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22 de Apr de 2021

Cultura

El "guerrero" Mortier y su laboratorio de la ópera

La lucha contra el cáncer de páncreas que le detectaron el pasado verano no menguó el carácter "guerrero" del ex director artístico del...

La lucha contra el cáncer de páncreas que le detectaron el pasado verano no menguó el carácter "guerrero" del ex director artístico del Teatro Real, Gerard Mortier, quien, según dijo a Efe en septiembre, iba "a dar batalla en todas partes", incluido el coliseo madrileño, su "laboratorio de la ópera".

Mortier llegó en 2010 al Teatro Real y anunció, en una entrevista, su intención de convertir el Real en "un laboratorio de la ópera del siglo XXI".

La idea de la ópera de este director (Gante, 1943) era muy clara: "un arte existencial" hecho mediante melodrama y emoción para el que no se necesitan decorados "a lo Folies Bergere", sino voces y actores capaces de ahondar "en el amor, la muerte y el poder" y despertar la curiosidad del público.

Este despertar del público es lo que buscaba el polémico director: "Dicen que me gusta provocar, pero lo que me gusta es agitar, y veo a mucha gente contenta. Lo único malo para el teatro es la indiferencia", aseguró Mortier hace un año.

Pero en otra ocasión confesó que le gustaba seducir y que por ello sufría tanto cuando a la gente no le gustaba lo que programaba.

Una de esas ocasiones fue hace un año en el montaje de "Don Giovanni", que recibió abucheos, parte de los cuales, aseguró, eran un boicot organizado.

Pero, cuando realizó algunas de sus declaraciones más duras, fue el pasado mes de septiembre.

Entonces, recién salido de una sesión de quimioterapia, pero con sentido "guerrero", Gerard Mortier declaró a Efe que no se iría sin plantar batalla, tras saber que el coliseo había decidido su sustitución: "Tengo cáncer, pero no estoy muerto actualmente", indicó.

La despedida pública del Teatro Real de Gerard Mortier fue el pasado 17 de febrero a través de un correo electrónico enviado al presidente de su patronato, Gregorio Marañón, en el que deseaba a su sustituto, Joan Matabosch, "lo mejor".

Una despedida que terminaba con un expresivo "¡viva el Teatro Real!".