25 de Feb de 2020

Cultura

‘La banalidad ha matado a las letras’

En un mundo donde se le rinde culto a la celebridad y al sensacionalismo

‘La banalidad ha matado a las letras’
‘La banalidad ha matado a las letras’

PANAMÁ.

Pablo Urbanyi publicó su primer libro, una colección de historias cortas agrupadas bajo el título Noche de revolucionarios en 1972 . A este primer esfuerzo le seguirían Un revólver para Mack (1975), En ninguna parte (1981), De todo un poco o de nada mucho (1988), Nacer de nuevo (1992), El zoológico de Dios (2010) y Cuentos desagradables (2013). Facetas conversó con este autor, cuya novela Silver fue finalista del Premio Planeta de Argentina, país que se vio forzado a abandonar en 1977, huyendo de la situación política imperante.

EN TU LIBRO ‘CUENTOS DESAGRADABLES’ MENCIONAS EN LA DEDICATORIA ‘SALVARSE DE LA CULTURA IDIOTA’. ¿A QUÉ TE REFIERES?

‘La cultura idiota’ es el título de un artículo de Carl Bernstein, quien fue uno de los periodistas que investigó el caso Watergate en 1972. El artículo apareció en 1992, veinte años después del suceso. Es demoledor. Denuncia la mitología del periodismo de ‘investigación’ y la decadencia de la prensa estadounidense que se ha dejado llevar por una autocongratulación injustificada. Cada vez más los medios de comunicación crean un país ilusorio y embaucador, desfigurado, irreal, desconectado de la vida y de la realidad. Se privilegia lo trivial, lo numérico, el culto a la celebridad, el chismorreo, el sensacionalismo y la noticia del minuto que nada dicen del estado real de la sociedad. El resultado es ‘La cultura idiota’, una telaraña de banalidades y de la que quisiera que se salvaran mis nietos, cosa nada fácil.

¿CREES QUE HOY DÍA ES POSIBLE ‘SER ESCRITOR’ ENTRE TANTO ESCRITORES QUE DESFILAN POR LAS FERIAS DE LIBROS, LAS EDITORIALES, LOS BLOGS, LAS ENTREVISTAS Y LAS INNUMERABLES ANTOLOGÍAS?

Creo que tocaste un punto muy importante y muy actual. Es más, creo que está relacionado con tu pregunta y mi respuesta anterior. Por lo menos en lo que se refiere a la cultura. Uno se pregunta: ¿qué demonios ocurre ahí afuera con esta facundia obsesiva en la que no conozco prácticamente a nadie que no se haya puesto la etiqueta de creador? Me recuerda la década del 70 en la Argentina en la que todo el mundo quería ser periodista. Yo lo era en el diario ‘La Opinión’ y llegaban a mis manos pedidos de consejos para desempeñar el oficio, y dicho de manera más popular, pedidos de acomodo. Claro que ser periodista en aquel tiempo significaba estatus pero no se pensaba tanto como ahora, lograrlo como ‘ser escritor’. Lo numérico, fomentado por la industria cultural (concursos, congresos, talleres literarios, títulos de escritores con maestrías y con doctorados universitarios); el abaratamiento de costos de edición (cada autor con su editorial), la conducta populista hasta de los Premios Nobel; las lecturas públicas como maratones de lo que debería ser un coloquio solitario, meditado e íntimo entre el autor y el lector, han banalizado totalmente lo que se llamó ‘literatura’. Literatura banal para la cultura banal. Uno no sabe si reír, llorar o aullar ante congresos de 200 escritores, asociaciones de 3 o 4 mil poetas en la Internet o peor, el grupo ‘Escritores y sus libros’ con 7,600 miembros. Vamos, un poco de ironía a lo norteamericano: se hizo un cálculo de cuantas botellitas yuxtapuestas por los extremos serían necesarios para rodear la Tierra. Hagamos uno similar, sin contar a los clásicos a los que no sólo hay que leer, sino releer, ¿cuántas vidas serían necesarias para leer tantos libros publicados, a veces 3 o 4 por escritor? Un poco más de ironía, esta producción patológica es coherente con las inundaciones por el calentamiento global.

ALBERT CAMUS DIJO QUE EL MEJOR CAMINO AL SUICIDIO ERA TRATAR DE ENCONTRAR EL SENTIDO DE LA VIDA. Y UNO DE TUS PERSONAJES COMO EN ‘OPTIMISMO A ULTRANZA’ SOLO LE INTERESA ‘ENFRENTAR EL DÍA’, COSA QUE NO LE SALVÓ DEL SUICIDO, ¿CIERTO?

Ahí tenés un cuento para descifrar. Como creo que se escribe con el plexo solar y no con la mente, la reflexión es un fenómeno posterior a la escritura. Cuando terminé de escribirlo y reescribir, no me resultó muy claro, prueba de que en general, aunque hable de sus intenciones, el escritor no siempre sabe lo que hace o logra lo que quiere. Sí, es verdad lo que citás de Camus, de lo que no estoy seguro es de que si es aplicable cien por cien a ese cuento. Por un lado, el cuento quiso ser una crítica a ese optimismo fácil y superficial de la vida, la famosa ‘actitud positiva’. Por el otro, ¿qué es lo que ocurre realmente allí? ¿Hay un ‘enfrentar el día’ y un suicidio reales, o un sueño y un ‘dormir’ las 24 horas que equivale a un suicidio? Rompecabezas para el lector.

VEO MUCHOS TEMAS PLANTEADOS EN TUS LIBROS. Y EN ‘SILVER’, LA NOVELA CON LA QUE LLEGASTE A FINALISTA DEL PLANETA EN 1994, ¿ES POSIBLE QUE HAYA UN TEMA SILENCIOSO, LA LIBERTAD (HACER SU PROPIA VIDA Y NO QUE TE LA HAGAN), MÁS ALLÁ DE SI ERES CONSIDERADO UN SIMIO O UN SER HUMANO?

Excelente pregunta por lo actual. ‘Silver’, creo, es una metáfora sobre la libertad del ser humano. La idea básica me la dio un cuento de Kafka pero el motor inspirador fue el libro ‘El corazón bien informado’ de (Bruno) Bettelheim, cuyo subtítulo ‘La autonomía en la sociedad de masas’ es todo un planteo. Sí, es posible ese tema silencioso si te quedás en tu habitación. Pero si salís, es para encontrarte, como Silver, en una gran cárcel cuyas rejas están disimuladas entre las ramas de los árboles. El ‘siempre fue igual’, no tiene validez. Antes, cuando llamabas por teléfono a una entidad comercial, te atendía una persona, ahora oís: apriete uno, apriete dos, un simulacro de la libertad y la democracia. Podría parecer algo humorístico pero ya te están haciendo tu vida, una metáfora de tu vida entera.

ERES DE ORIGEN HÚNGARO, CRECISTE EN ARGENTINA Y VIVES DESDE HACE MUCHOS AÑOS EN CANADÁ. ¿TE PREOCUPA, EN TÉRMINOS GENERALES, EL ASUNTO DE LA LLAMADA IDENTIDAD? ¿TE AGOBIA O LO TOMAS CON HUMOR?

No, la identidad no me preocupa. Me eduqué como argentino y sigo siendo tal. Me preocupa y me agobia la mediocridad del medio en el que estoy viviendo. De allí nace la nostalgia, el deseo de volver. Y cuando vuelvo por un tiempo, ya no encuentro la Argentina que dejé, sino la misma mediocridad en la que vivo en Canadá. La globalización no es un fenómeno teórico. Es verdad que hay excepciones, pero, la nostalgia, ¿no es realmente el deseo de tener otra vez 15 años?