Temas Especiales

02 de Dec de 2020

Cultura

Una colección inspirada en Jesús

En la iglesia Nuestra Señora de La Merced se instaló el primer Nacimiento permanente del Casco Antiguo

Maximiliano Lorenzo sabe de plantas, de cultivos y de la tierra. Eso lo aprendió con su padre, un hombre muy trabajador y religioso. De esto último también aprendió un poco. En El Jobo de Piedras Gordas (Coclé) creció en medio de las actividades de campo. De maquetas sabía lo mismo que de manejo con los medios de comunicación. Pero la tarde del domingo 30 de noviembre, cada faceta tuvo que aflorar.

Mientras el público se apresuraba para ver el primer Nacimiento permanente instalado en el Casco Antiguo, Lorenzo también mostraba prisa. Sobre él recaía la responsabilidad de esa labor. Desde hace unos diez años trabaja en la residencia de la señora Teresa Bernal Ponce como jardinero, a quien previo a cada Navidad ayuda a montar las escenas relacionadas a la natividad de Jesús. Este año, por primera vez, hizo ese mismo trabajo fuera de esa casa, gracias a que sus empleadores decidieron donar lo que bien puede considerarse una obra de arte inspirada en el cristianismo.

Un mes le tomó armar la hechura. ‘Acá tenía menos ayudantes que en la casa de la señora’, expresa en tono de disculpa el jardinero. Durante esos 30 días tuvo que colocar las 119 figuras humanas, los 234 animales y las 21 casas de forma ordenada, en las 17 escenas que contiene la muestra.

Pero no fue solo acomodar. En el proceso de transporte de las piezas, algunas sufrieron accidentes. Caballos quedaron sin cola, hombres sin brazos, y aunque muchas de ellas fueron compradas en el extranjero, no había razón para entrar en pánico. Con yeso y pintura, Maximiliano es capaz de hacer milagros.

Este hombre confiesa que diez años atrás no tenía idea de que podría llegar a hacer tales labores. Cuando ya iba a cumplir un año con esta familia —rememora el artista— ve a la señora de la casa sacar las piezas del Nacimiento y ésta le pide ayuda. En aquella época, ella ya tenía 30 años armando la maqueta navideña, él se estrenaba. Recuerda que su jefa le indicó que conseguiría más piezas para la próxima Navidad. Y luego fueron tantas que no cabían en la sala, la demostración tuvo que ser llevada a la terraza.

La representación que lo acreditó como el armador oficial del Nacimiento fue el templo de Herodes. La señora Teresita le preguntó si él podía hacer ese ejemplar. Le mostró una imagen que buscó en la computadora y entonces, copiando el patrón, él empezó a trabajar. Lo hizo en hielo seco, cuenta con algo de pena. Para excusarse, sigue explicando que era la primera vez que hacía algo como eso. La verdad fue que su patrona quedó muy complacida con lo hecho por el principiante y decidió ir comprando otros materiales para acicalar la colección.

Esta recopilación de piezas es única. La primera razón es porque muchas fueron elaboradas por Maximiliano (como las casas, algunas herramientas de trabajo y otras estructuras que forman parte de la serie) y la otra, es que algunas imágenes fueron traídas del extranjero, incluso recuerdos tan simbólicos como agua del río Jordán y arena del Mar Muerto.

Algunas figuras son especiales por las adecuaciones que le ha tenido que hacer el jardinero, por ejemplo la imagen de la virgen María cuando fue a visitar a su prima Isabel no tenía barriga, por lo que se le colocó una con yeso. También llegó a sus manos un San Judas Tadeo, al que se le quitó la lengua de fuego, se le puso mitra y se pintó para hacerlo ver como un sacerdote. Y así, a lo largo de las 17 escenas se pueden observar llamativos detalles, corrales, arados, gallineros, fruteros, chancletas, sandalias, botas, palomares, palmeras, que son tallados por las manos del coclesano.

Usa madera, cortezas de árboles, musgo, corcho, tela y cuanto se le ocurra le pueda servir para obtener la escena adecuada.

Ahora, Maximiliano es un experto en lo relacionado al nacimiento de Jesús, sabe de camellos, de posadas y hasta un tanto de tradiciones orientales. Conoce muy bien lo ocurrido antes, durante y después de la llegada al mundo del Salvador.

La colección estará abierta al público todo el año en el segundo piso de la iglesia Nuestra Señora de La Merced. Eso fue lo que motivó a la familia Bernal Ponce a hacer la donación. En su casa, solo estaba al acceso de sus conocidos y por un corto tiempo.

Desde el domingo pasado, todo el que desee apreciar la muestra lo podrá hacer, sin más restricción que los horarios del recinto.