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10 de Aug de 2020

Cultura

Un viraje a la izquierda

Los latinoamericanos , a los cuales se les inculcó durante años el mensaje anti-comunista, anti-socialista y anti-izquierda promulgado p...

Los latinoamericanos , a los cuales se les inculcó durante años el mensaje anti-comunista, anti-socialista y anti-izquierda promulgado por Estados Unidos, decidieron en la década que termina darle, mediante medios democráticos, otra oportunidad a la izquierda progresista de dirigir los destinos de varios de los países del continente.

El historiador de New York University (EEUU) Greg Grandin dice en un artículo para The Nation que aproximadamente 300 millones de ciudadanos de América Latina, más de la mitad, vivieron en los últimos diez años bajo gobiernos que, o bien querían reformar el Consenso de Washington - un eufemismo para la mezcla de austeridad fiscal, privatización y liberalización del mercado que ha producido asombrosos niveles de pobreza y desigualdad en las últimos tres décadas - o eliminarlo totalmente y crear una nueva economía mundial más equitativa.

LOS PROTAGONISTAS

Este giro histórico en la balanza política de la región la han protagonizado hombres y mujeres como Hugo Chávez en Venezuela, Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Michelle Bachelet en Chile, la pareja Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Daniel Ortega y el Frente Sandinista en Nicaragua, Rafael Correa en Ecuador, Tabaré Vásquez en Uruguay, y Mauricio Funes del Frente Farabundo Martí en El Salvador.

Sin embargo, entre estos izquierdistas hay notables diferencias. La democracia liberal, liderada por Lula da Silva – con raíces radicales, pero de mente abierta y moderna – ha optado por continuar con las reformas a través de un crecimiento impulsado por el mercado, mientras el populismo, liderado por Chávez – de mente estrecha y con un estridente discurso populista – está más dispuesto a movilizar la base social de la izquierda, permitir al Estado un papel mayor en la economía y enfrentarse al capital internacional.

Según Grandin, el uno ha sido muy dependiente del otro, especialmente en sus relaciones con los Estados Unidos. Para Chávez, acosado durante los tres primeros años de su administración, la elección de aliados regionales que simpatizan con él empezando por Lula en 2002, llegó justo a tiempo para ayudarle a consolidar su posición y hacer retroceder a sus oponentes nacionales y extranjeros.

A cambio, la confrontación de Chávez proporciona cobertura a sus homólogos más prudentes. Si no fuera por su disputa con Venezuela, Estados Unidos seguramente sería menos tolerante frente a posiciones como la oposición de Brasil al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y la negativa de Chile de apoyar la invasión de Irak, entre otros.

DIVERSIDAD ECONÓMICA

Sin duda, este cambio de dinámica en la región denominada alguna vez el “patio trasero de Estados Unidos” ha ido redefiniendo su identidad. En primera instancia, los gobiernos de izquierda han traído más diversidad económica a la región.

Con Lula, Brasil ha jugado un papel clave en el fomento de los vínculos económicos que han comenzado a apartar a la región de su dependencia de los Estados Unidos. Animados por el giro a la izquierda de Argentina y Uruguay, y basados en el gran mercado brasileño, los países de América del Sur han adoptado una serie de medidas para diversificar la economía del hemisferio, entre ellas cortejar el comercio y la inversión de países distintos a los Estados Unidos, particularmente en Asia.

Impulsados por su sed por las materias primas de América Latina – petróleo, minerales y soya – el gobierno chino ha negociado más de 400 inversiones y acuerdos comerciales con América Latina en los últimos años, invirtiendo más de $50 mil millones en la región.

Chávez también se ha concentrado en esta estrategia, aprovechando el auge de China como fuente alternativa de inversión y comercio, además de cultivar polémicas alianzas con Rusia e Irán.

LA INTEGRACIÓN REGIONAL

A medida que esta nueva izquierda se ha dado cuenta de que el apoyo popular nacional no es suficiente, ha empezado a caminar hacia una integración internacional de los pueblos latinoamericanos.

En los últimos años nacieron y se consolidaron iniciativas alternativas de integración como la Alternativa Bolivariana para América Latina y El Caribe (ALBA), impulsada por Chávez en 1994 como una propuesta de integración diferente a la propuesta por EEUU (ALCA).

Los países sudamericanos también han tratado de profundizar la integración económica, principalmente mediante la ampliación del Mercado Común del Sur (Mercosur).

En los últimos años también ha sido notoria la negativa de los gobiernos de izquierda a mantenerse bajo el control de políticas norteamericanas. La mayoría de los países emergentes de la región se negaron a ser reclutados para la “guerra contra el terrorismo" de Bush.

EL DIVORCIO DE EEUU

A diferencia de lo sucedido durante la Guerra Fría cuando los países latinoamericanos se alinearon con EEUU en contra de Cuba, en esta oportunidad han rechazado los llamados de Washington contra Chávez.

Este año la solidaridad diplomática entre las izquierdas latinoamericanas dio un paso más con el histórico acuerdo tomado en la XXXIX Asamblea General de la OEA que deja sin efecto la resolución que excluyo a Cuba de su participación en el Sistema Interamericano.

LULA SOBRE CHÁVEZ

Las consecuencias de este giro a la izquierda para la región han generado gran preocupación en Washington. Sin embargo, en opinión de analistas como el profesor de política y estudios de Latinoamérica del New York University, Jorge G. Castañeda, más que estar inquietos sobre el aumento de los gobiernos de izquierda en general, EEUU y el mundo deberían centrarse en promover un tipo de izquierda, el de Lula, sobre otro, el de Chávez, pues la democracia liberal de Brasil es exactamente lo que América Latina necesita.

De hecho, según Newsweek , con la excepción de México, los países que mejor han logrado sortear la crisis financiera mundial son aquellos que se han quedado más cerca de las reformas de libre mercado, cuya popularidad en el continente aún es muy alta.

En una encuesta de PODER/Zogby comisionada por Newsweek , 63% de los latinoamericanos de 18 a 29 años dijeron que el libre comercio es bueno y “beneficia a todo el mundo”, mientras dos tercios llamaron a Chávez como el líder peor calificado para dirigir a la región hacia el futuro.

Esto no significa necesariamente que América Latina está girando de nuevo a la derecha, pero sí pueden ser los primeros rasgos de una región que está aprendiendo a apreciar el terreno político del centro.