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27 de Oct de 2020

Cultura

El poeta de dos mares

La obra poética de Manuel Orestes Nieto (Ciudad de Panamá, 1951) es espejo y crónica de un proceso centenario marcado por el cruce de ci...

La obra poética de Manuel Orestes Nieto (Ciudad de Panamá, 1951) es espejo y crónica de un proceso centenario marcado por el cruce de civilizaciones entre el Atlántico y el Pacífico.

Nieto, punto de inflexión en la poesía panameña y centroamericana reciente, es el único panameño que ha logrado este galardón cinco veces en cinco décadas distintas.

UN PANAMÁ MULTICOLOR

Los poemas de Nieto son un canto a la diversidad de la tierra a la que pertenece y de la que él mismo es un hijo directo. ‘Mi bisabuela era negra, mi abuelo era blanco y mi abuela tenía mucho de zamba, un hermano mío es muy trigueño. Yo soy blanco con los ojos azules, pero en mí vive la raíz negra…, afirma.

‘Ése es el Panamá multicolor: la mezcla intensa, las oleadas humanas que dejaron su semilla y con el paso del tiempo un resultado que es la nación multiétnica de Panamá, que viene de esos tres grandes troncos iniciales a los cuales se superponen otros como chinos, italianos, griegos, judíos, hindúes, y todos, en mayor o menor grado, están metidos en la sangre de ese ser panameño y ésa es nuestra identidad plural. ¿Por qué voy a rechazar esa realidad y dar un paso hacia atrás impulsado por la xenofobia? Sería un suicidio, sería como descomponerme en pedazos’, cuenta Nieto en su despacho de la Universidad UDELAS, a la que el vate se incorporó hace cerca de tres años para poner en marcha una editorial universitaria, con su imprenta y librería de la institución.

COMPROMISO Y LITERATURA

El compromiso social en la obra de Orestes no cae en el cinismo vacío sino que está preñado de esperanza, que encuentra su materialización poética en la utopía como un territorio de la imaginación donde lo poético y el deseo se funden de manera íntima.

Hay ya algo de esto en Panamá en la memoria de los mares, de 1984 (‘esta sangre como la suma de muchas sangres’, ‘Y tú en la zurcida esperanza / de un pueblo con rostro de muchos pueblos’), pero donde la utopía alcanza la categoría de universo poético personal absoluto es en El mar de los sargazos (1997): ‘Sin haber conocido a sus ancestros/ son capaces/ de saber de cada uno de sus días vividos,/ como si el presente se conjugara con el pasado en un todo...’.

‘’El deslumbrante mar que nos hizo’’, desarrolla Nieto, ‘cierra un ciclo de búsqueda que empezó hace mucho, en 1972. Yo tenía intuiciones poéticas, sociales, y poco a poco fui ganando en conciencia. Ha dicho un crítico que mi obra está cosida a la búsqueda del pasado de Panamá, a sus raíces formativas, donde la historia es el principal personaje, y es cierto, así comenzaron a surgir mis poemas. Pero para mí la historia de Panamá es al mismo tiempo la de mi abuela y, por lo tanto, parte de mi historia personal. Se mezclan ambos ámbitos en una misma entidad… Después surgieron libros como ‘Panamá en la memoria de los mares’, que yo siento como un primo hermano que precede a ‘El deslumbrante mar que nos hizo’, y trabajos mucho más elaborados en términos de ficción como fue ‘El mar de los Sargazos’. Es una manera de hablar del país marítimo, de un mundo ideal que hay que construir, unas utopías que realizar. El libro tiene una textura oceánica y submarina’, sentencia.

Entre 1984 y 1997 ven la luz poemarios como Poeta de utilidad pública (1985), El cristal entre la luz (1988; en 2008 el autor empleó este título para bautizar la recopilación de su obra completa desde 1968 hasta ese año) o Sangre vidriada (de 1991 y que es una crónica de los días terribles de la invasión a Panamá de diciembre de 1989), de tonos más de poesía social con trazos de memoria personal que sirven como homenaje y canto a su historia personal y a la historia de Panamá, a modo de reescritura del pasado para provocar un presente anhelado.

MEMORIA ENTRE LOS MARES

El siglo XX llega a su fin y el universo poético de Nieto está plenamente elaborado: la memoria personal imbricada a la panameña, la mezcla, el mestizaje, el pasado que hay que reescribir, que homenajear, la utopía que hay que elaborar y desear, la denuncia por la falta de libertad, por la opresión al pueblo panameño, la reivindicación de los panameños por su propio territorio… y, sobre todo, la selva húmeda, tropical y el mar como símbolos de lo eterno, de lo inmenso, de lo infinito, testigos ambos de la historia y del sufrimiento.

‘Ahí es donde ‘El mar de los sargazos’ hace una inflexión de ficción y ya no de poesía social explícita, sino que empieza a manejar una expresión de utopía, de símbolos, pero que gravitan sobre lo mismo’, detalla Nieto. ‘Esos mares nos hicieron mucho daño ¡pero nosotros venimos de allí! Así que por qué vamos a negar esa historia… Es más, lo que fue un elemento de nuestra desgracia tiene que convertirse en el factor de nuestra felicidad’.

Y esta reflexión se produce en El mar de los sargazos, de 1997, sólo dos años antes de que Estados Unidos entregara definitivamente el Canal de Panamá a los panameños, al mediodía del 31 de diciembre de 1999, en virtud a los tratados Torrijos-Carter de 1977.

De modo que, a mediados de los 90, Nieto es consciente de que la cicatrización de la herida del Canal ya tenía fecha: ‘En esa placenta hago mi propuesta: no quedar estrellado en el muro del agotamiento poético de una fase histórica sino saltar con otro lenguaje a una realidad distinta e incluso deseada, el fin del colonialismo en mi país; y creo que por eso surge ‘El mar de los sargazos’. Trato de convertirme casi en otro escritor siendo el mismo… Tuve que reinventarme para poder sobrevivir poéticamente, porque la realidad había cambiado y tuve tiempo de entender y entenderme, porque los tratados no se materializaron de un día para otro, se firmaron y no nos dieron las llaves al día siguiente, fue una transición que duró veintitrés años en los que yo hice también mi transición’.

Manuel Orestes Nieto sintió muy de cerca este hito de la entrega del Canal, que marcó un antes y un después para la historia de Panamá. Con poco más de 20 años, a su regreso de estudiar en Barcelona, el poeta se incorporó primero a la Universidad y más tarde, en 1978, en los años finales de la negociación por el Canal, pasó a integrar un equipo de trabajo y asistencia personal de Omar Torrijos. ‘Hasta su muerte yo trabajé en ese equipo cívico-militar. Éramos un equipo que tenía al menos dos poetas, José de Jesús Martínez, Chuchú Martínez y yo. El falleció poco después de la invasión, triste, abatido por el dolor, y era el secretario de Torrijos, su amigo y la persona que andaba con él día y noche, uno de los grandes e inteligentes poetas que ha producido Panamá, inmigrante también, nacido en Nicaragua pero vivió toda su vida en Panamá, un personaje increíble’, recuerda el vate.