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18 de Apr de 2021

Cultura

En el umbral

Entre las cualidades más evidentes de la obra de Eckart Tolle, se encuentra la necesidad de vivir el eterno presente, de conocer las ens...

Entre las cualidades más evidentes de la obra de Eckart Tolle, se encuentra la necesidad de vivir el eterno presente, de conocer las enseñanzas espirituales de las sutras de la antigua India: indican la verdad en forma de sentencias breves o aforismos. Sin involucrar la mente pensante en lo innecesario, estos textos sagrados surgen de un estado de conciencia, de paz y quietud, florecen en el silencio, en la intimidad del ser, atesoran el sentido más íntimo e interno de uno mismo.

Estas profundas reflexiones proponen un encuentro de paz a través del silencio y la quietud. En mi humilde concepto, estimo que el momento de la muerte es sagrado, el poder acompañar a un ser querido en ese trance, estar presente junto al moribundo como testigo es un gran privilegio: un acto sagrado, puro.

Aceptemos la experiencia y nuestros sentimientos. No podemos hacer nada. No tenemos control sobre la muerte.

‘Ríndete profundamente a cada aspecto de la experiencia, a tus sentimientos, a cualquier dolor que el moribundo pueda experimentar. Tu estado interno de rendición y quietud serán una gran ayuda para el moribundo que facilitará su transición. Con la quietud viene la bendición: la paz’, escribe Tolle. Al evocar el reino del pensamiento, la paz vibrante de vida llega el despertar de nuestra conciencia. El silencio abre la dimensión de nuestra quietud interna, trae la serenidad, la iluminación. El sentido de lo que somos es nuestra naturaleza esencial, inseparable de la quietud interna. Rechaza el ruido del pensamiento externo. Cuando vemos un árbol y percibimos su quietud, nos llenamos de tranquilidad. Podemos aprender tanto de animales y plantas, los cuales viven su presente en tranquilidad. Frecuentemente la interacción humana es un infierno.

Al situarnos en el presente rompemos con el pasado y futuro, florece la inteligencia real: el amor llega a través del espacio, sin forma. Creamos problemas, más si dejamos de pensar, quedamos tranquilos en el presente. Si dejamos atrás el pensamiento obsesivo, todo cambia positivamente. Estamos en paz con nosotros mismos. Cuando muere un ser querido sentimos la fragilidad de la vida. Al aceptarlo sentimos una extraña sensación de paz. Percibimos que algo muere dentro de nosotros. Algunos entran en una paz profunda justo antes de morir. En los últimos momentos antes de la sombra, experimentamos la conciencia libre de forma.