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11 de Aug de 2020

Cultura

Papá, soy gay

S iempre dije que prefería tener una hija prostituta a una lesbiana". Esto fue lo que le respondió el padre de Vanessa*, el día que ella...

S iempre dije que prefería tener una hija prostituta a una lesbiana". Esto fue lo que le respondió el padre de Vanessa*, el día que ella decidió confesarle que le gustaban las mujeres. Tenía 21 años, y a pesar de que en su adolescencia tuvo varios novios, una experiencia sexual con una amiga un par de años atrás le permitió descubrir que sentía mayor atracción hacia las mujeres. Aunque para Vanessa este hallazgo fue motivo de alegría, para su padre la noticia le cayó como un balde de agua fría y se dejaron de hablar por un tiempo. Con su madre la reacción fue menos explosiva "Me miró a los ojos y me lo preguntó. No pude decirle mentiras, además porque mi objetivo no era negarlo", comenta Vanessa. Sin embargo, hoy día, casi cinco años después, su madre no lo acepta.

Situaciones como estas enfrentan miles de jóvenes que les cuentan a sus padres que son gay, lesbianas, bisexuales o transgeneristas (Lgbt). A pesar de los avances que ha habido en estos temas, la condición sexual sigue siendo un estigma social que se debe guardar en el armario. Y muchas veces ese señalamiento empieza en las propias familias.

Un estudio realizado a principios de este año por un grupo de expertos de la Universidad de San Francisco y la Universidad de Utah, sobre el rechazo de los padres de personas Lgbt, encontró que la intolerancia de los familiares aumenta las probabilidades de que los hijos sufran problemas de salud cuando adultos y cómo la falta de apoyo se expresa en depresión, abuso de drogas, intentos de suicidio y prácticas sexuales inseguras.

Aunque los expertos reconocen que esta situación no es fácil y las reacciones negativas son comunes, el rechazo no es una opción. "Los padres deben ser honestos con sus hijos y expresarles su malestar o su desilusión, para que ellos sepan cómo se siente realmente. Pero también deben decirles que los aman", dice la doctora Caitlin Ryan, directora del estudio y del área de Salud Adolescente de la Universidad Estatal de San Francisco.

La falta de apoyo a un joven que les cuenta a sus padres algo tan íntimo puede ser devastadora para su futuro. Aunque es claro que los padres sufren con la noticia, más sufre el joven que revela su secreto, ya que busca una comprensión que a veces no obtiene. "Tuve miedo de contarles a mis padres porque ponía en riesgo un vínculo afectivo muy profundo", dice Camilo, un estudiante universitario, que salió del clóset hace cinco años.

Frases como "ya se le va a pasar", "debe estar confundido" o "se le quita lo marica o deja de ser mi hijo", son muestras de la desinformación que existe sobre el tema. "Hay un temor a lo desconocido y por eso hay esa obsesión de buscar culpables", dicen los piscólogos.

Según ellos, existe un imaginario en la sociedad en el que la norma es la heterosexualidad, y cualquier conducta que no se ajuste a ese patrón es considerada anormal. Según Jorge Sánchez, uno de los investigadores del estudio, el rechazo, sobre todo en sociedades latinoamericanas, es mayor debido a una cultura tradicional, católica y machista. Sánchez considera que en países como Panamá existe un ideal de familia conformada por una figura masculina y una femenina, y por eso el temor a cualquier comportamiento que ponga en peligro este modelo. "Es lo mismo que un padre que quiere que su hijo sea médico y le resulta artista. Hay una frustración, un duelo ante la pérdida de un modo de vida, en el que piensan que su hijo no va a poder formar una familia", dice.

Muchas de las reacciones negativas se deben al ambiente en que fueron criados los padres, sostiene Daniel Verástegui, sicólogo. Hasta hace 20 años se creía que la homosexualidad era una enfermedad, e incluso, en algunos países todavía es penalizada. "Muchos padres rechazan a su hijo gay al principio, pero luego se informan y terminan aceptando que se trata de una condición y no de una opción", anota Verástegui. Pero no siempre la reacción inicial de la familia es de censura. Cristina es madre de un joven transgenerista y también coordinadora del Grupo de Padres y Madres de personas Lgbt. Esta iniciativa surgió de la experiencia con su hija, quien desde pequeña tuvo actitudes masculinas. “Cuando cumplió 8 años me dijo que se sentía un hombre”, cuenta. Desde ese momento ella no dudó en apoyarlo, lo entendió, e incluso, le cambió legalmente el nombre. ©PUBLICACIONES SEMANA