Temas Especiales

17 de May de 2022

Café Estrella

Las escenas que hay que ver antes de morir

PANAMÁ. Hacer una lista de las mejores escenas de del cine es un trabajo difícil: la mayoría de las veces incompleto y cuestionable.

PANAMÁ. Hacer una lista de las mejores escenas de del cine es un trabajo difícil: la mayoría de las veces incompleto y cuestionable.

Muchas veces las mejores escenas no van de la mano de las mejores películas y hay escenas que es imposible dejar de nombrar para que una lista no sea dada de baja antes de ser publicada. ¿Quién podría dejar de lado a ET levantando su dedo índice, a Rocky corriendo por las calles y subiendo las escaleras del Museo de Arte Contemporáneo de Filadelfia o a Thelma y Louise pisando el acelerador para lanzarse al precipicio en el Gran Cañón?

LOS PIONEROS

Hay escenas que marcaron la historia del cine de manera indeleble. Una de ellas pertenece a los hermanos Lumière, creadores del cinematógrafo y de las primeras películas documentales, y se trata sólo de la llegada de un tren a la estación Ciotat de París. Así de simple. Pero, en su estreno, los espectadores tuvieron la sensación de que el tren atravesaría la pantalla y los arrollaría sin compasión. O al menos eso se dice, y no debería llamarnos la atención: era 1895 y presenciaban la primera proyección en una sala cine.

Pocos años después, nos encontramos con Georges Méliès, creador del otro cine, el no documental, el que hace magia. Méliès creó los primeros efectos especiales y nos dejó escenas inolvidables. La más conocida y emblemática es parte del filme Viaje a la luna (1902) y se trata de una luna con ojos, nariz y boca que recibe en su ojo derecho el impacto de una nave espacial enviada desde la Tierra.

POR REPETICIÓN

Algunas escenas tienen un impacto tan grande que se repiten en televisión y en cine a lo largo de la historia. En esa categoría, nos encontramos a Marty McFly sobre su skate saludando a medio pueblo en Volver al futuro I (1985), escena que se reprodujo durante muchas temporadas en la presentación de Los Simpsons, o a Gene Kelly mojado y feliz caminando por las calles en Cantando bajo la lluvia (1952).

Cuando Stanley Kubrick filmó La naranja mecánica (1971), por ejemplo, no estaba satisfecho con la parte del guión en la que Alex y sus drugos entran salvajemente a la casa de una pareja de clase alta para hacer de las suyas. Fue Malcolm McDowell, el protagonista de la película, quien empezó a cantar la alegre ‘Cantando bajo la lluvia’ mientras pateaba y ul trajaba a sus víctimas con violencia. Kubrick aprobó la improvisación y adquirió los derechos de la canción.

La escena de la ducha de Psicosis (1960), de Alfred Hitchcock, en la que la protagonista es acuchillada y muere a mitad de la película, dura poco más de 30 segundos, pero instantáneamente se convirtió en un clásico con mucha razón. En 1998, el director Gus Van Sant rehizo la película completa, plano por plano. Aunque quizás hubiese alcan zado con sólo rodar la parte de la ducha.

LA ADRENALINA DE LA IMPROVISACIÓN

Muchas de las escenas más interesantes a veces surgen de la improvisación o repentinos cambios en el día de filmación. Cuando Indiana Jones, interpretado por Harrison Ford, se encuentra frente a un hombre con increíbles habilidades con la espada en Los cazadores del arca perdida (1981), Indy desenfunda su revolver y lo mata de un tiro. Esta escena, que ya es parte de la leyenda del personaje, en realidad iba a ser una pelea de espadas. Pero ese día Ford estaba enfermo y esa era una forma de filmarla sin gastar energías. Una genialidad.

La escena del joven Robert De Niro jugando con una pistola frente al espejo en Taxi Driver (1976) también fue improvisada. El guión sólo decía que su personaje tenía que hablar consigo mismo frente al espejo; y el resto fue improvisación. ‘¿Me hablas a mí?’, se dice a sí mismo Travis Bickle en una de las escenas más memorables.

VIOLENCIA Y ACCIÓN

El cine de acción necesita peleas, tiro teos y combates épicos. Por eso, también de allí surgen sus mejores escenas. Cuando en Kill Bill 1 (2003) Uma Thurman, se enfrenta con su espada a los 88 locos, o cuando, antes de la batalla final de Corazón Valiente (1995), William Wallace da un discurso alentador a sus guerreros desesperanzados, sin duda estamos ante las mejores partes de ambas cintas.

A veces es un detalle el que hace que una escena se convierta en hito del cine. Así sucedió con la escena del cochecito de bebé que rueda por las escaleras mientras una lluvia de balas pasan a su alrededor en Los Intocables (1987). Por supuesto que todo termina bien y el bebé llega al último escalón sano y salvo.