La Estrella de Panamá
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22 de Oct de 2019

Cine

Con el Chi fácil

El padre biológico de Po será el encargado de enseñarle todo sobre el chi, la energía vital que fluye entre los seres vivos

La historia de Kung Fu Panda 3 comienza en el ‘reino de los espíritus', con una batalla surrealista que sucede entre asteroides y un espacio exterior interminable. En ella, el maestro Oogway (Randall Duk Kim), más conocido como la gigantesca tortuga de Galápagos que murió en la segunda parte, pelea con el ambicioso Kai (J.K. Simmons), un ex compañero de guerra hasta ahora desconocido, un yak de ojos verdes y dobles dagas con cadenas.

De esa forma descubrimos el chi, que es la fuerza vital de las personas según el taoísmo, una energía etérea que Kai ya le robó a muchos maestros del kung fu y embotelló en pequeños amuletos que cuelgan en su cinturón, y que ahora intenta quitarle a su ex maestro y compañero. Algo que, por cierto, logra con facilidad, y le permite –gracias a la suma de todos esos chi, de todas esas fuerzas que consiguió- volver a su vida terrenal para vengarse del pasado.

Por supuesto que todavía no sabe que en la Tierra se encontrará con Po, el discípulo de Oogway. Es decir, con el Dragón Guerrero, ese oso panda blanco y negro (con voz de Jack Black en la versión original), ese panda encantador y relajado, y que con actitud de segundón es el protagonista indiscutido de este film y también de los dos anteriores.

LA LECCIÓN DEL PANDA

El éxito de esta saga sin duda tiene que ver con este personaje y quienes hayan visto la primera parte recordarán cómo comenzó todo: cuando este oso fanático del kung fu y de humor fácil, aparece -sin buscarlo- en el momento y el lugar correcto, y es elegido como el Dragón Guerrero, el máximo título del Kung Fu.

Con ese mínimo acto, Kung Fu Panda develaba su primera lección: que no necesitamos una lección. Por eso él, perezoso e ignorante de las artes marciales era electo antes que los Cinco Furiosos (que llevan voz de Angelina Jolie, Jackie Chan, Seth Rogen Lucy Liu y David Cross), esos cinco animalitos entrenados durante toda su vida para ese propósito por el maestro Shifu (Dustin Hoffman).

De algún modo, y esto es lo más interesante de esta saga, ese oso se convierte desde el primer momento en una especie de espectador occidental –alguien como nosotros- que se involucra en una típica película china de artes marciales, con una filosofía ancestral que no comparte y que no fue creada para él.

En esta tercera parte, además, aparece en escena por primera vez su padre biológico (con voz de Bryan Cranston), que será supuestamente el encargado de enseñarle todo sobre el chi, eso que intentará quitarle el yak que viene del más allá y que él deberá conocer a la perfección, si es que realmente quiere enfrentar al villano.

En esa búsqueda, Po conocerá un mundo de pandas como él, glotones y vagos, a los que deberá entrenar para vencer a los espíritus de todos los maestros del kung fu. Eso nos recuerda que siempre hay un mensaje presente en esta saga y es que lo importante es no temer ser uno mismo, ya que es la única forma de triunfar en la vida y lograr enfrentar cualquier obstáculo.

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EN BUSCA DEL CHI

Hasta la China y más allá

El oso Po llegó en la primera entrega de Kung Fu Panda, en 2008, como un outsider de su comunidad. Su cuerpo era demasiado enorme y grotesco para la tienda familiar, su apariencia era muy distinta a la de su ganso padre y sus deseos de convertirse en un maestro del kung fu no tenían nada que ver con su personalidad y su físico.

No encajaba en ese mundo de disciplina, artes marciales y meditación porque su forma de vida era, en realidad, más parecida a la nuestra, a la occidental, y sus ojos, tan occidentales como los nuestros, se convirtieron desde la primera escena en el puente cultural para lograr involucrarnos en la antigua cultura china y su filosofía, en la paciencia zen, en el yin y el yang, y en el concepto de maestro y estudiante.

Kung Fu Panda 3 nos sumerge ahora en el mundo del chi (qi), que para el taoísmo es la energía vital que fluye entre los seres vivos y a la cual se accede a través de la meditación. Como diría Buzz (si fuera oriental): hasta la China y más allá.