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30 de Nov de 2020

Cultura

Revive leyenda con osamentas

XINGPING. Las osamentas de los 80 caballos desenterradas recientemente del mausoleo de un emperador chino que reinó hace más de 2.000 añ...

XINGPING. Las osamentas de los 80 caballos desenterradas recientemente del mausoleo de un emperador chino que reinó hace más de 2.000 años, han reavivado una antigua leyenda sobre los misteriosos caballos ‘celestiales’ originarios del centro de Asia.

Los esqueletos fueron descubiertos en dos fosas de sacrificio en el mausoleo del emperador Wu Di de la dinastía Han del Oeste (202 a.C.-8 d.C.), en la ciudad de Xingping de la provincia noroccidental china de Shaanxi, dijo Yang Wuzhan, investigador del instituto provincial de arqueología.

Yang y su equipo empezaron a excavar las dos fosas en septiembre de 2009, pero hasta hoy se habían abstenido de publicar la mayor parte de sus descubrimientos.

Cada uno de las dos fosas es una gran caverna que contiene 20 cuevas, y cada una de ellas está ‘protegida’ por dos sementales y un guerrero de terracota, reveló Yang.

Según el experto, los arqueólogos practicaron exámenes de laboratorio a los huesos, gracias a los cuales pudieron establecer que todos pertenecen a machos adultos. ‘Próximamente los científicos realizarán pruebas de ADN para determinar la raza de los caballos’, anunció.

El descubrimiento podría reavivar la vieja leyenda de ‘los caballos que sudaban sangre’, conjeturó.

‘Según la leyenda, el emperador Wu Di ofreció una enorme recompensa para quien pudiera encontrar una pura raza que supuestamente sudaba sangre, y del cual se decía que era común en Asia central (principalmente lo que hoy es Turkmenistán), pero rara vez había sido visto en China’, explicó Yang.

En la actualidad, los conocedores consideran que los otrora misteriosos corceles eran en realidad ejemplares de la raza Akhal Teke, una de las más antiguas y particulares del mundo.

El registro más antiguo sobre ese tipo de equino en China fue dejado por el propio Wu Di, en un poema que creó para su montura Akhal Teke, a la que describió como ‘un caballo celestial’.

La bestia es famosa por su velocidad y resistencia, así como porque algunos ejemplares transpiran un fluido rojizo similar a la sangre cuando son exigidos físicamente, un fenómeno que ha sido atribuido por expertos a la acción de parásitos.