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29 de May de 2020

Cultura

Adrenalina y talento a 400 km/h

PALABRA. A 25 mil pies de altura, el 540 T es apenas un punto metálico en el firmamento. Sus hélices giran a 29 mil rpm (revoluciones po...

PALABRA. A 25 mil pies de altura, el 540 T es apenas un punto metálico en el firmamento. Sus hélices giran a 29 mil rpm (revoluciones por minuto), generando un sonido que se puede percibir aún después de que el avión ha sido tragado por la vastedad del cielo azul. Sobre la pista de aterrizaje periodistas y curiosos lo buscan en vano, resguardándose del sol con sus manos..

Rummmmmm, rummmmm, rummmm... Cuando finalmente reaparece es un trompo en el cenit, sus alas girando sin control. Cae de nariz, cae de panza, cae de todas las formas posibles, como un juguete a merced de las fuerzas gravitacionales. Hasta que súbitamente deja de girar. El piloto Kirby Chambliss retoma el control, mientras cae en picada a 300 millas por hora. A pocos metros del suelo, desaparece detrás de una aeronave de pasajeros que espera sobre la pista...

‘Sé que es peligroso, pero soy un adicto a la adrenalina. Desde joven vuelo en aviones, corro motocicletas, practico ‘skydiving’. Amo las carreras aéreas, amo el riesgo’, reflexiona Chambliss, minutos antes de montarse en la cabina del 540 T. El ambiente que se vive en la terminal del Aeropuerto Internacional Marcos Gelabert, en Albrook, recuerda a la parafernalia que precede a las carreras de Fórmula 1: azafatas que se ajustan las minifaldas en el baño, camarógrafos cargando trípodes, una relacionista pública que camina exhibiendo un par de botas que hacen juego con el bronceado de sus piernas, la música electrónica de una discoteca móvil ahogando el sonido de los motores...

Chambliss sigue la escena desde la altura de sus gafas oscuras. Habla alto y claro, como buen tejano. Parado al lado del 540 T -la avioneta que vuela como jefe del equipo de carreras aéreas de Red Bull- es abordado por los diferentes medios de comunicación que se han dado cita para cubrir la visita a Panamá de quien es considerado como uno de los mejores 15 pilotos acrobáticos de los Estados Unidos. Esta la segunda vez que visita el Istmo para exhibir su talento en la cabina de un avión de hélice. La primera vez fue en el 2008.

ENTRE PILOTOS

‘Practico tanto que cuando estoy allá arriba las alas del avión son básicamente una extensión de mis brazos’, afirma el dos veces campeón mundial de las carreras aéreas de Red Bull. Ejecutar las temerarias acrobacias que Chambliss realiza de una forma segura no es fácil. Requiere de práctica constante. Para ello cuenta con nueve aviones en el hangar de su residencia, en el rancho ‘La corona voladora’. Ahí reside con su esposa Kellie, quien también es piloto, y su hija Karly, de siete años. Todos los días despega de la pista de aterrizaje que se encuentra en el patio para practicar, para poder realizar lo que pocos pilotos se atreverían a intentar. ‘Vengo haciendo esto desde hace mucho tiempo. Cuando realizas algo tan peligroso, la única manera de hacerlo de forma segura es contando con un nivel muy elevado de experiencia’, señala antes de dar inicio a la exhibición aérea en Albrook.

Su padre, quien lo introdujo en la práctica del ‘skydiving’, fue piloto privado. Desconoce si este hecho tuvo algo ver con que a los dos años arrastrara aviones de juguete. O que empezara a volar a los 13 años. O que a la edad de 24 se convirtiera en el piloto comercial más joven de las aerolíneas Southwest.

Con el dinero ahorrado en 1985 Chambliss pudo costear el entrenamiento requerido para convertirse en piloto acrobático. A las 28 años comenzó a pulir sus habilidades como acróbata, al mismo tiempo que se convertía en capitán.

EL LLAMADO DE LO EXTREMO

En 1997 ingresa en el equipo acrobático de Estados Unidos, donde consigue cuatro campeonatos nacionales y diversas medallas en los torneos internacionales. Sus proezas en el aire no pasan desapercibidas. En el 2000 es invitado a competir en el primer evento de las carreras aéreas organizadas por la compañía Red Bull.

Al año siguiente, mientras se encontraba en su mejor forma como piloto, sucede lo inesperado. Durante una exhibición aérea en China su avión sufre un desperfecto. ‘Es como ir manejando a través de una carretera, a 180 millas por hora. Ves que se aproxima una curva. Agarras el volante, pero el mismo no gira. Entonces dices: ‘!Oh, mierda!’’, explica.

Chambliss terminó en un río, con sus costillas rotas y su cabeza abierta. Fue necesario coserle más de 100 puntos. Nunca entendió porque la gente le decía que era afortunado. Menos cuando su cuerpo quedó convertido en un ‘sólido moretón’.

A pesar del accidente, Chambliss continúo con el equipo de Red Bull, alcanzando el campeonato mundial en los torneos del 2004 y el 2006. ‘Todo los días me despierto y me pregunto que si vale la pena hacer lo que hago. Hasta ahora, todos los días he podido responderme que sí, que si vale la pena’, comentó el cinco veces campeón nacional de Red Bull.

CREACIÓN A 10 G

RUMMMMM, RUMMMM, RUMMM... Luego de un par de segundos de suspenso, el 540 T reaparece para alivio de los espectadores. El bólido enfila nuevamente hacia las alturas, después de aterrorizar a los operadores de la torre de control. Chambliss asciende como un Ícaro que no se rinde ante las fuerzas gravitacionales de hasta 10 G (medida de la aceleración que produciría la gravedad terrestre en un objeto cualquiera en condiciones ideales), que hacen que su peso corporal de 200 libras se transforme en 2 mil libras. Su óptimo estado físico (tiene como rutina correr y levantar pesas) ayuda, pero aún así siente como ‘si una casa se estuviera sentando sobre su pecho’...

El 540 T sigue girando en el cenit, como una cometa que los vientos precipitan hacia abajo, flotando como un pincel que apuñala al sol, una saeta que pasa taladrando el cielo...

‘Yo me considera un artista, y esta es mi brocha. Mi lienzo es el cielo, y yo voy a pintar esa imagen perfecta, y la gente se va a ir diciendo: ‘Nunca he visto a un avión h aciendo eso antes’’, expresa quien el fin de semana pasado participó del ‘Festival Aéreo Chiriquí 2013’. Chambliss se encuentra nuevamente sobre la pista, después de haber estacionado su avión con un sutil giro. El animador de televisión que minutos antes ocupaba el primer asiento en la cabina del 540 T intenta no salirse de su rutina como personaje cómico, pero al salir de la avioneta sus piernas lo traicionan. Se tambalea mientras se despide de sus televidentes. Cuando las cámaras se apagan, el abatimiento cae sobre su rostro...

Chambliss es todo lo contrario. Le cuesta soltar la adrenalina. ‘Vamos a trotar’, grita mientras salta y mueve sus alas-brazos, como para hacer que su pulso repunte... El piloto se aleja trotando levemente hacia el interior del aeropuerto, gastando la última carga de adrenalina. Detrás de sus lentes oscuros, las revoluciones van en descenso... Rummm, rumm, rum... Hasta el próximo vuelo.