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31 de May de 2020

Cultura

Una ciudad a orillas del tiempo

Ciudades como Shangai y Beijing representan el lado más moderno de China

China tiene dos caras: la del progreso, la de la opulencia, la que es representativa de una conocida bonanza económica; y la China rural, humilde, que pareciera extenderse kilómetros y kilómetros hacia el interior de su propia vastedad. Son contrastes que no pueden ser apreciados desde la altura de un avión o desde el interior de un bus. La mejor forma de hacerlo es a través de las vitrinas de un tren, que representa la forma más apropiada de conocer al gigante asiático, sobre todo para quien lo visita por primera vez.

Para arribar a Fenghuang es necesario viajar desde la ciudad de Shanghái en dirección a un oeste no desarrollado. Fenghuang (el nombre es una referencia a un ave mística: su símbolo es el de un ave que recuerda a una mezcla de fénix y pavo real) se encuentra en la provincia de Hunan, al sur-oeste de la República Popular de China. La localidad tiene una historia de más de 300 años, desde tiempos de la dinastía Ming (1368-1644), que fue la penúltima dinastía china. Su valor cultural, histórico y quizás artístico es protegido por el gobierno de China y también ha sido agregada a la lista de patrimonio universal por la UNESCO.

LA VERDADERA CHINA

A pesar de su rica historia, Fenghuang debe competir con la ciudad de Shanghái, una urbe con más población y con más atractivos turísticos, con una pletórica oferta de obras de teatro, conciertos, fuegos artificiales y juegos de luces, y centro comerciales con múltiples ofertas.

Pero Shanghái no es China, aunque es uno de los destinos que a las personas se le vienen a la mente cuando piensa en China, además de su capital Beijing y la Muralla. En realidad la percepción que se tiene del gigante asiático es muy pobre y limitada. Para conocer a la verdadera China es necesario arriesgarse y dejar atrás los grandes centros urbanísticos y cosmopolitas.

En todo caso Shanghái y Beijing son solo regiones de China, valiosas indudablemente, pero están lejos de definirla. Por eso es necesario buscar más experiencias fuera de estas dos ciudades.

A medida que se avanza hacia el oeste, la barrera del idioma se irá acrecentando. Cada vez será más difícil encontrarse con alguien que hable inglés. Y ni hablar del español. Lo más recomendable es hablar el mandarín o viajar con alguien que domine medianamente este idioma. Por suerte, este era mi caso.

DE LO ANTIGUO A LO MODERNO

Fenghuang está dividida en dos partes: la nueva y la antigua. La parte más moderna no difiere mucho de una urbe de tamaño medio en el centro de China, abarrotada de pequeños establecimientos comerciales, mercados y edificios que rondan los diez pisos como máximo. Para llegar a la parte antigua hay que tomar un taxi o ir a pie.

Lo curioso es que la sección antigua es la más moderna, aunque suene extraño, al menos en términos de comunicación. Es plausible encontrarse con personas que hablen un inglés básico, con restaurantes con menús en inglés y mandarín. Después de todo, Fenghuang es un destino turístico que también es visitado por los extranjeros.

Al poco tiempo de bajar del bus que te deja en la terminal de Fenghuang, lo primero que notarás con solo poner pie en la urbe es que la gente te mirará como un bicho raro (si eres extranjero, claro está). Incluso en Shanghái, una ciudad con un gran flujo de extranjeros, existe la posibilidad de que alguien se sorprenda de ver a alguien ‘no-chino’. Es más, si alguien saca una cámara para fotografiar a una persona de piel morena que le pase al lado no debe sorprender a nadie.

Después de un extenuante viaje en ferrocarril, entramos a un hostal que se encuentra al otro lado de la ciudad. Fenghuang está rodeada por un muro que en la antigüedad tenía la función de proteger sus límites. Hoy en día, los turistas pueden recorrer secciones del mismo y entrar a sus torres.

Las calles aún conservan un diseño antiguo, hecho a base de piedras cortadas de forma rectangular y luego unidas. Los tejados de la casas están cubiertos con tejas de cerámicas y confeccionados a base de una combinación de ladrillos y madera.

GASTRONOMÍA AUTÓCTONA

Un recorrido completo puede tomar entre dos o tres días. La ciudad se encuentra dividida por el río TuoJiang. A lo largo del río ambas secciones despliegan una considerable cantidad de negocios que venden objetos de recuerdo. También abundan restaurantes y bares en los que es posible degustar un tradicional té verde o disfrutar de un plato de patatas fritas o espagueti a la boloñesa, aunque la mejor opción es optar por la cocina tradicional.

Fenghuang guarda sorpresas para aquellos que transitan por sus calles. Hay jaulas repartidas por toda la ciudad con aves desconocidas y animales que prefiero no mencionar, lo que presenta dudas acerca del origen de la carne presente en el menú.

Lo que en Panamá se considera como comida china difiere un poco de lo que se encuentra en los restaurantes en Fenghuang, donde el picante se aplica con abundancia.

Fenghuang está rodeada por montañas de intenso verdor y atravesada por un río, por lo que el clima es bastante agradable durante casi todo el año.

Durante la temporada baja, cuando los turistas ya han partido en su mayoría, recorrer las estrechas calles de esta magnífica ciudad resulta una delicia, especialmente por el sector que está próximo al río. Si la temperatura desciende uno siempre puede entrar en un bar para tomar un té o un café.

Recorrer el río que atraviesa Fenghuang puede ser, sin duda alguna, un recuerdo imborrable para cualquiera. Es posible navegar por él utilizando una canoa amplia, hecha de madera y con techo por si llueve. Estas se mueven empleando remos o simplemente siguiendo la corriente, para lo cual el conductor (que casi seguro será un nativo de Fenghuang) empleará un palo alargado para mantener la canoa dentro de la ruta, evitando así embestir otras embarcaciones. Al final del tramo es posible probar un vino hecho a base de arroz. ¡Salud, aventureros!