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03 de Mar de 2021

Cultura

Hordas de gamberros

Aviso a navegantes para que nadie venga luego a quejarse, la columna de hoy va a ser políticamente incorrecta. Hoy me levanté con el col...

Aviso a navegantes para que nadie venga luego a quejarse, la columna de hoy va a ser políticamente incorrecta. Hoy me levanté con el colmillo retorcido y voy a soltar veneno le duela a quien le duela. Y espero ser la voz de unos cuantos, que, como yo, están hasta las narices de sentirse rehenes en su país.

Rehenes de unos cuantos insensatos que piensan que jodiendo a todos logran su cometido y de unos politicuchos, demagogos de quinta, que creen que escondiendo la cabeza debajo del ala pasan desapercibidos y aquí paz y después gloria. No sé si todo el mundo tendrá la misma buena memoria que yo tengo, ¿nadie más se acuerda de que una de las promesas de campaña fue que no se permitiría cerrar las calles?

Pues aquí estamos, año y medio después nada ha cambiado, miles de conductores al borde de un ataque de nervios cuando se encuentran atrapados sin salida en una ciudad que ya de por sí es hostil y que empeora cuando a algún cretino se le ocurre cerrar alguna de las pocas avenidas que existen en la capital. Miles de pobres inocentes encerrados durante horas en sus automóviles sin poder llegar a su trabajo, a su casa o a cualquier sitio, gastando gasolina y paciencia, perdiendo dinero y dulzura de carácter por media docena de tipejos (y tipejas, ahí pongo con gusto la puntualización de género) que piensan que ésta es una buena manera de llamar la atención.

Que quede claro que estoy de acuerdo con el derecho a la protesta, soy la primera en protestar por lo que sea, pero señores, su derecho a la protesta choca frontalmente con mi derecho a la libre circulación, ¿y por qué su derecho debe estar por encima del mío? ¿Y dónde están los que en teoría deben velar por mis derechos? Escondidos en sus madrigueras, asustados de que vayan a acusarlos de atentar contra la vida. Basta un escándalo como el de Bocas del Toro para que nunca más alguien vuelva a tratar de mantener el orden en este país, porque, como siempre, a alguien se le fue la mano en pollo y ya nunca más vamos a hacer sancocho. Porque en este país o no llegamos o nos pasamos; o nos enfrentamos a lo bestia tirando perdigones indiscriminadamente o no intervenimos más que para proteger a los que protestan. ¿Será que logramos entre todos encontrar un punto medio? ¿Será que se puede protestar de otro modo? Porque señores, no sean ingenuos, a los que va dirigida su protesta, a esos ni le va ni les viene que ustedes cierren calles, es más, la gasolina que ellos gastan la pagamos entre todos. Y mientras, en medio de este pandemonio, la ministra de Educación nos dice que los padres deben conversar con sus hijos, ¿conversar con unos vándalos enmascarados? ¿Hay que dialogar con aquel que tira la piedra y esconde la mano? ¿Eso es lo que les estamos enseñando como sociedad? ¿Los dejamos impunes? ¿Somos tan pusilánimes? ¿Un millón de personas rehenes de una horda de majaderos y sinvergüenzas?

Nadie desea muertos ni heridos, sino un despliegue de fuerza proporcional y controlado para mantener la libre circulación. Doctores tendrá la ley que sepan qué hacer. Que hagan lo que sea menester, pero yo deseo saber que si un hijo mío tiene que llegar en ambulancia al seguro no se va a quedar atrapado en medio de uno de los tranques descomunales, quiero poder cumplir mis compromisos, quiero poder vivir, con mis propios problemas y mis miserias, ¡pero sin joder al vecino! Puede ser que esté de acuerdo con que ustedes protesten. Pero si protestan cerrando la calle lo único que les voy a desear es que les caiga un rayo vengador. La lástima es que mis deseos no se transformen en realidad.