22 de Feb de 2020

Cultura

Delegación judía visita al papa Francisco

La reunión marca el inicio de una nueva era en las relaciones entre el Vaticano y el pueblo judío

E ra un miércoles 17 de septiembre. Empezaba a caer la noche en Roma, Italia. Un bus transportaba a casi cuarenta presidentes de comunidades judías del mundo, la mayoría latinas, y unas diez europeas. El conductor los dirigía a un destino impensable para cualquier judío: una cita con el papa.

Solo cinco años atrás, habría sido inimaginable que el sumo pontífice recibiera a un grupo de judíos en la intimidad de su residencia, alejado de formalismos y protocolos, para estrechar relaciones interreligiosas.

No era, sin embargo, la primera vez. El año anterior, para las mismas fechas, otro grupo de hebreos había mantenido un encuentro con la más alta representación católica con el propósito de desearle ‘Shaná Tova u metuka’ o lo que es lo mismo que ‘un año dulce’. Pero si el año anterior había sido un hito, en esta segunda ocasión se sembraba una tradición.

Entre los invitados se encontraban dos representantes de la comunidad hebrea panameña: el rabino Kraselnik, de la sinagoga Kol Shearith; e Isaac Btesh, presidente del Consejo Central Hebreo de Panamá.

Antes de llegar, el coordinador de protocolo, al tanto de la efusividad de los latinos, había advertido a los visitantes: ‘No se pongan muy confianzudos’ con el papa Francisco’.

‘En ese momento pensé que el comentario estaba de más’, comentó posteriormente Kraselnik. Pero después entendió la razón: ‘La calidez que transmite el papa es contagiosa y uno se olvida con quién trata. La gente toma confianza a tal punto que les provoca darle un abrazo o conversar sobre cualquier otro tema’, relató el rabino Kraselnik, también argentino.

Cuando llegaron a su destino, los invitados fueron conducidos a un salón amplio, en donde los esperaba, vestido de blanco, el papa Francisco.

Este se tomó el tiempo para saludarlos, estrechando la mano e intercambiando unas breves palabras con cada uno de ellos.

Después, se acomodaron en un semicírculo para escuchar al papa por cerca de 15 a 20 minutos. Los representantes de las comunidades le entregaron al pontífice presentes, acomodándolos sobre una mesa. Él observó y agradeció las atenciones.

La visita se daba en un momento clave. No solo coincidía con el inicio del nuevo año hebreo, sino que el papa había regresado recientemente de una visita a Tierra Santa, justo cuando las relaciones de Israel con los palestinos se tornaban difíciles.

El papa Francisco habló con la sinceridad y sencillez que le caracterizan. ‘Los cristianos estamos sufriendo con la política de ser echados del Medio Oriente. Muchos han dado su vida, como mártires’, dijo Francisco, con toda la intención de comparar la suerte de los cristianos con la persecución que vivieron los judíos durante el Holocausto, durante la Segunda Guerra Mundial. Enseguida agregó: ‘Hay que pedirle al Señor que tenga piedad de nosotros en este momento que nos toca a nosotros. En otro, ya les tocó a ustedes’, dijo.

Después, indicó que el mundo está librando la Tercera Guerra Mundial, pero que, a diferencia de los dos enfrentamientos anteriores, desarrollados de golpe, en esta ocasión se está dando por episodios’.

‘Un papa jamás ha comparado la suerte de los dos mil años de exilio del pueblo judío con el pueblo cristiano. Esto fue muy emocionante’, dijo Isaac Btesh, quien definió a Francisco con tres adjetivos: genuino, humilde, y sensible.

Para Btesh, uno de los puntos medulares de esta reunión es que lo que ocurre en el Vaticano redunda como una ola expansiva alrededor del mundo y, en nuestros tiempos, de forma más instantánea. ‘Los tiempos cambian, los estereotipos se desvanecen y los derechos humanos penetran en todos los rincones del mundo. Las personas van a dejar de ser perseguidas solo por el hecho de tener una creencia distinta’, dijo Btesh.

Fue una reunión histórica y singular, que dejó a los visitantes impresionados por la singularidad del papa, por su espontaneidad y calidad humana.

‘Es un sentimiento singular. Un cambio, no de forma, sino de fondo, en la manera en que se mira al pueblo judío. Nunca antes se habían estrechado los lazos de esta forma; ahora se siente una hermandad entre ambas religiones. Es una nueva tendencia de la Iglesia, sembrada por el papa Juan Pablo II, pero que Francisco ha tomado como un proyecto personal’, resume Btesh.

‘Lo que me impactó a mí’, agrega Kraselnik, ‘es que después de que fuéramos presentados formalmente, le comenté que mi cuñado, Daniel Goldman, un rabino que reside en Buenos Aires, lo conoce. Él me pidió que le mandara saludos. Al irnos, cuando me fui a despedir de él me dijo: ‘acordate de mandarle saludos a Daniel’.

Después de la convivencia de una hora de duración, el papa se despidió estrechando las manos de cada uno de sus invitados. Se iniciaba una nueva era en las relaciones del papa y los judíos del mundo.