Temas Especiales

10 de Apr de 2021

Cultura

Escrituras de desencuentro

Néstor E. Rodríguez ha escrito un texto para comprender la cultura dominicana como espacio de desencuentro ‘entre ciertos relatos normal...

Néstor E. Rodríguez ha escrito un texto para comprender la cultura dominicana como espacio de desencuentro ‘entre ciertos relatos normalizadores de la nacionalidad y modelos más lábiles de identidad cultural’ (17). Aquí él analiza las bases de la dominicanidad que ha sido racista con respecto a los negros y, especialmente, con los haitianos. En seis capítulos, sobre todo, a partir del tercero, el autor analiza a aquellos poetas que, a pesar de haber sido funcionarios del régimen en el servicio exterior como Manuel del Cabral, autor de Trópico Negro (1942) y Hernández Franco, de Yelidá (1942) comienzan a remover el archivo excluyente. Y este cuestionamiento del archivo, aún cuando los mencionados autores se alinearon posteriormente con la ideología cultural del régimen, se basó en la introducción del tema negro. Por su parte, la poetisa Aída Cartagena Portalatín introduce el tema de la mujer, punto que también socava a la ciudad trujillista, pues su archivo también se agenció el poder en la construcción ’homo-hegemónica’ (106) de la nación. Ya aquí comienza a desconfigurarse el espacio homogéneo de la dominicanidad que, a partir de los años setenta y ochenta, encuentra a sus más radical desarticulador en ManuelRueda (1920 - 1999), inaugurándose así lo que el autor designa como ’literatura extramuros’, donde entrarían otros autores y textos, tanto de la isla (Arias y Hernández) como de la diáspora (Julia Álvarez, Torres Saillant). Así se re-plantea críticamente el archivo de la dominicanidad con la entrada del género, la cultura popular, la diáspora, etc. En este sentido, es importante el diálogo del autor con Torres Saillant al señalar que este último "no logra deshacerse del todo del aparato conceptual", por estar endeudado todavía en la búsqueda "de una dominicanidad esencial" (158). Se destaca así el hecho de que ese archivo persiste, incluso, cuando se reclama una esencia de lo nacional desde una perspectiva aparentemente iconoclasta. Pero, en efecto, hay textos que han mostrado desencuentros con la idea dominante de la dominicanidad, con respecto al lenguaje de ese archivo "latinoamericano", que incluye la ideología fundacional del mestizaje, del indio y del español, es decir, la raza, ya sea elaborada en términos culturales o racialmente. El libro de Rodríguez provee herramientas para enfrentarnos con las variaciones nacionales de ese archivo que, en la República Dominicana, terminó demostrándonos no solo la potencialidad criminal de semejante construcción cultural, sino también lo que es aún más deplorable, la ejecución y la justificación cínica de un genocidio que pesa sobre la historia moderna de las repúblicas criollas-nacionales.