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10 de Aug de 2020

Cultura

La franja lunática

Neil Armstrong y Buzz Aldrin dieron el paso más grande para la humanidad, al pisar por primera vez suelo lunar el 20 de julio de 1969. P...

Neil Armstrong y Buzz Aldrin dieron el paso más grande para la humanidad, al pisar por primera vez suelo lunar el 20 de julio de 1969. Pero desde su regreso han cargado con el peso de esa hazaña histórica. Hoy, 40 años después, su gesta y la de los otros astronautas que han descendido sobre el satélite aún sigue inspirando exposiciones, películas y libros. Pero también lo que vivieron en la Tierra ha dado de qué hablar. Después de todo, no es posible ser el mismo después de haber pisado la Luna.

Armstrong y Aldrin tuvieron que cambiar desde el momento mismo en que volvieron a la Tierra. Su rutina de trabajo militar quedó atrás, pues en adelante debían ser los hombres que, en plena Guerra Fría, personificaban un enorme triunfo científico de Estados Unidos sobre la Unión Soviética. Por eso tuvieron que lidiar con un tema al cual no estaban acostumbrados: la fama. Junto al piloto de Apollo 11, Michael Collins, quien no se bajó de la nave, Armstrong y Aldrin fueron recibidos como héroes por cuatro millones de personas en Nueva York, estuvieron en 25 países y se reunieron con embajadores, monarcas y presidentes. El mundo había caído a sus pies. El estrellato comenzó muy pronto a pasarles cuenta de cobro. Obnubilados por los miles de autógrafos y por el escrutinio público, los héroes de Apollo 11 no tuvieron tiempo para entender lo que les estaba ocurriendo. "Afrontaron dificultades para reintegrarse", explicó a SEMANA Andrew Smith, quien acaba de publicar en español su libro Lunáticos (Moondust), sobre la vida de los astronautas de Apollo. "Tuvieron que luchar para hacerse cargo de su nueva realidad, para interiorizarla".Los caminos de Armstrong y Aldrin se separaron cuando intentaron aterrizar sus vidas. Por culpa de la Luna, Armstrong, un veterano piloto militar y uno de los pocos que han volado a 6.440 kilómetros por hora el X-15, el avión más rápido del mundo, se refugió en la enseñanza y rechazó tajantemente su estatus de celebridad. Con los años, se convirtió casi en un ermitaño y hoy vive con su segunda esposa en una inmensa finca en Ohio. Según Smith, el astronauta no ha dado más de dos entrevistas televisivas en 40 años y desde 1994 rara vez firma autógrafos, después de que se enteró de que entre los coleccionistas se generaban pugnas millonarias por su rúbrica. La situación ha llegado a tal extremo, que Armstrong debe protegerse hasta en sus asuntos cotidianos, como quedó demostrado hace cuatro años cuando amenazó con demandar a su peluquero porque éste había vendido sus mechones por 3.000 dólares. Por su parte, Aldrin, superada la euforia inicial, vivió una especie de depresión poslunar y terminó "ahogando sus penas en el alcohol". Como él mismo relata en su reciente biografía, Magnificent Desolation, "cuando dejé Nasa mi vida no tuvo más estructura. Por primera vez en más de 40 años no tenía a nadie que me diera órdenes, que me enviara a una misión o que me pusiera retos. Irónicamente, en vez de una exuberante sensación de libertad, me sentí aislado, solo e inseguro". Poco a poco, Aldrin logró recuperarse y restableció su vida, rodeado otra vez de fama. Además de viajar por varias ciudades para presentar su nuevo libro, creó un juego de computador y acaba de convertirse en rapero para un sencillo del cantante Snoop Dogg. También, como varios de los otros astronautas, superó su divorcio y hoy vive con su tercera esposa en Los Ángeles.

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