Temas Especiales

18 de Sep de 2020

Cultura

Esperanza en medio del drama

L a cifra de reconstrucciones mamarias tras una mastectomía se ha duplicado en los últimos años hasta alcanzar entre el 60 y el 70% de l...

L a cifra de reconstrucciones mamarias tras una mastectomía se ha duplicado en los últimos años hasta alcanzar entre el 60 y el 70% de los casos, mientras hace quince o veinte años se realizaban sólo un 30%. Ello se debe a los significativos avances que se están llevando a cabo tanto en el aspecto médico como psicológico de la enfermedad.

Y es que casi tan traumático como asumir el cáncer de mama es el hecho de verse mutilada ante del espejo. «Estuve un mes sin poder mirarme de frente.

Sentía un vacío inmenso. Imaginaba que me iba a crecer otra vez el pecho como las uñas o el pelo», confiesa Ana, recuperada de un cáncer de mama, pero todavía con una cicatriz de 60 puntos. Como el de Ana, hay muchos más casos.

Hasta un 80% de las afectadas se beneficiarían de una reconstrucción mamaria, pero, por desgracia, todavía hay mucha desinformación y miedo. Cuando a Ana le diagnosticaron la enfermedad hace quince años, en ningún momento le informaron de esta posibilidad.

«Estaba resignada a llevar la prótesis porque lo único que me preocupaba era mi supervivencia», recuerda. Es cierto que eran otros tiempos, pero nos preguntamos si han cambiado mucho las cosas hoy en día. Pues sí han cambiado, aunque queda camino por recorrer.

Últimamente están surgiendo novedosas técnicas de reconstrucción mamaria que han suscitado el debate entre cirujanos crédulos y escépticos; entre ellas, la reconstrucción mamaria con implantes de sustancias de relleno y con grasa propia.

Pero ¿es posible en todos lo casos? ¿Están creando falsas esperanzas en las pacientes? Los expertos coinciden en que estas técnicas, de momento, son auxiliares y pueden ser viables en el caso de tumorectomías y cuadrantectomías.

Es decir, cuando no es necesario extirpar la mama completamente sino parcialmente, o para arreglar algún defecto que haya podido quedar tras una reconstrucción mamaria convencional, y, sobre todo, siempre que ésta no haya sido sometida a un proceso de radioterapia.

«Las mamas radiadas tienen un tejido con poca o nula elasticidad, su vascularización está alterada, toleran peor los implantes y se requieren técnicas más complejas para obtener buenos resultados», advierte el cirujano José Luis Martín del Yerro.

La técnica con grasa autóloga requiere extraer ésta de donde sobra, como, por ejemplo, el abdomen y las cartucheras. Con unas jeringuillas especiales que evitan que los adipocitos se acaben rompiendo, se extrae la grasa y luego se centrifuga hasta conseguir una solución rica en células madre, lo que va a garantizar su prendimiento.

Por fin, esta solución se infiltra en la mama con unas cánulas muy finas y una técnica de goteo que asegura su fijación definitiva. En el caso de la infiltración de implantes, la sustancia que se suele utilizar es Macrolane, un gel de ácido hialurónico de última generación, muy puro y de origen no animal, lo que implica que está totalmente libre de posibles infecciones e irritaciones; de hecho, no requiere test de alergia alguno.

El Macrolane sólo se aplica en centros privados. «Es idéntico al que fabrica de forma natural nuestro organismo, un polisacárido que es responsable de la juventud de la piel.

Se integra perfectamente en los tejidos y se va degradando gradualmente hasta su completa eliminación», asegura el cirujano plástico Juan Peñas.

«Puede ser una solución para aquellas pacientes muy delgadas o a las que no les sobra grasa por culpa de la quimioterapia», apunta el experto.

Se inyecta mediante unas cánulas finísimas en las depresiones y hoyuelos del pecho que hay que retocar.

Los implantes de grasa corporal los cubre la Seguridad Social, pero el relleno con 'Macrolane' se coloca en centros privados.