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18 de Jan de 2021

Cine

Godzilla, de Tokio a San Francisco

La insignificancia de los soldados a la hora de enfrentar a Godzilla intentan hacernos ver que Estados Unidos no son los dueños del planeta

Hace sesenta años, en 1954, se estrenó Gojira, el film japonés que se hizo conocido en el resto del mundo como Godzilla. Era una época de miedo, en la que las grandes potencias hacían pruebas nucleares mientras todavía el recuerdo de las bombas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki seguía fresco; y la película dirigida por Ishiro Honda logró captar esos temores.

La primera Godzilla —y es probable que esto haya generado parte de su éxito— escondía un mensaje que había que difundir: el mal uso de la energía nuclear podía acabar en cualquier momento con el mundo tal como se lo conocía.

Godzilla no era una simple aventura y durante mucho tiempo a Hollywood se le complicó llevar adelante una remake que lograra combinar el mensaje original sin perjudicar los intereses de su país. La nueva versión de Godzilla dirigida por Gareth Edwards, sin embargo, afrontó esas complicaciones y logró un film de imágenes impactantes que logra mantener el espíritu de ese temor.

Tal como lo explicó el propio Edwards durante la presentación de la película en Nueva York, la película se dedica a mostrar una situación en la que Estados Unidos, que es uno de los principales países que impone la supervisión de las armas nucleares, debe desmantelar todo su arsenal para salvar a la humanidad.

Aunque también es cierto —y esto se deduce de la misma explicación de Edwards— que si bien se mantiene fiel a la original y comienza con el monstruo buscando radiación en Filipinas, Japón y Hawai, el lugar en el que transcurre la verdadera acción es en San Francisco y, como ya estamos acostumbrados a ver en las películas apocalípticas, Estados Unidos es el que deberá salvar a la humanidad del desastre total.

Aún así, las ciudades devastadas, los aviones arrojados por el suelo y la insignificancia de los soldados y de sus armas a la hora de enfrentar a Godzilla intentan hacernos ver que ni los humanos ni Estados Unidos son los dueños del planeta.

EL REY DE LOS MONSTRUOS

Como una muestra de su vuelta a los orígenes, la nueva Godzilla comienza en Japón, cuando el estadounidense Joe Brody, interpretado por Bryan Cranston (el protagonista de la ya finalizada Breaking Bad) ve detrás de un vidrio cómo su mujer muere por radiación durante un accidente de origen incierto en la central nuclear en la que ambos trabajan.

Obsesionado con el hecho, Brody dedica los siguientes quince años de su vida a resolver el misterio, y cuando su hijo (Aaron Taylor-Johnson), ya crecido y convertido en soldado estadounidense, va a visitarlo a Japón, donde él todavía reside, lo convence de ayudarlo en la investigación.

En este momento llega lo interesante de esta nueva versión de Gareth Edwards. Porque cuando comenzamos a imaginarnos que esa causa es Godzilla, aquel monstruo milenario que los humanos despertaron hace sesenta años a causa de las pruebas nucleares en el Pacífico, descubrimos que estamos equivocados, y que existen todavía más misterios y más monstruos de los que creíamos que íbamos a ver.

Aún así, tarde pero con pie firme, cuando Godzilla llega a escena no decepciona. Lejos de la versión fallida de la bestia nipona realizada por Roland Emmerich en 1998, que acercaba al rey de los monstruos y a sus crías más a los velociraptores de Jurassic Park que al grotesco gigante de la película de la primera versión japonesa, descubrimos a un monstruo más moderno e impresionante.

Godzilla será ahora el encargado de luchar contra los otros monstruos prehistóricos -llamados muto- que los humanos despertaron de las profundidades con sus experimentos radioactivos. Los muto serán la nueva alerta de las consecuencias de la energía nuclear empleada en forma irresponsable y el gran Godzilla, el encargado de mantener el equilibrio natural.

La lucha de los hombres por dominar la naturaleza tiene un límite que ni la tecnología ni la ciencia ni la fuerza ni la inteligencia pueden ganar. Por suerte, tenemos a Godzilla.