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07 de Jun de 2020

Cultura

La guerra que no termina

Dicen que desde que era un chiquillo, el ‘Tigre Colonense’ le pegaba a quien le buscara pleito a él o sus amigos. Dicen que tuvo los pri...

Dicen que desde que era un chiquillo, el ‘Tigre Colonense’ le pegaba a quien le buscara pleito a él o sus amigos. Dicen que tuvo los primeros ‘guanteos’ en la playa, ‘La Playita’ con aspirantes a boxeadores. Dicen que en esa misma sábana de arena fue descubierto por un cantinero que le dio aviso a su jefe, entrenador, que había visto un ‘fuera de serie’ que tenía que fichar lo antes posible. Dicen que ese entrenador lo rechazó antes de verlo porque ya tenía una decena de buenos prospectos. Dicen que en ese entonces desayunaba nueve combates y se iba a vender periódicos, lustrar zapatos, limpiar cueros de vaca y matar puercos. Dicen que los matarifes lo apodaron ‘cuerito’.

La última gran noticia del ‘Tigre’ en los periódicos se publicó el lunes 19 de octubre de 2009, recién le habían dado de alta del Complejo Hospitalario Arnulfo Arias Madrid de la Caja de Seguro Social tras dos meses de reclusión. En la foto con agujas en las manos, apretó los puños y se cuadró al aire. El campeón que terminó su carrera boxística a los 28 años de edad tiene anemia falciforme, diabetes y mal de Parkinson y fue ingresado por un infarto del que ya no se acuerda, piensa que estuvo hospitalizado por ‘el trancazo’ (gripe).

Noviembre de 2010.El Tigre de 66 años de edad se asoma entre las paletas de vidrio de la ventana de la cocina. Atisba a la calle. Con un hilo de voz, pregunta si es el periodista. Muestro el carné. Pide que lo espere. Vive en una casa empotrada en una cuesta desde hace 40 años en el corregimiento de Betania.

Nos advierte que subamos con cuidado porque la señora ha trapeado. Se sienta en una mecedora y nos ofrece otra, lleva un ejemplar de un periódico sobre boxeo que no tiene noticias suyas, de lo contrario lo tendría en uno de los tres álbumes que guarda en un extremo de una mesa de hierro. Antes de escuchar la primera pregunta cuenta que está haciendo un libro, pero se corrige al instante: busca a alguien que lo patrocine. Estira la derecha inflamada con dedos como salchichas en dirección a donde descansan esas páginas, custodiadas día y noche por un loro parlanchín.

Desde el portal se ven edificios en construcción, unos veinte, o más; espinas de pescado que rayan el cielo y sostienen las nubes. El Tigre se acomoda a la lente del fotógrafo, sabe cómo es, ha dejado su figura retratada en países que ya no recuerda.

ASALTOS Y SUEÑOS

Como un niño travieso cuenta que en la escuelita de Puerto Pilón el director Jiménez (no recuerda el nombre) le pegó con una regla y se agarraron. ‘Le rompí la nariz, me suspendieron’. Se graduó de sexto grado y no fue más a la escuela. ‘Quería ser mecánico de aviación, pero eso era muy costoso’, dice.

‘En mi categoría, peso gallo, 118 libras, yo era una lombriz. Mi primera pelea fue con Antonio Morgan, lo ‘noquié’ en el segundo asalto y me pagaron 40 dólares. Seguí peleando, por seis asaltos me aumentaron a 60 dólares. Mi entrenador Chino Moon tomaba y cuando iba a buscarlo para entrenar estaba borracho. Una tarde, luego de un torrencial aguacero, vio que un hombrecillo se ahogaba en la cuneta, lo arrastró a un punto alto. Días después lo volvió a ver y éste le preguntó si aceptaba ser su entrenador. ‘Me dijo que era muy estricto, había que ir todos los días al gimnasio. Ese hombre era Ramón Dosman, uno de los mejores entrenadores de Panamá’, rememora.

De esos puntos altos de fama cuenta que el Madison Square Garden fue incenciado después de un combate suyo. Peleaba con Frankie Narváez, le ganaba nueve asaltos cuando el contricante le propinó un golpe que lo dejó mal, estuvo mareado, los puertorriqueños presentes en la pelea pensaron que Narváez había vencido, pero no fue así. Prendieron el Madison, hubo gente muerta, ganó 12 mil dólares por esa pelea, no recuerda más detalles. También peleó con Eurípides de los Santos en Brasil. Lo noqueó en el quinto en un gimnasio grandísimo. Cuando terminó el combate el vencido dijo que no pelearía nunca más con el negrito por nada del mundo. Subió a las 135 libras cuando el campeón en esa categoría era el puertorriqueño Carlos Ortiz. Una empresa cervecera panameña le ofreció a Ortiz 165 mil dólares por un combate con Laguna. Ortiz envió un ‘espía’ para que viera quién era el Tigre porque decía que ni siquiera lo conocía. El informe que recibió Ortiz decía que para pelear con el panameño tenía que ir a tomar condiciones en los gimnasios de Estados Unidos. El 10 de abril de 1965 el Tigre venció al puertorriqueño en el Juan Demóstenes Arosemena. Dice que le pagaron 10 mil dólares. A Ortíz le dieron la revancha en Puerto Rico. ‘Ramón Dosman me dio una bebida, no sé que era, me dio sueño, yo no quería pelear, me ganó por decisión. A él le pagaron 165 mil dólares y a mí 30 mil.

VIDA DE MILLONARIO

El adolescente que despellejaba cerdos pasó a dormir en una mansión en Brooklyn propiedad de Cain Young quien sería su manager. Young lo vio en una pelea de exhibición. Nunca había visto a alguien tan rápido. ‘El conocía a un panameño y me mandó razón de que quería contrato. Para que viajara me mandó un cheque de 20 mil dólares. Le propuse un contrato por cinco años y me dijo que era muy poco, lo firmamos por diez años y no me cobraría el 33% que se cobra por este trabajo’. Allá, donde nunca se acostumbró al frío.

De su última pelea el 13 de septiembre de 1970 con Buchanan, dice que peleó enfermo, con la rompehuesos. Cain Young iba a aplazar la pelea, pero un señor que llamaban ‘Flaco Bala’ me lavó la cabeza, me dijo que yo enfermo le ganaba. En la primera pelea con Buchanan yo lo había desbaratado. En la segunda no me ganó por un margen amplio, y eso que yo estaba encendido en fiebre. De poco le sirvió el golpe maestro, ese tornillo que formaba con los nudillos y que cortaban como cuchillas, algunos llegaron a decir que hacía trampa con los cordones o con esparadrapo. Durante la gloria, el Tigre recibía regalos, desde caballos de paso fino hasta un Cadillac descapotable. Compró cinco autos más y un yate. Los diarios internacionales lo ubicaban dentro de los millonarios de Panamá. El ‘Showman’ era una fuente para generar ingresos por varias formas. El general Omar Torrijos apostó con el presidente francés Charles de Gaulle a que no era capaz de hacer beber a Laguna. El campeón que estaba de visita en ese país rechazó el trago que le ofreció el presidente. A su llegada a Panamá Torrijos lo mandó a buscar con un patrulla, le extendió un sobre y le dijo: ‘Toma ‘Lagunilla’, de verdad que no tomas ni a escondidas’. La historia del Tigre ha cambiado, ya no recuerda todos los nombres de sus 25 hijos y bucea en su memoria el nombre de su hija que se casó hace poco con un boxeador, noticia que se publicó con gran despliegue en los periódicos.

La segunda visita a la casa del Tigre nos deja con un pedido ‘Ayúdeme a conseguir a alguien que me patrocine el libro’. Dice que será un éxito porque nunca perdió una pelea en Panamá, porque fue el boxeador más rápido del mundo, porque era el único que podía entrenar con la bolita de tenis, porque nadie lo pudo igualar saltando en la soga, porque nunca lo noqueron, nunca le cortaron ni le hincharon la cara, dice que cuando terminaba los combates no podía dormir, se iba a bailar merengue y a las cuatro de la mañana regresaba a dormir, dice que también le apostaba al juego, que en una noche perdió 30 mil dólares en casinos, dicen que esa noche se quedó sin monedas para el pasaje y caminó de la Vía España, donde estaban esos establecimientos hasta su casa, en La Gloria, pero que luego dejó eso porque siempre fue disciplinado.