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03 de Aug de 2020

Cultura

El macho alfa

El hombre es un animal soberanamente estúpido. O supremamente malvado. Dudo entre las dos definiciones dependiendo del humor con el que ...

El hombre es un animal soberanamente estúpido. O supremamente malvado. Dudo entre las dos definiciones dependiendo del humor con el que me levante, y dependiendo de la maniobra que haya hecho el conductor que declara sus principios pegando cosas en la trasera de su carro.

¡Cuántos héroes, dioses y ángeles han muerto en vano! De nada ha servido que, por nuestra gran culpa, hayan sufrido castigos eternos o hayan sido condenados a una eternidad en el infierno para ofrecerle a la humanidad la sabiduría. Para que pudiéramos distinguir el Bien del Mal ¿no fue por eso que comimos la fruta prohibida? A pesar de haber mordido la manzana, los seres humanos preferimos culpar a la serpiente y olvidar nuestra propia conciencia. Deseamos seguir en las tinieblas de la obediencia ciega al macho alfa.

A pesar de todos los intentos que la humanidad ha hecho para liberarse del yugo de la tiranía, una y otra vez caemos en ella. Por comodidad. Por seguridad. Por miedo. Por cobardía a enfrentarnos al mundo y a nosotros mismos. Y cuando el tirano de turno se pone demasiado pesado, cuando ya toca a nuestra puerta y no queda nadie a quien le importe, esperamos entonces al héroe valiente y estúpido que muera por nosotros matando al opresor. Y luego, en un acto de malnacidos, acusamos a esos libertadores de traidores.

¿Qué nos pasa a los seres humanos? ¿Por qué no podemos vivir sin añorar la figura patriarcal que nos diga cómo, cuándo y dónde nos está permitido ser felices? No quiero dar nombres, pongan ustedes en la línea de puntos el nombre de aquellos, hombres o monstruos, que les vengan a la mente.

Pero lo que siempre les recuerdo a aquellos que anteponen la seguridad y el orden a todo, es que, cuando la seguridad gana terreno, lo pierde la libertad. No se quejen entonces de que se cierren emisoras de radio, periódicos o televisoras. No se quejen de la censura, el miedo, la negación de la palabra, y la desaparición de los hijos, de los hermanos, de los maridos. Papá Estado cuidará de nosotros mientras seamos buenos y no nos quejemos, siempre y cuando sigamos sus mandamientos al pie de la letra. ¡Qué cómodo es que alguien piense por nosotros!

No culpen entonces a los otros, a la CIA alimentando al ogro latinoamericano en los ochenta, a Chávez sufragando revueltas y dictadorzuelos de pacotilla.

No, no culpen a nadie, el mismo pueblo los alimenta, con el silencio, con la sumisión de la mayoría, con el vive y deja vivir, que, en este caso, es un crimen. Con el pensamiento asesino de que si a alguien le pasa algo malo es porque seguro que algo habrá hecho. Pero a estos ogros también los alimenta el olvido, los años que han pasado, y la gente que cree que ser torturador es como haber pasado un resfriado.

Cuando me encuentro con esos rostros pegados en la parte trasera del carro que va delante de mi, pienso en quién puede ser el dueño y me encuentro con varias opciones, o eres un pobre ignorante que aceptas cualquier cosa y te crees los cuentos, o eres un maldito que disfruta obedeciendo órdenes para fastidiar a los demás, o eres de los que mientras tú puedas sacar provecho no te importa lo que le pase a los otros? Si tienes su cara en el cristal de tu auto perteneces a uno de esos grupos. Y estás dejando clara tu postura de no pensar. ¿Alguien dijo yo?

* La autora es filósofa