Temas Especiales

27 de Jun de 2022

Cultura

Los adictos al sexo

H ay quienes se asombran de la inmensa cantidad de hombres que existen en el mundo, plenamente identificados como “calientes”, por estar...

H ay quienes se asombran de la inmensa cantidad de hombres que existen en el mundo, plenamente identificados como “calientes”, por estar siempre al acecho y a la cacería de placeres sexuales desmedidos. La sociedad los etiqueta como: promiscuos, vulgares y prosaicos.

¿Por qué nos asombramos tanto de esos hombres “hiperactivos” (sexualmente hablando), si también existen mujeres con la misma cantidad intensa de pasiones desenfrenadas, vicios, hábitos, costumbres y adicciones por el sexo?

Mujeres incluso casadas, tienen una vida sexual plena, fluida, aceptable, agradable, “normal”, compatibles con sus parejas, son unas intrépidas tigresas y devoradoras, excelentes bestias en la cama, y hasta fuera de la cama, pues gustan de influir y excitar a su afortunado compañero, de noche y de día, para tener sexo bajo la ducha, sobre la alfombra, en la sala de su casa, en los pasillos y hasta en la cocina.

El deseo incontenible y enfermizo por “aparearse”, muchas veces se sale del control de quienes lo padecen, incluso puede causar serios trastornos emocionales cuando ese impulso biológico trata de refrenarse.

Esto se podría comparar con una olla de presión que no tiene forma de escape del vapor, tarde o temprano aquella olla herméticamente cerrada, tenderá a explotar.

En el caso de las mujeres y hombres hipersexuales insatisfechos, que no tienen pareja, optan por salir a buscar sexo donde mejor y más rápido les parece, sin importarles las circunstancias ni condiciones, llegando al grado a veces de caer en estados de bipolaridad o bisexualidad esporádica en sus preferencias sexuales.

La mujer y el hombre conocidos como “fogosos”, sienten suprema urgencia por tener sexo, quieren y buscan sexo al precio que sea y con quien sea, y por supuesto en ese estado tan “emergente”, no piensan, sólo actúan instintivamente, como lo haría cualquier animal sin raciocinio.

Esta tremenda actividad sexual o hipersexualidad, tiene una causa, una razón principal, y ésta obedece a un desajuste hormonal y un desorden de tipo mental que la víctima muchas veces desconoce o trata de ocultar por vergüenza o por ignorancia, que le lleva a buscar incluso, otras formas inmediatas de satisfacerse, tales como: vicios solitarios y excesos de masturbación, pornografía, líneas telefónicas “calientes”, chats eróticos de Internet o visitas constantes a prostíbulos, y hasta solicitud de servicios de masajes eróticos a domicilio.

Por tanto, la ninfomanía (así se le llama también a la hipersexualidad femenina), es un desorden psíquico, que tiene su origen neuronal en el cerebro y no en la “vagina o útero” como mucha gente podría pensar, por eso es más difícil de controlar ese libido tan activo y obsesivo por el sexo.

Ya para finalizar y por el respeto que este delicado tema nos merece, en honor a la verdad, hemos de considerar por supuesto que esta gama de factores sujetos (actualmente), a debate por la ciencia médica y la tecnología, se han convertido en un fenómeno de tipo social, que no está muy lejos de ser considerado también como un problema patológico grave en el ser humano. Mismo que debe tomarse como un prospecto “urgente” de encontrarle una solución radical en bien de los que padecen de esta triste realidad.

www.visionsexual.com