Temas Especiales

13 de Apr de 2021

Cultura

Churras o merinas

Churras y merinas. Ambas son razas de ovejas, para aquellos que no tengan mucho conocimiento ovino, ambas son bichos lanudos con cara de...

Churras y merinas. Ambas son razas de ovejas, para aquellos que no tengan mucho conocimiento ovino, ambas son bichos lanudos con cara de idiotas. Así que suele ser fácil confundirlas entre ellas para aquel que no sea un experto, su pastor, o la oveja que las parió. Y eso es lo que estamos haciendo todos, confundir las churras con las merinas. O la velocidad con el atropello. O el culo con las témporas, que tampoco tienen nada que ver. Y así nos va, de mal en peor.

Últimamente veo con más frecuencia reportajes sobre la violencia doméstica y datos referidos a los índices de mujeres maltratadas y asesinadas y a cuantos casos llevamos este año respecto a años anteriores. Mal está, y debemos apoyar los esfuerzos realizados en esa dirección, nadie puede justificar el abuso y ninguna sociedad civilizada puede permitir que una parte de ella sufra sin poner las medidas adecuadas. Hasta ahí todos de acuerdo y todos contentos. Pero (claro, siempre hay un pero) también veo la lucha que tienen un grupillo de mujeres tratando de conquistar hueco político a golpe de doble cromosoma X. Ahí empieza a torcer la puerca el rabo y no puedo dejar de relacionar ambos hechos en mi cabeza.

Pero el colmo de mi asombro llega cuando escucho a las mujeres decirles a los niños: "A las niñas no se les pega" (generalmente esta frase es pronunciada por la mamá de la susodicha niña, ser angelical que acaba de endiñarle tremendo golpe al niño, quien, en su ingenuidad infantil, lo único que quiere hacer es defenderse, con dientes crujiendo y puño levantado). Y también me anonado cuando altas funcionarias, investigadas por delitos de corrupción, tienen el descaro de decir que las persiguen por ser mujeres, cuando en realidad el tufillo a sinvergüenza no se lo quita su perfume "rien de rien". Entendámonos, obviamente soy mujer, y hasta este momento de mi vida nunca me he sentido discriminada, acosada, ni intimidada por nadie. He tenido alguna pelea con hombres, que he solucionado a las bravas (de lo cual no me siento orgullosa) pero en la que tampoco esperé que me fueran a tratar suavecito por ser mujer. Si no me dejan otra salida, la busco.

He llegado a donde he querido, como he querido y con quien he querido. No sé en realidad si he de agradecerle esto a la sociedad o a mis padres, a los cuales jamás los escuché decirme que no podía hacer tal o cual cosa por ser mujer o que tenía que actuar de determinada manera por serlo. En mi obtusa cabeza no existe un trato de favor para mí por haber nacido sin algo entre las piernas, soy lo que soy y tengo las mismas oportunidades que cualquiera. Lo que me parece injusto y absurdo es que para compensar siglos de relegación tratemos de imponernos simplemente por que sí. Y exijamos que nos traten diferente por haber nacido hembras.

Tampoco me parece justo que a los hombres de hoy en día los castiguemos por lo que hicieron otros, que cada palo aguante su vela. Si eres corrupta, a la cárcel, seas mujer u oveja. Creo que estamos confundiendo igualdad con imposición, respeto al otro con aguantar lo que nos tiren, apología de la violencia con el derecho a la legítima defensa.

Somos una sociedad que, convencida de la buena voluntad de todos, estamos a merced de los que se quieren aprovechar del resto usando para ello cualquier excusa, y ‘soy mujer’ es una excusa como otra cualquiera para lograr sin esfuerzo lo que se quiere, o para eximirse de la culpa de los propios actos. Los maltratadores a la cárcel, las abusivas a la cárcel, las corruptas y las ladronas a pagar su pena. Quizás si tratamos a todos y todas por igual empecemos a entender lo que significa igualdad.