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01 de Apr de 2020

Cultura

Internet embrutece

En los últimos años Nicholas Carr, un experto en literatura y lenguaje de la Universidad de Harvard, empezó a notar que sus hábitos cogn...

En los últimos años Nicholas Carr, un experto en literatura y lenguaje de la Universidad de Harvard, empezó a notar que sus hábitos cognitivos no eran los mismos de antes. Ya no podía sumergirse en una buena lectura por horas sino que su concentración se interrumpía luego de dos páginas. "Perdía el hilo y quería iniciar otra actividad como ver mi correo, un blog o escribir un ’e-mail’", cuenta en un artículo que escribió para la revista The Atlantic. El principal sospechoso de su dispersión era Internet. Según él, su mente se había adaptado al mismo estilo de procesamiento de información que usa la red, compartimentada y sintetizada, y por ello ahora quería a toda hora información expedita, nueva, en partículas y no la prosa calmada y extensa que estaba acostumbrado a disfrutar.

Ese fue el punto de partida de una larga investigación que plasmó en el libro ‘Los superficiales: lo que Internet le está haciendo a nuestro cerebro’ lanzado en EE. UU., en el que trata de probar que estaba en lo cierto. Su hipótesis de que Internet está volviendo a las personas de pensamiento liviano y dispersas está respaldada por un sinnúmero de investigaciones científicas, según las cuales el sistema de procesamiento de información en la red privilegia las interrupciones para estar pendiente de nueva información.

El contenido se da desde varias fuentes, video, texto e imágenes, y todas compiten por la atención del lector e impiden a la mente sostener el foco de atención en un solo tema. El chat y el e-mail, con sus alarmas, son otros distractores. Se calcula que un trabajador promedio chequea su buzón de correo entre 30 y 40 veces en una hora.

El problema, señala Carr, es que para que la mente procese información en la memoria a largo plazo, que es la que produce las ideas complejas y enriquece el pensamiento, necesita de la memoria de trabajo, cuya capacidad es muy limitada. "Y solo cuando le ponemos atención a una nueva información podemos asociarla con conocimiento sistemático ya establecido en la mente".

Pero dada la estructura de Internet, esto es casi imposible de lograr en dicho medio. Cuando una persona navega en la red va de un lugar a otro, escaneando contenidos de manera rápida y superficial. Esto hace que la memoria de trabajo no logre retener mucha información y por lo tanto que el proceso de consolidación en la memoria de largo plazo no se dé.

Un cibernauta puede tener una mente más rápida y automática, pero es menos riguroso y profundo en su pensamiento, según el autor. Las investigaciones de Gary Small, experto de la Universidad de California, hacen parte del soporte científico de Carr, y muestran que la red no solo ha cambiado la manera en que el ser humano se relaciona, sino también ha modificado las conexiones en su cerebro.

En un experimento con cibernautas asiduos y otros menos, mostró cómo con solo cinco días de entrenamiento en Internet, estos últimos lograban crear nuevos caminos neuronales en la mente. "Estamos adoptando los mismos hábitos de pensamiento: distraídos, apurados y superficiales", dice Carr. El autor asegura que las habilidades que el cerebro adquiere para Internet le roban capacidad a otras áreas cognitivas. "El uso cada vez mayor de Internet ha hecho que seamos más sofisticados con lo visual-espacial -dice Patricia Greenfield, de la Universidad de California-. Pero esas ganancias disminuyen la capacidad para el procesamiento profundo, reflexión e imaginación".

Michael Merzenich, pionero en el área de neuroplasticidad, concluyó que los hábitos de la gente cuando navega por Internet se mantienen cuando ya no está frente al computador. Por eso, aunque no estén conectados, algunos tienen más dificultad para leer un libro o un artículo largo en una revista, sienten una presión permanente por chequear el e-mail o escuchan el timbre del celular aunque no esté sonando.

A pesar de todo este soporte científico, el libro de Carr ha encendido una vieja polémica sobre los efectos de Internet en el cerebro, un asunto que, según muchos, no está del todo resuelto. El sicólogo Diego Castrillón considera que hay una gran cantidad de estudios que muestran lo contrario, es decir, "que Internet nos hace más inteligentes". Uno, publicado en 2009, mostró que los videojuegos mejoran sustancialmente tareas cognitivas, desde la percepción visual hasta la atención y la memoria. Castrillón considera que Internet ha vuelto menos hábil a la gente en cosas cotidianas, como recordar teléfonos, pero también ha tenido efectos positivos en la especialización de las personas.

Y si bien es cierto que Internet ha sido la causante de muchos problemas, como el descenso del nivel de lectura de libros, ese tipo de cambios siempre sucede con grandes transformaciones sociales. La invención de la imprenta trajo consigo una disminución de la tradición oral; la televisión, de la cultura de la radio, y ahora es Internet. Como dice Jonah Lehrer, autor de ‘Cómo decidimos’, cada tecnología viene con sus compensaciones, pero eso no significa que Internet vaya a echar a perder talentos cerebrales cruciales.