Temas Especiales

06 de Apr de 2020

Café Estrella

Orgullo que cuesta

Si tuviera la oportunidad de presenciarla una vez más, ondeando libre en las alturas del Cerro Ancón, de seguro que Ernestina Sucre vol...

Si tuviera la oportunidad de presenciarla una vez más, ondeando libre en las alturas del Cerro Ancón, de seguro que Ernestina Sucre volvería a pronunciar las palabras que la inmortalizaron: ‘Juro a Dios a la patria, amarte respetarte y defenderte como símbolo sagrada de nuestra nación...’.

A la sombra del pabellón, otra voz eterna se une a la Sucre. Es la de la poeta Amelia Denis de Icaza, que escribió la poesía definitiva de este símbolo nacional: ‘Ya no guardas las huellas de mis pasos,/ ya no eres mío, idolatrado Ancón./ Que ya el destino desató los lazos/ que en tu falda formó mi corazón’.

Los recuerdos siguen apareciendo en el viento, que susurra nombres como Ascanio Arosemena, Ricardo Miró, Gaspar Octavio Hernandez y Maria Ossa de Amador. Un interminable rosario de patriotas que eternizaron su sentimiento por la insignia de su nación. Al pie de la bandera los pensamientos patrióticos florecen, ideales que fueron sembrados a base de sacrificios.

El mantener una tricolor ondeando las 24 horas del día tampoco es tarea fácil: las rasgaduras aparecen en las banderas nuevas antes que la misma cumpla los 12 días de su servicio patriótico. El deterioro es acelerado debido a la acción del viento, que a esta altura puede superar los 140 kilómetros por hora.

Las labores de mantenimiento son dirigidas por la Unidad Administrativa de los Bienes Revertidos, específicamente por Ricardo Cedeño. Aunque el peso de una bandera promedio es de 60 libras, la misma puede alcanzar un peso de 100 libras cuando se encuentra mojada. Comenta Cedeño que el peso extra dificulta el proceso de recogerla. La tarea se complica aún más cuando llueve.

Según Cedeño, el mantenimiento de cada bandera tiene un costo promedio de tres mil dólares, de acuerdo con la última licitación. ‘Se compran 7 unidades al año, su material es muy resistente (tela nylon de paracaídas) y cuentan con una garantía que asegura que las mismas serás reforzadas luego de que se rasguen’. Es un costo que palidece ante el orgullo que eriza la piel de los panameños al observar su rítmico balanceo en la cima del Cerro Ancón.