre y por eso me llaman 'Mariafeli'. Soy hija de la leña, del humo, porque me crié entre los fogones. Es el olor de la vida.
Cuando escribo literatura trato de transmitir al cien por ciento los recuerdos. No puedo escribir sobre algo que no sé ni he experimentado. En ese verso que acabas de leer, menciono a Marcela porque era una prima muy allegada a mi familia, pero cuando se encontraba con nosotros (porque vivía en Estados Unidos) siempre nos decía: ¿te acuerdas de aquella cosa y la otra? Ella tenía una buena memoria. y además tenía muchos recuerdos de mis abuelos paternos que sirvieron para muchos libros míos.
Los recuerdos de mi infancia, en Rincón Hondo de Pesé, un lugar pequeño en una hondonada, rodeado de ríos y quebradas han estado en mis versos. Ese lugar en el que viví hasta que cumplí los ocho años. Después nos mudamos a Penonomé. Pero todos esos recuerdos me sirvieron, y todavía sigo recolectando los recuerdos.
Vuelven muchos, pero fundamentalmente vuelve mi casa. Es un tema recurrente en mi literatura, porque la casa es donde crecimos, donde nos formamos, donde tenemos los recuerdos. La casa en términos generales: donde nacimos, donde nos mudamos por primera vez a Penonomé, y ahora finalmente, mi nueva casa. La casa encierra muchísimas informaciones ancestrales, de mi infancia, de la comida, de los olores... Todo es una recurrencia de recuerdos dentro de una casa.
Escribí un libro a principios de los 90 que se llama Los susurros de la casa , ese libro tenía que ver con la casa de mi abuela materna, lugar en el que hacíamos las vacaciones en verano y donde nos juntábamos todos. Y ese montón de recuerdos que acumulaba la casa de mi abuela me marcó para siempre y he tratado de que no se me borre de la mente y siempre regresar a eso. Hasta hace unas semanas, volví a casa de mi abuela, ahora está en recuperación por parte de la familia, y al estar ahí dentro otra vez regresan muchos recuerdos: lágrimas, lutos, alegrías...
Escribo desde la adolescencia, claro no de manera formal. Pero siempre he escrito mis recuerdos, porque he tenido ese miedo de que algún día se me van a olvidar las cosas. Ese primer impulso fue: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿cuáles son mis raíces? No olvidar de dónde somos, de dónde es mi familia. Somos una familia de campesinos y tuvimos la oportunidad de estudiar, conocer otros lares. Somos lo que somos gracias a que tenemos una historia. Me gusta escribir de forma sencilla, no me gustan los alardes. Me gusta que la gente entienda lo que escribo y me he dado cuenta de esto, porque cuando lees la poesía que escribo, la gente se identifica mucho con este tipo de literatura. Me dicen: 'Lo que usted dice me recuerda a mi abuela, a mi mamá...'
Totalmente de acuerdo, uno no puede inventar la inspiración, la tienes y punto. Si la inspiración la tienes de una tajada de plátano, entonces yo escribo sobre el olor de la tajada de plátano y todo lo que ella evoca en mí; pero si me dicen: 'escribe un poema sobre la tajada de plátano', por supuesto que no te voy a escribir nada porque no sé de qué me estás hablando. Escribir tiene que nacer desde tu experiencia para contar, sino lo que vas a tener es una hermosa sucesión de imágenes, pero sin contenido. Por encargo no se escribe.
Algunos vivirán de la poesía porque participan en concursos y estos dan algún tipo de recompensa, pero yo prefiero vivir con la poesía.
La poesía siempre ha servido para la expresión del pensamiento. Por eso en muchas épocas y en muchos lugares la historia nos ha dicho que los poetas han sido perseguidos, desaparecidos, porque el contenido de la poesía ha llevado a despertar conciencias. La poesía siempre va a servir, aunque sea una poesía intimista.
Definir lo que es bueno y lo que es malo es un poco complejo. Lo malo podríamos decir que son las guerras, la redes sociales que aparte de que nos sirven, también nos marcan las dificultades para aprender de ellas las cosas buenas. No digo que no las usemos, pero tengamos criterio, hay muchísima información negativa.
Nos protege de las malas influencias, porque nos permite tener ese criterio de hacer selección de lecturas que te fortalecen frente a todo lo que venga. Así no se cae en el engaño de la literatura falsa.
Me atrevo a decir que es la literatura de autoayuda. La literatura de autoayuda te crea falsas expectativas ante el mundo. Tan falsas las expectativas que te dicen que tú vas a ser rico solamente con hacer cuatro pasos y listo... Pero si la vas a usar, debes saber escogerla. Por ejemplo, si toca la superación de un duelo que te dará algunas técnicas para hacerlo. Pero creer que los libros de autoayuda te van a cambiar la vida, hace más daño.
Desde el punto de vista gramatical me puedo ubicar. El género es masculino y femenino. Las palabras que terminan en 'a' generalmente van al femenino, las palabras que terminen en 'o', al masculino , esto no tiene que ver con sexo.
Y este lenguaje inclusivo del que se está hablando choca con esta idea que se tiene de la normativa, que es la de promover el buen uso de la lengua. No estoy de acuerdo con el 'todes', por ejemplo, esto no me dice nada. Pero si lo que se quiere es decir: todos y todas, al menos esto dice más. El incluir el arroba, tampoco, no es una grafía del abecedario.
Pero sí estoy de acuerdo en que si es necesario la tolerancia en cuanto a los grupos que históricamente han estado renegados, espero que sean bienvenidos, independiente de como los llamemos.
Solo sé que defiendo los derechos que tenemos los seres humanos, que tanto los hombres como las mujeres tengamos los mismos derechos. Yo he podido llegar a donde estoy, no por ser mujer sino porque tengo la capacidad.
Antes salían mejor preparados. Estos dos últimos años, que hemos vivido la virtualidad desde la cátedra universitaria, nos han afectado. Los estudiantes ya no escriben, por ejemplo. Yo en mi clase, les pido que escriban en el papel. Se acostumbraron a copiar de internet y se olvidaron de pensar y escribir. La caligrafía se perdió.
¡Vamos!
No ocupa un lugar en primer orden, pero debería ocuparlo. Se hace el esfuerzo de que ocupe un lugar fundamental en el desarrollo de la identidad nacional.
No tengo relación con la política.
Sería muy aburrido.
No, a la muerte no. Le tengo respeto, la espero con calma. Pero cuando no esté, me gustaría que me recordaran, así como me ves, risueña, con ganas de contar cosas. Real y humilde como me criaron mis padres.