Una parada obligada

Actualizado
  • 06/05/2012 02:00
Creado
  • 06/05/2012 02:00
M anuela Rosetti llegó a Panamá para tomarse unas vacaciones. Lo que vio le gustó tanto que decidió quedarse en Panamá y probar suerte.

M anuela Rosetti llegó a Panamá para tomarse unas vacaciones. Lo que vio le gustó tanto que decidió quedarse en Panamá y probar suerte.

‘Cuando vine al Casco Viejo me pareció haber encontrado como otro mundo, un lugar antiguo, tan bonito, un poco abandonado pero tratando de descubrirse de nuevo, de tener una nueva vida’, recuerda Manuela estos detalles del barrio ue la cautivó. ‘No hay muchos lugares que tengan esas posibilidades. En Europa ya todo está hecho, todo está bonito, arreglado, los lugares se pasan de generación en generación, esto me pareció una oportunidad única’.

Desde entonces han pasado cuatro años. Manuela abrió Caffé per Due justamente cuando se llevaban a cabo las filmaciones de Quantum of Solace, el largometraje de James Bond que protagonizó Daniel Craig.

Y aunque Craig no llegó a su local, recuerda Manuela que siempre estaba lleno. ‘Muchos de los que trabajaron el la filmación venían acá. Empezamos muy fuerte’.

Las cosas no han variado mucho. Caffé per Due ha logrado establecerse como una parada casi obligada para quienes visitan San Felipe.

‘Más que mantenerme, debo decir que hemos crecido bastante, y el barrio también ha crecido’, reconoce Manuela.

Cuatro años atrás, la italiana recuerda que solo había tres restaurantes en el área. La cifra actual llega a las tres decenas.

Sin embargo, Manuela es la primera en asegurar que Caffé per due no es un restaurante, ‘el concepto es el de un lugar al estilo europeo en el cual un turista que pasara caminando se sientiera cómodo tomándose una soda, una cerveza o un cappuccino, algo más informal’.

La carta es muy sencilla, está conformada por desayunos sencilos como pan tostado con mermelada y manteuqilla, huevos frotis con tocino, ensalada de frutas o un dulce de la casa acompañado de un cappuccino.

Le siguen los panini, emparedados al estilo italiano. Estos tienen nombre s de localidades italianas como Umbria, Sicilia, Calabria y Liguria.

Un aparte de ensaladas aporta frescura y ofrece una variedad que va desde la ensalada verde, hasta la ensalada con peras y roquefort.

La especialidad de la casa son las pizzas. ‘Nosotros mismos hacemos la masa y se cocinan en un horno con base de piedra lávica, se trata de buscar los mejores productos, los de acá son muy buenos, pero hay algunos que no se consiguen y que los importamos’, detalla Manuela.

La receta de la masa de la pizza es algo muy básico, pero cada quién le añade un secreto, que la hace única.

‘Un amigo muy especial que no pudo acompañarme en esta aventura me confió su secreto, algo interesante e importante acá por el clima y la hacemos muy fina, por eso todo se pueden comer una pizza entera’, afirma.

La carta cuenta con una variedad de 17 pizzas y la posibilidad de armar una propia con ingredientes adicionales a partir de una Margherita.

Una de las más gustadas es la pizza vegetariana, la Amalfi con pimientos morrones cebolla, queso feta y aceitunas, o la Emilia, con tomate, mozarella, prosciutto, queso parmigiano y vinagre balsámico.

Los días de semana se incluye en el menú, un plato del día, una pasta tradicional.

Los postres son otra de las especialidades. ‘Son todos hechos aquí, con recetas de mi abuela, de mi mamá, de mis amigas, todas son recetas tradicionales y se hacen con ingredientes de primera calidad’, dice orgullosa. ‘Me encanta hacerlos y comerlos’.

Aunque muchos de ellos no sean los que usualmente se conocen en Panamá, se han convertido en los favoritos de los visitantes. ‘Hay gente que solo viene por los postres’, comenta.

De unas 18 recetas, los postres se rotarán de acuerdo con la disponibilidad de los productos.

‘No me puedo quejar’, dice Manuela. Si bien, como en todo lugar hay temporadas altas y bajas, el negocio se mantiene. Además, su intención no es la de crecer en tamaño.

‘Quiero hacer sentir a la gente como un huesped en mi casa. Por eso he querido mantenerlo chiquito, par manejarlo mejor, quiero mantenerlo simple para ofrecer lo mejor y que los clientes van a estén contentos’, dice Manuela. ‘Mi familia ha mantenido la tradición de la comida italiana, parte de la cultura de nuestro país. Es algo que he aprendido y he ido mejorando con el tiempo’, cuenta. El esfuerzo ha valido la pena, en Caffé per Due se respira un ambiente familiar, los clientes se sienten satisfechos, los empleados son reconocidos pro sus nombres propios, y es que como dice Manuela, ‘la comida es algo que une, que alegra y que hasta arregla problemas’.

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