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03 de Jun de 2020

Cultura

La Panamá del siglo XXI

Para quien vino a Panamá en 2000 y regresa hoy la transformación es evidente: rascacielos, centros comerciales y avenidas, nuevas urbani...

Para quien vino a Panamá en 2000 y regresa hoy la transformación es evidente: rascacielos, centros comerciales y avenidas, nuevas urbanizaciones y gran número de inmigrantes que vinieron a quedarse, sumándose a la creciente población panameña. La Panamá del nuevo siglo tiene mayor expectativa de vida, mejores niveles de educación y de salud e ingresos más altos, que la ubican como uno de los países con mayor índice de desarrollo humano en Latinoamérica. Tampoco pasa desapercibida la panameñización de las áreas que hasta diciembre de 1999 eran parte del enclave que EE. UU. mantenía en el istmo.

Pero la otra cara de la moneda la conforman la falta de planificación urbana con sus consecuencias: caos vehicular, falta de estacionamientos, deficiencia en los servicios públicos y sistemas de salud y educación que distan mucho de estar a la altura de una moderna urbe.

LA URBE DEL NUEVO SIGLO

Una de las características de la Panamá del siglo XXI ha sido el rápido y desordenado crecimiento urbano, especialmente de su capital, fenómeno que se repite en el resto del país. La Ciudad de Panamá se ha transformado en una pequeña metrópoli con más de un millón de habitantes y, según el arquitecto Alvaro Uribe, necesita reformular su modelo urbanístico y sus servicios públicos.

El traspaso a Panamá de las áreas canaleras donde funcionaban bases militares estadounidenses, fue un hito importante, no sólo desde la perspectiva geopolítica sino también en términos urbanísticos, porque planteó el reto de integrar paulatina y creativamente ese territorio a la ciudad. Hoy albergan oficinas gubernamentales, sedes de organismos internacionales y embajadas, instituciones educativas y modernos conjuntos residenciales.

No menos importantes ha sido la creación de áreas residenciales de lujo como Punta Pacífica y Costa del Este, la construcción de los corredores Norte y Sur, y la Cinta Costera. A ello se suma el Puente Centenario que, pese a las críticas por errores de diseño, ha aligerado la circulación al interior.

Y finalmente el desarrollo del Casco Viejo que, con la rehabilitación de antiguos edificios convertidos en restaurantes, bares y hospedajes tiene un carácter más cosmopolita, una vida cultural más rica y genera fuentes de trabajo en una zona que a fines del siglo XX parecía condenada a la demolición.

Pero no todo es color de rosa. El crecimiento descontrolado tiene su lado oscuro en las inundaciones recientes de la capital en áreas donde nunca se habían dado, como San Francisco, y el incremento desmesurado del parque automotor que, junto a la insuficiente red vial provoca graves embotellamientos. Según datos oficiales, en 2004 había en el país 348,070 automóviles circulando, en 2008 se registraron 412,625 automóviles y este año 642,281, lo que muestra una preocupante tendencia a crecer.

LOS QUE LLEGARON

Por sus características geográficas y su formación como Estado, Panamá ha estado siempre abierta a la llegada de extranjeros. Uno de los movimientos migratorios más grandes fue durante la construcción del Canal a principios del siglo XX. Una nueva ola se dio en estos primeros diez años del XXI. Colombianos, venezolanos, europeos, norteamericanos y centroamericanos han llegado por turismo y compras, como decía una visitante argentina porque “Panamá es la nueva Miami”, o para quedarse buscando oportunidades de trabajo, inversión, seguridad o un mejor nivel de vida.

Según cifras oficiales, en los dos años anteriores Panamá sobrepasó el millón anual de turistas (1,211,429 en 2007 y 1,379,123 en 2008) y de recibir en 2000 a 82,097 migrantes extranjeros pasó a 246,291 en 2008, lo que significa que en ocho años triplicó el número, sin contar los miles de trabajadores con estatus migratorio irregular. La migración colombiana y la venezolana, las más numerosas, obedecen según el sociológo Raúl Leis a “salir de situaciones de alta inseguridad y violencia, estar fuera de sus países pero no lejos, mejores posibilidades de inversión, el patrón dólar y hasta cierto punto estabilidad política”.

Para Stanley Heckadon esto ha provocado cambios que ocurren cada vez con mayor rapidez e intensidad. “Hay cambios en el comer, sorprende la diversidad de restaurantes de todo tipo de tradiciones culinarias, los supermercados, tiendas y farmacias tienen una variedad de artículos y el vino en las fiestas es de rigor. Cuando yo era niño, vino solo lo tomaba el sacerdote en la misa de los pueblos”, dice entre en serio y en broma.

VARIEDAD DE NEGOCIOS

De acuerdo con datos del Ministerio de Comercio e Industrias (MICI) la Inversión Directa Extranjera (IDE) en Panamá en el año 2000 fue de 623.9 millones de dólares, mientras que ocho años más tarde fue de 2,401.7 millones, es decir se cuadruplicó. Este incremento se debe en parte a las obras de modernización del Canal, al desarrollo constructivo e inmobiliario y al dinamismo del sector bancario.

La inversión extranjera llegó en especial con colombianos, europeos, canadienses, estadounidenses y últimamente venezolanos y centroamericanos. En el Canal el capital es estadounidense y europeo, mientras que el colombiano se dirigió a la construcción, turismo y hotelería, centros comerciales, restaurantes y comercio en general. La inversión centroamericana se canalizó hacia centros comerciales. Los mexicanos invirtieron en desarrollo de infraestructura, construcción, telefonía y comercio. La europea es muy importante, especialmente la española, en construcción y desarrollo de proyectos hoteleros en la capital y el interior. Y la inversión peruana algo menor, en restaurantes de renombre internacional. También es significativa la inversión extranjera en desarrollo de infraestrucutra portuaria en el Pacífico y el Atlántico, servicios públicos y generación energética.

Sin duda el capital extranjero ha contribuído a generar empleo y a dinamizar la economía nacional.

LOS QUE ESTABAN

Una de las mayores transformaciones de Panamá en esta década tiene que ver con cambios en la composicón de su población. Según el Censo de Población y Vivienda 2000, Panamá tenía entonces 2,948.023 habitantes, con casi igual proporción de hombres que de mujeres, de los cuales el 32.2% era menor de 15 años y el 7.9% tenía más de 60 años.

Para 2009, se estima que la población panameña aumentó a 3,450.349 habitantes, que los menores de 15 años han disminuido (32.2% vs. 29.4% ) mientras que los mayores de 60 han aumentado (7.9% vs. 9.4%), lo que refleja un envejecimiento paulatino. Estos cambios son significativos pues implican para el Estado mayor asignación de recursos en salud y jubilación de tercera edad y -al tener aún gran cantidad de jóvenes- fortalecer la inversión en salud y educación para ellos.

CAMBIOS Y NUEVA CLASE

Aunque las estadísticas muestran que en los últimos años Panamá ha presentado un alto crecimiento económico con su consecuente aumento en ocupación e ingresos, la inversión pública y el gasto social, que han favorecido un descenso sostenido de la pobreza en general, hay quienes sostienen que, como consecuencia de la aplicación repetitiva de políticas neoliberales, una corrupción sin precedentes y una todavía fuerte discriminación contra indígenas, negros y chinos, el resultado ha sido el surgimiento de una nueva clase social: “los pobres extremos”.

El sociólogo Marco Gandásegui considera que “el siglo XXI se caracterizó, por un rápido crecimiento económico que dejó a muchos panameños atrás sin oportunidad de mejorar su situación. En cambio unos pocos aprovecharon las circunstancias para enriquecerse”. Es decir que los beneficios del crecimiento económico no han llegado a todos los panameños.

Según la CEPAL, sin embargo, la pobreza entre 2001 y 2007 ha descendido. Mientras que en 2001 el porcentaje de pobreza extrema en el país fue de 19.2% en 2007 fue de 11.7% y la pobreza general bajó de 36.5% a 28.5% en igual período. El estudio menciona que entre esos años se redujo la desigualdad entre ricos y pobres e igualmente se identificó que la distribución del ingreso ha mostrado mejoras en el período.

LOS RETOS HACIA 2020

Pese a que según el último informe mundial del Indice de Desarrollo Humano Panamá ocupa la posición 62 entre 177 países y entre los que tienen un desarrollo humano más alto en América Latina, todavía quedan cosas por hacer.

Una de las más importantes es la reformulación del modelo urbanístico. Se debe profundizar la alfabetización y elevar la calidad de la educación, en especial para satisfacer la demanda de profesionales. La optimización en la distribución de agua potable es otro pendiente. Por estas razones, la década próxima podría constituirse sin duda en una oportunidad única de enrumbar definitivamente a Panamá y sus habitantes por el camino del desarrollo y el bienestar para todos.