08 de Ago de 2022

Cultura

El soldado ecológico

Para quien conoce a Álvaro es difícil no hallarlo parecido a su obra. Es vital, enérgico, fuerte, alegre y emotivo. Lleva muy bien sus 6...

Para quien conoce a Álvaro es difícil no hallarlo parecido a su obra. Es vital, enérgico, fuerte, alegre y emotivo. Lleva muy bien sus 61 años coronados con un cráneo un poco ovalado y pelado al rape y adornados con un bigote y una barba tipo candado totalmente encanecidos. Nos recibe en el pequeño departamento que alquiló para crear y pintar en San Francisco, en un edificio que aún no tiene nombre de tan nuevo que es – por lo menos no lo tiene donde debería estar para orientar a los visitantes – y desde donde se ve gran parte de la ciudad: los techos de teja de las señoriales residencias que reinaban antaño en medio de la arboleda exuberante en esa zona de la ciudad y que poco a poco están siendo devoradas por las grandes construcciones.

Considerado el pródigo hijo de Colombia, entendemos que por su abundante y prolífica creación, que puede leerese también como hijo pródigo porque después de vivir 13 años en España y ganar muchos premios con su arte, decidió regresar para exponer su obra en 1995, de él dijo el Nobel de Literatura Camilo José Cela: ‘Daza, el sutil encanto del color’.

Al verlo pareciera que lo conocemos desde siempre. Su mirada franca, frontal y su apretón de manos firme, te hacen sentir cómodo y bienvenido. Informal como buen artista, se ve fresco en su camiseta negra, bermuda y chancletas, casi como si estuviera a punto de salir para la playa. Es su atuendo de costumbre, con el que se enfrenta a cada lienzo en blanco para empezar a llenarlo de líneas oscuras que poco a poco se van convirtiendo en los troncos de los bosques casi fantásticos pero al mismo tiempo tan reales que le gusta pintar.

Uno de esos bosques a medio trabajar ocupa por completo una de las paredes pegada al amplio ventanal por donde entra la luz a raudales iluminándolo. Pareciera que la primavera está empezando a nacer en ese lienzo, de la mano de Álvaro, llenando con verdes de todos los tonos los troncos desvalidos pero enhiestos que, en perspectiva, se abren hacia la derecha y hacia la izquierda. A un lado sobre el piso cubierto de plástico negro – para protegerlo de las manchas de pintura – reposan las herramientas que el pintor utiliza: tubos de acrílico, lienzos enrrollados, espátulas, pinceles, rollos de cinta adhesiva.

POR LA SENDA DE DALÍ

Nieto de un famoso y loco piloto colombiano - tanto que un aeropuerto de la Fuerza Aérea de ese país se llama como él: General de Brigada Camilo Daza y que se tiró de una torre de la catedral de Bogotá agarrado a una puerta – el artista empezó dibujando en la escuela para sus compañeros y recibiendo a cambio una paga que utilizaba para ir al cine. Ante la oposición de su padre que pensaba que como artista moriría de hambre, hizo dos años de ingeniería, algo de arquitectura técnica y después un curso de dibujo con un pintor holandés y una vida de trotamundos.

Estando en Alicante recibió la crítica que le haría reaccionar. Un pintor apodado ‘El Curro’ vio su trabajo y dijo ‘Tú no sabes pintar’. ‘Ya me iba saliendo el colombiano y vi algo en sus ojos’, relata Daza. ‘¿Quieres aprender?’, dice que le preguntó Francisco López de La Vega, que había trabajado con Dalí por 20 años. ‘Y así aprendí veladuras, dibujos, sangramientos, perspectiva, conocí a los grandes como Rubens, El Greco...’, recuerda. Y gracias a ‘El Curro’ aprendió la técnica y también buscó su propia identidad como pintor.

‘Un día hice un bosque y la naturaleza me llamó’, rememora cuando al fin encontró su línea de trabajo. ‘Y me dije hay que salvar los bosques, porque el día que se vayan nos vamos todos’, reflexiona el pintor que con su arte quiere llamar la atención del público sobre el valor de la naturaleza. ‘Soy un soldado ecológico que pinta bosques imaginarios utilizando elementos reales’, agrega Daza.

MADRUGADAS DE PINTURA E INSOMNIO

Pero también hace arte abstracto y mientras con el brazo derecho pinta los bosques, con el izquierdo pinta los abstractos, claro que no al mismo tiempo. ‘Aprendí que al pintar uno se conecta con un nivel energético y que a través de uno fluye la magia y esa magia hace que incluso el tiempo corra a un ritmo diferente’, explica el pintor que puede pasar horas sin comer, sin dormir y sin hacer otra cosa que pintar, incluso cuando se levanta a altas horas de la madrugada cuando el silencio reina y lo asalta la necesidad de crear.

‘En mi caso yo exploto, me salgo de mi y me plasmo, entre más me compenetro con la pintura’, dice este artista que se define como expresionista porque se expresa con la pintura y no sigue ninguna regla impuesta por ningún estilo. Mientras habla va desenrrollando otros lienzos de gran formato como el de la pared y nos muestra otros bosques fantásticos trabajados con azules intensos, turquesas deslumbrantes, tenues celestes y llamativos morados, desde donde no sorprendería que salgan unicornios de crines plateadas, diminutos gnomos y etéreas hadas.

En sus abstracciones, que constituyen un estallido de color, líneas y figuras ‘sale esa magia donde no hay ni fuerza de gravedad, pero si la hay ayuda a la obra’, según las propias palabras del pintor. Esta faceta, junto a la escultura que realiza en forma paralela, son la expresión de la madurez artística alcanzada por Daza.

BAGAJE ARTÍSTICO

Un diez por ciento del total de su obra es escultura, actividad que para el artista es más compleja que la pintura, no tan sencilla como aquella y que empezó cuando siendo pequeño necesitaba trabajar en tres dimensiones sin saber hacia donde iba. ‘Siempre piensa en grande’, recuerda que le decía ‘El Curro’ y ha seguido ese consejo al pie de la letra. Es un convencido de que si el destino ha sido muy bueno, va a ser mejor. Para este viajero impenitente las barreras no existen. ‘Hoy en día mis esculturas las diseño para ser monumentales y las pienso como un origami metálico. Quiero que sirvan de antenas para conectar a la humanidad con el universo’, explica ambicioso.

‘Not yet’, ‘No límite’, ‘La vida son recuerdos’, ‘A las 3 pm me habló’, son algunas de las frases con las que acostumbra titular sus obras reflejando su estado emocional en el momento que empezó a crear alguna de ellas o cuando se produce el estallido de inspiración que le fijará el derrotero por donde andará la espátula.

Hoy 33 años después de estar dedicado a la pintura y la escultura considera que ‘he llegado a mi madurez temprana donde está empezando a florecer todo lo adquirido durante estos 33 años’. Su obra se ha enriquecido con otras culturas y se ha convertido en un arte universal.

Prueba de ello es su participación en más de 70 exposiciones alrededor del mundo. Su natal Colombia, su patria por elección Panamá, España, Estados Unidos, Canadá, Venezuela y Francia, disfrutaron de sus obras en diferentes ocasiones. Una de las más importantes en su opinión fue la Primera Feria de Arte Internacional en República Dominicana y la última la de China, donde por primera vez expuso ante un público con una cultura totalmente diferente. Cuando iba le robaron la maleta con los nueve cuadros que iba a exponer y tuvo que comprar el material para volver a pintar y poder mostrar su obra.

La pérdida de sus cuadros le dio la oportunidad de acercarse a la gente para, en una mezcla de inglés y señas, obtener lo que necesitaba y quedar encantado con su forma de ser. Tan bien le fue que en los próximos días viajará nuevamente a trabajar y exponer por varios meses a Beijing, Shangai, Cantón y por último a la Bienal de Arte en Florencia, Italia. ‘Cuando las cosas se van a dar, fluyen solas’, sentencia este artista que todos los días agradece a Dios por haberle dado el don que posee.