Temas Especiales

28 de Sep de 2020

Cine

'Los Caballeros', la inteligencia servida en un vaso de whisky

El regreso de Guy Ritchie no pasa desapercibido. Con un reparto estelar deja su huella en la escena gángster moderna. La cinta se estrenará el 28 de febrero en Latinoamérica.

Seis hombres de diferentes regiones, historias e ideologías se enfrentan en una batalla de ingenio y astucia. Los Caballeros (The Gentlemen, su título original) es el regreso del escritor y director Guy Ritchie (Sherlock Holmes, Snatch) a sus raíces gángsters humorísticas de la década de 1990 con una película (dentro de otra película) inundada en acción, drogas, alcohol y testosterona. Los caballeros son los jugadores dentro del cuadro de ajedrez de Ritchie, y él, como buen cineasta, nos adentra en su estrategia. En esta cinta todos son sospechosos, pero solo uno pagará el precio.

La nueva ERA de Sonic

Lee más
'Los Caballeros', la inteligencia servida en un vaso de whisky

Con cierta elegancia, Ritchie logra captar la atención del espectador casi de inmediato. La historia es contada por un fotógrafo chantajeador llamado Fletcher, interpretado por el impresionante Hugh Grant y sus gafas de aviador, quien a lo largo de una noche cuenta sus demandas y presenta su información a Raymond (Charlie Hunnam), el mano derecha del magnate de la marihuana, Mickey Pearson (Matthew McConaughey). Alardeando de las “películas de antaño” de 35 mm análogas, Fletcher sumerge a Raymond y a la audiencia en un viaje por un Londres mafioso de hace dos décadas, que dura 113 minutos.

El protagonista de la historia, Pearson, ya posicionado en una cómoda clase media y sin crisis de la mediana edad, busca retirarse del juego de la droga junto con su esposa Rosalind (Michelle Dockery), lo que despierta el interés de varios compradores, siendo el principal Matthew Berger (Jeremy Strong). La representación judío-americana de Strong deja un sabor agridulce en la cinta, pero sin demeritar sus esfuerzos por subir de nivel en un negocio que no es de lo más estable.

Tras una serie de eventos desafortunados en las granjas de marihuana de Pearson -ubicadas estratégicamente en propiedades de la nobleza inglesa-, este es perseguido por el gángster chino Dry Eye (Henry Golding), una adición interesante a la mezcla de los "machos" ingleses que presenta el filme. “Un ataque de fuegos artificiales al estilo millennial”, como lo describe Fletcher.

Entre escena y escena vemos a un Pearson calmado, seguro de sí mismo y su negocio, protector de su esposa y determinado a no dejar que nadie le robe lo que es suyo sin pagar un alto precio. “En la jungla el león no gana respeto actuando como el rey, sino siendo el rey” es la frase icónica del magnate y la que nos deja ver que, pese a ser un protagonista sutil, sigue teniendo el control de las cuerdas en todo momento. McConaughey rinde una actuación imperdible que quizá sea una de sus mejores.

En medio de las balas, ataques y conspiraciones, la representación femenina de Dockery es un balance para el frío y calculador Pearson. Es una mujer de negocios fuerte, comprometida con su esposo y capaz de apuntar un arma ante cualquier gángster, pero su presencia es poco explorada como una ficha clave en la toma de decisiones de Pearson, siendo más un apoyo ocasional y en situaciones muy especifícas.

El sexto hombre que entra al cuadro de ajedrez es un entrenador de boxeo para jóvenes en riesgo social llamado Coach (Colin Farrell), presentado como un hombre transparente, paternal y leal, interesado en proteger a sus “muchachos”, pese a sus acciones. Farrell es uno de los eslabones cómicos de la película, con su lenguaje sencillo y frases que sacan carcajadas. Sin pleitos y sin inmiscuirse demasiado, Coach se convierte en uno de los personajes más memorables de la cinta.

Ritchie destaca esta cinta con su característico humor negro, en ocasiones pareciera pasar la raya de racismo y clasismo, pero no llega a ensombrecer la historia que se cuenta. La banda sonora de adapta magistralmente a cada uno de los temas que toca el filme, mostrando las habilidades de Christopher Benstead para leer las acciones y ambientes emocionales de cada personaje y su rol en el tablero.

Cuando, como espectadores, hemos llegado a "descubrir" la jugada del antagonista -y su verdadera identidad-, Ritchie nos hace ver la astucia de su guión. Ya todo se sabía mucho antes de que nos sentáramos frente a la enorme pantalla, incluso antes de que Fletcher empezara el discurso con el que demandaba 20 millones de libras por su silencio, ¿Y entonces qué pasará?. El juego de ajedrez llega a su fin, se logra un jaque mate excepcional y Ritchie no deja ningún cabo suelto, como si fuera un fino artesano puliendo su obra maestra. Un personaje expresa: “La genialidad debe ser reconocida”, y Ritchie -junto a Los Caballeros- se merece tal reconocimiento.