08 de Ago de 2022

Café Estrella

Los piratas contra la industria

PANAMÁ. La historia de este documental parece sencilla. Por un lado están los defensores de los derechos de autor -del copyright-, que s...

PANAMÁ. La historia de este documental parece sencilla. Por un lado están los defensores de los derechos de autor -del copyright-, que son algunos de los estudios de Hollywood más importantes. Por el otro, hay tres veinteañeros que se dedican a administrar The Pirate Bay, el sitio web más importante de búsqueda e intercambio de archivos, a través del cual se puede conseguir prácticamente lo que uno necesite, tenga o no derechos de autor. Y entre ellos dos está el juicio que lleva la trama de principio a fin.

El gran hallazgo del cineasta sueco Simon Klose, quien se dedicó a documentar las idas y venidas durante esos cinco años de juicio, es justamente demostrar que la historia no es tan sencilla como parece. Encontramos, en cambio, una industria multimillonaria que se resiste al cambio, un mundo hiperconectado y virtual con nuevos hábitos de consumo y tres jóvenes aficionados a las computadoras que aseguran que la vida real se vive tanto dentro como fuera de la pantalla.

Para quienes no estén familiarizados con la historia, el caso de The Pirate Bay comenzó en enero de 2008, cuando Gottfrid Svartholm, Fredrik Neij y Peter Sunde fueron demandados ante la justicia sueca por distintos estudios de cine (entre ellos MGM, Columbia y Century Fox) por haber violado derechos de autor. No sólo estaban decididos a meter a estos hackers en la cárcel, sino que pedían recuperar los 13 millones de dólares que calculaban haber perdido en base a la premisa de que una descarga es lo mismo que una compra menos.

Y eso hace que todavía se complique un poco más esta historia, porque si bien se suele hablar de The Pirate Bay como ‘el mayor sitio de descargas’, lo cierto es que se trata sólo de un buscador de enlaces pa ra poder realizar esas descargas. Es decir, The Pirate Bay no almacena los archivos buscados, sino sólo los enlaces que a uno le permiten ponerse en contacto con otros usuarios que sí tienen los archivos buscados en sus computadoras y la mayoría de las veces están dispuestos a compartirlos.

El propio administrador de la página y demandado, Peter Sunde, explica esto de forma muy resumida pero clara en el documental cuando dice: ‘La gente no tiene idea de lo pequeños que somos. Sólo tres tipos en una sala de chat’. Y ese es justamente el primer caballito de batalla de la defensa. Las empresas, en realidad, deberían demandar a las millones de personas que hospedan los archivos que otras millones de personas se están bajando y se niegan a pagar por ellos.

¿Pero cómo perseguir a esos millones de personas que se encuentran dispersas por todo el mundo y que aparecen, desaparecen y cambian de nombre de un segundo a otro? Bueno, esa es la gran pesadilla de las industrias culturales, y justamente por eso se dedican a perseguir a los administradores de páginas como The Pirate Bay. Y, por eso, los demandados pueden argumentar que no comparten contenidos con copyright y que lo que realmente los estudios deberían hacer es modernizarse.

Y de esto sí se trata el documental TPB-AFK; y lo hace de la forma más sencilla, que es acompañando a estos tres hackers, alineados de una forma u otra con la libertad de información, el software libre y el copyleft, en su vida ‘lejos del teclado’.

Al comienzo del documental, durante una conferencia de prensa en el día anterior a que comiencen las audiencias, Peter Sunde, el más heroico, activista y comprometido ideológicamente de los tres acusados, asegura: ‘El juicio que comienza mañana no es sobre leyes, es sobre política’; y cuando un periodista le pregunta qué podría pasar con The Pirate Bay si al final del juicio se los encuentra culpables, responde: ‘Nada’. Y hasta ahora la historia parece darle la razón.