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25 de Feb de 2021

Cultura

Langostas, entre el placer y el peligro

Cuando hablamos de langosta no se imaginen a un crustáceo marino. Son esos insectos que arrasan, tanto los campos como los platos de Ara...

Cuando hablamos de langosta no se imaginen a un crustáceo marino. Son esos insectos que arrasan, tanto los campos como los platos de Arabia Saudí. Para algunos, una plaga bíblica pero ahora, para otros, un placer que compartir en compañía.

El joven saudí Fahd Mubarek sostiene una brocheta de metal con cinco langostas pinchadas en fila y se prepara para cocinarlas a la brasa, a fuego lento. Mientras, sus amigos se colocan hambrientos en la mesa, listos para degustar una parrillada de esos insectos, considerados un apreciado manjar en Arabia Saudí.

Todos juntos se preparan para darse un banquete en toda regla. A eso ha esperado Fahd, de 34 años, pendiente de que llegara la temporada de langostas, que aparecen en el país árabe de manera ocasional hasta varias veces al año.

UN AUTÉNTICO PLACER PARA EL PALADAR

Las langostas a la parrilla se cotizan alto en el mercado. Una bolsa llena de esos insectos voladores cuesta entre 500 y 700 riales (entre 140 y 190 dólares). Pero eso no es inconveniente para muchos bolsillos saudíes.

‘Pagaría mucho más si se trata de conseguir esta deliciosa comida’, dice Fahd, convertido en el ‘chef’ de esa velada entre amigos.

‘La gracia no está sólo en el sabor de las langostas, sino también en el ambiente de fiesta que montamos lejos de la ciudad’, añade.

A su lado está su compañero Saad, que considera que ‘el placer no está en comer las langostas, sino en cazarlas’. Por eso, frente a la opción de comprarlas, él y otros cuatro colegas se lanzan a la mínima oportunidad para atrapar esos insectos durante largas horas. Luego será cuestión de juntarse para prepararlas a la parrilla.

La caza de la langosta suele ser generalmente por las noches, porque es el momento en que descansan sobre las plantaciones o en zonas verdes. Hay gente que acude entonces a cazarlas con fines comerciales, pero Saad asegura que, en su caso, ‘lo hace solo por placer’.

NUMEROSAS BONDADES

Otro de los amantes de este ‘suculento’ plato es Jaled Alihus, que explica cómo la creencia común de que comer langostas tiene beneficios para la salud ha disparado su popularidad entre el público.

Además, comenta, los saudíes confían en que las langostas les curen la diabetes, la presión, el reumatismo, el dolor de espalda, el retraso del crecimiento de los niños... Incluso los ancianos las compran en grandes cantidades ‘porque creen que estimula su vida sexual, como hace la píldora Viagra’, afirma entre risas.

Para Alihus, este tipo de creencias pasan de generación en generación. Tanto, que existe un dicho popular saudí que señala: ‘Si llegan las langostas, apartad las medicinas’.

Ante esta situación, el Ministerio Saudí de Salud emitió un comunicado en verano para disipar esas ‘ilusiones’ sobre los beneficios de estos insectos. Advirtió de que consumirlas o tocarlas puede causar muchas enfermedades como el cáncer, o contagios de distintos virus extraños. ‘Las propias langostas no son por sí mismas portadoras de enfermedades, pero los productos químicos que se utilizan para combatirlas se quedan adheridos a sus cuerpos y, si estos se ingieren, sí pueden acarrear riesgos para la salud’, argumenta Mohamed al Zahrani, consejero de Enfermedades Víricas del Ministerio.

EL LADO OSCURO

Entre el debate científico y el culinario, la temporada de langostas que está por llegar está siendo una diversión para algunos, mientras que supone un dolor de cabeza para otros tantos.

El Centro Nacional de Lucha contra las Langostas ha declarado el estado de emergencia en el país para hacer frente a esos bichos, que llegaron recientemente desde el Yemen hacia la parte meridional de Arabia Saudí.

‘Hemos hecho un seguimiento de las nubes de langostas desde Sudán, cerca de la costa del mar Rojo, y tememos que entren más al país’, sostiene el presidente de ese organismo, Adnan Jan.

La Organización de la ONU para la Alimentación (FAO) ha alertado en distintas ocasiones de que en las zonas donde se reproducen en invierno las langostas del desierto, al noroeste de África y en torno al mar Rojo, las lluvias en abundancia pueden hacer aumentar la población de este insecto, que más tarde puede poner en peligro las cosechas de primavera.

Los fuertes vientos de sur a norte transportan a las langostas voladoras desde el interior del Yemen hacia las zonas tradicionales de reproducción de invierno por las costas de Eritrea, Sudán, Egipto, Yemen y Arabia Saudí.

En este último país, el centro de lucha contra las langostas tuvo que utilizar dos helicópteros para pulverizar con productos químicos un área de decenas de kilómetros cuadrados con el fin de evitar que superficies agrícolas quedasen infestadas y devastadas por el efecto de los insectos.

También se puso en marcha un equipo de supervisores y exploradores, encargados de controlar las plagas en el desierto antes de que lleguen a las ciudades. Si eso no funciona, más de un saudí estará dispuesto a intentar acabar con esos insectos sin más propósito que ponerlos en el plato y degustarlos en buena compañía.