25 de Feb de 2020

Cultura

¡Qué cena!

N o es por presumir, pero el miércoles 18 de febrero tuvimos una cena maridaje que fue maravillosa. De entrada servimos una esqueixada d...

N o es por presumir, pero el miércoles 18 de febrero tuvimos una cena maridaje que fue maravillosa. De entrada servimos una esqueixada de langostinos sobre una cama de puré de aceitunas negras, envueltos en salmón fresco. La gracia de los langostinos es que eran marinados junto con cebolla morada y pimientos rojos y verdes por toda una noche, tras lo cual se colocaron en un puré de aceitunas negras. La mezcla de texturas y sabores junto con el sauvignon blanc Secreto, de las bodegas Viu Manent, estaba extraordinaria; como si fuera una escala musical, empezabas cuando ponías en la boca el langostino crocante (Do), con el dulce del salmón (Re) el sabor del aceite extra virgen de arbequina (Mi), el toque salado del puré de aceitunas (Fa), el sabor de los pimientos y cebolla (Sol) y de repente una explosión de sabor frutal y floral con la copa de vino (La, Si, Do) que hacían una verdadera experiencia sensorial.

Como segundo plato, unos raviolones de pato asado a las castañas, en mantequilla de salvia, que hicieron las delicias de todo el mundo. Para armonizar esta pasta servimos un Secreto de la uva Carmenere que estuvo sensacional porque hizo de perfecto complemento a los ravioles. El pato perduraba en la boca junto con la sedosidad de la mantequilla y el vino rompía, dándonos ese sabor a frutas rojas maduras que nos permitía ensalzar el gusto a pato asado. Para finalizar ofrecimos un filete de res a los aromas rústicos catalanes con tempura de vegetales del Mediterráneo, que es una manera particular y muy mía, de homenajear al bosque de nuestra infancia catalana, en donde el sabor a tomillo y romero, el dulce de las pasitas y el crocante de las almendras me recuerdan al bosque de la casa de la abuela, allá en Moncada i Reixac. Para este plato brindamos un Secreto Syraz que hizo las delicias de todos los que estábamos ahí.

Como postre creo que fue un éxito, puesto que dos postres catalanes tradicionales como son el “mel i mato” (miel y queso fresco) y el “postre de music” (frutos secos). Hicimos una torre de dos pisos de queso de cabra rellena de frutos secos, remojada en miel y espolvoreada con nueces picadas que acompañada con una copita de Semillón noble de Viu Manent - me hizo ponerme en mi infancia en el Casco Antiguo de Barcelona comprando el “ Mato “ con mi abuelo Ignacio en las Granjas catalanas de la calle Petrixol. Como a esta cena tuvo acceso todo aquel que está en mi base de datos y no son los más, decidimos poner esos platos en nuestro menú a partir del miércoles de ceniza, para que puedan todos aquellos que lo deseen deleitarse de estos manjares.