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21 de Nov de 2019

Cultura

La Tierra y los grupos humanos

Los productores nacionales de varios rubros como el arroz, la sal y otros de importancia para la alimentación, han observado con preocup...

Los productores nacionales de varios rubros como el arroz, la sal y otros de importancia para la alimentación, han observado con preocupación cómo disminuye las hectáreas necesarias para el desarrollo de la agricultura. Ese solo hecho mueve a un nivel de preocupación la sociedad porque las cifras de la ecuación económica nacional empiezan a descuadrarse.

El asunto no es tan específico; pareciera un mero desajuste en las actividades productivas, pero alcanza una mayor complejidad si analizamos que más allá de estos síntomas, lo que existe es una desproporción de las formas que asumen las actividades de los grupos humanos en el territorio que ocupan y en general en los sistemas naturales.

Esto no es nuevo y por esa razón, el 22 de abril de cada año se celebra el nacimiento del movimiento ambientalista moderno, que se inició en 1970 cuando 20 millones de norteamericanos tomaron las calles, los parques y auditorios para manifestarse por un ambiente saludable y sustentable, al adquirir conciencia que el impacto de las diferentes actividades humanas estaba deteriorando el planeta.

El Día de la Tierra de 1970 logró la coincidencia masiva que parecía imposible. Esta celebración contó con el apoyo de políticos de distintas tendencias, ricos y pobres, citadinos y granjeros, magnates y líderes sindicales.

Ese día condujo a la creación de la Agencia de Protección al Medio Ambiente de Estados Unidos (EPA) y a la aprobación de leyes relacionadas con el aire limpio, el agua limpia y la conservación de especies en peligro de extinción.

La tendencia a generar basura en forma incontrolada, producir ruidos intensos, quemar papeles, sustancias y desechos que deterioran el aire, agotan el agua y los alimentos, además del hacinamiento, fácilmente podría obligarnos a cambiar de residencia. Pero será muy difícil hacer esa mudanza.

Un estudio reciente desarrollado por diversas organizaciones internacionales, demuestra cómo en los últimos años, alrededor de un tercio de las regiones naturales del planeta se han venido deteriorando en forma alarmante, período en que se ha incrementado la presión humana sobre los recursos naturales y el ambiente hasta en un 50%. ‘Tales presiones exceden la capacidad de regeneración que posee la biosfera de nuestro planeta para recuperarse, con lo cual estaríamos encaminándonos a un inminente debacle ambiental, de no lograrse un cambio sostenible en los patrones de consumo de los recursos naturales’.

Cada segundo media hectárea de bosques es destruida. Las emisiones globales de dióxido de carbono sumaron a fines de los años 90 alrededor de 25 mil millones de toneladas, casi el doble de la cantidad que se registró en 1950 y todavía más de 4 millones de seres humanos carecen de agua.

A todo ello debemos agregar el efecto que ha tenido el acelerado crecimiento poblacional, que alcanza en el presente año a más de seis mil millones de personas que demandan espacio, comida y energía con la correspondiente generación de residuos de todo tipo, incluso algunos altamente contaminantes. Estos datos tienen una repercusión y son una realidad en Panamá, donde cada vez la temporada de verano es el escenario de sequías, desecamiento de cauces de río y quebradas y el consiguiente perjuicio para la actividad económica nacional. Debemos desarrollar acciones, promover estrategias y hacer que la protección a los recursos naturales, la defensa de la Tierra y el ambiente, sean una política de Estado donde todos los sectores se involucren para tener un planeta más amplio y más sano que sea el espacio productor de vida para todos.

PERIODISTA