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05 de Feb de 2023

Cultura

Ciudad del Saber, paradigma urbano

Punto de encuentro del conocimiento, el sector se ha ido levantando como un ejemplo de desarrollo sostenible y atractivo cultural

Caos vehicular, autos pitando, gente que se lanza a la estampida de carros en las avenidas. En la metrópoli la relevancia del peatón se difumina como las líneas del cruce de cebra entre el asfalto.

Pero conforme uno se va adentrando a las áreas revertidas, el follaje del Parque Metropolitano y las áreas verdes espontáneas amortiguan gradualmente el ruido hasta llegar a Ciudad del Saber, un campus que evidencia discretamente el desorden en el que está envuelta la capital istmeña.

POR LAS CALLES DEL CONOCIMIENTO

De 120 hectáreas, más del 60% son áreas verdes. Un paisaje propio de esta zona a pocos metros del Canal de Panamá, y que convive en armonía con los 225 edificios que se erigen en este complejo.

Fue en 1996 que un grupo de empresarios panameños intentaron crear una ‘plaza socrática’, tal y como lo menciona la publicación ’Ciudad del Saber: Un legado en construcción’ (2010), autoría de Eduardo Tejeira Davis. Un proyecto de Estado que sería manejado por una fundación privada sin fines de lucro con el mismo nombre y que hoy acerca al país a la red de conocimientos del mundo.

Uno de los principales retos arquitectónicos, detalla la misma publicación, fueron las edificaciones, ya que se trataba de una base militar —Fuerte Clayton— que estuvo activa 79 años. Sin embargo, se optó por conservar las fachadas, que poseen arquitectura zoneíta típica de la milicia norteamericana en el istmo, y se hicieron considerables modificaciones internas, algunas incluso externas como la torre acristalada del edificio 227.

Lo que antes eran barracas y habitaciones de soldados de distinto rango, hoy le dan lugar a instituciones académicas, organizaciones internacionales de desarrollo y empresas innovadoras. Éstas trabajan en conjunto entre sí para darle vida al discurso fundamental de Ciudad del Saber: una comunidad que hace posible la colaboración empresarial, académica, científica y humanística; para lograr ‘un horizonte más humano y sostenible basado en el conocimiento’.

Por eso no es sorpresa que dentro de esta ciudad se encuentren cuatro edificios que poseen certificación LEED (acrónimo de Leadership in Energy & Environmental Design) como ‘La Plaza’, una construcción con una disposición tal que permite la ventilación natural cruzada y elementos que le hacen frente a la luz solar, lo cual demuestra que las condiciones climatológicas tropicales son un reto pero no un impedimento para desarrollar una arquitectura sostenible.

Otro ejemplo es el nuevo edificio de dormitorios, que según Tania Guardado, gerente de hospedaje, consiste en cuatro módulos que albergan alrededor de 90 habitaciones con un diseño de persianas que evitan que el edificio se asolee en exceso; además de espacios para convivio y sensores para encender y apagar el aire y luces. Mientras que, en la entrada, está una terminal donde llega tanto el sistema de Metrobus como el de buses internos, estos últimos con la intención de que el visitante de Ciudad del Saber no utilice su auto propio dentro de las instalaciones, y reduzca el impacto ambiental. Asimismo, las nuevas instalaciones de la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología e Innovación (SENACYT), el Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología (INIDICASAT AIP), y el Centro Nacional de Metrología de Panamaá (CENAMEP AIP), recibieron la certificación LEED.

Algunas de las calles de esta pequeña ciudad eco amigable reciben el nombre de los mártires del 9 de enero de 1964, una forma de homenajear a quienes lucharon por esta causa, y por las cuales circulan a diario unas siete mil personas de nacionalidades, edades y ocupaciones distintas, dentro de este complejo.

EMPLAZAMIENTO CULTURAL E HISTÓRICO

Gran parte de los visitantes que han llegado a Ciudad del Saber en algún momento, según indica Eduardo Araüjo, vicepresidente de comunicaciones de Fundación Ciudad de Saber, se debe a los eventos culturales que cobran vida en este campus. Desde el anual Panama Jazz Festival hasta proyecciones de películas, conciertos, congresos, seminarios y otros eventos dirigidos a especialistas y al público en general.

Aunque antes se pensaba que Clayton estaba muy aislado del centro metropolitano, hoy la realidad es distinta. ‘Está suficientemente lejos de la ciudad como para que haya un ambiente de tranquilidad y de paz que permita que esto sea un campus —dice Araújo— pero está bien conectado ahora a través del Metrobus, y de éste al metro’. Menciona que uno de los indicadores de que la gente no deja de venir a Ciudad del Saber ‘porque queda lejos’ fueron las temporadas de la Asociación Nacional de Conciertos, una de las primera instituciones culturales importantes que comenzaron a usar el Ateneo. ‘Tenían miedo de que sus abonados y su público no vinieran, acostumbrados a ir al Teatro Nacional’, formula.

La Alianza Francesa, por otro lado, es una más de las ofertas culturales que se han consolidado en el campus. El desarrollo de estas y otras actividades se ha ido dando gracias a los espacios y las instalaciones habilitadas, como el Centro de Convenciones de Ciudad del Saber y las salas para conferencias, así como el Templo Ecuménico. A esto se suman las áreas al aire libre, donde en otros tiempos los soldados del Fuerte Clayton desfilaban y entrenaban, y que hoy acogen el campeonato de ‘ultimate frisbee’ y a la Ciudad Deportiva Kiwanis, con sus 24 hectáreas.

Otro proyecto interesante que, aunque ya recibe visitantes, se inaugurará oficialmente durante los primeros meses del año siguiente, es el Centro de Interpretación. Se trata de la casa donde vivía el oficial de más alto cargo, convertida hoy en un museo que sumerge al visitante por la historia del Fuerte Clayton y la hoy Ciudad del Saber. Manuel Rivera, del Centro de Interpretación de Ciudad del Saber explica que únicamente el oficial de mayor jerarquía podía vivir en una edificación junto a su familia. Los demás, aún con alta jerarquía, debían compartir casa entre dos, tres o hasta cuatro familias. Agrega que no habían muchas fotos cuando se realizó la documentación para replicar los interiores de la casa del comandante, pero que la remodelación se guió por fotos de interiores de hogares del barrio Quarry Heights, ubicado en las faldas del Cerro Ancón.

Uno de los nombres que más resaltó dentro de la arquitectura de la antigua Zona del Canal fue Samuel M. Hitt, la mente detrás del diseño del Hospital Gorgas (actualmente oficinas ocupadas por el Ministerio de Salud) y quien finalizó el Edificio de la Administración del Canal en Balboa. Luego en la década de los 30, según el ejemplar de Jorge Tejeira, el arquitecto diseñador Rolland C. Buckley (quien visualizó el Century Club, hoy la —agonizante— Biblioteca Eusebio A. Morales) diseñó unas catorce casas (que actualmente son los edificios 355 – 368) en Ciudad del Saber, que representan el ideal de casa ‘tropical’ por excelencia.

Esta arquitectura, una edificación moderna con techos tejados, aún perdura en el campus. Es, de hecho, la línea arquitectónica que le da identidad a las áreas revertidas. Dentro del Plan Maestro, éste es uno de los lineamientos, el de respetar la arquitectura; no obstante, obviar la imitación en edificaciones actuales, sino que las nuevas construcciones destaquen como edificios modernos de esta generación.

VIVIR EN CIUDAD DEL SABER

‘Creo que lo que sobresale de todos nosotros es el amor a la naturaleza, el amor al arte, a la cultura, los beneficios para nuestros hijos, para nuestro futuro, y sobre todo la realización de un sueño en común que es el bienestar, el placer de convivir’. Así describe Yomira John a la comunidad de residentes de Ciudad del Saber, los cuales en total suman alrededor de 400 habitantes.

La artista comenta que escogió este campus como su hogar por su paisaje, que está lejos de estar contaminado por construcciones muy elevadas. ‘(Me gusta) la tranquilidad, el espacio bien repartido, el equilibrio entre la naturaleza y el resto de los humanos’, dice, y agrega que la convivencia con los vecinos es bastante espontánea. ‘En el poco tiempo que tengo de estar aqui, tengo relaciones muy estrechas con familias panameñas y mamás de otros países. Ha sido muy enriquecedor en muchos aspectos la vida con los vecinos’.

Cuando le preguntan si cree que la urbe capitalina debería adoptar a Ciudad del Saber como modelo urbanístico, su respuesta es afirmativa. ‘Sería muy bueno que se tomara en cuenta la planificación que existe aquí y el cuidado y la atención que reciben los árboles, la orquestación que hay de la naturaleza con las casas con los parques —explica John— Todo esto sería conveniente, la organización de las calles, los nombres, algo que visualmente no empañe tanto la visión, que nos de respiro, que nos de alegría, que tengamos deseos de salir a caminar; esto creo que sería importantísimo que se tome en cuenta para urbanizaciones modernas, que realmente no cuentan con el bienestar auditivo y visual’.

La cantante aprovecha para comparar los eventos al aire libre en la ciudad con los del campus ubicado en Clayton. ‘Los espacios de convivios (en la ciudad) muchas veces están a la intemperie sin mucha gracia, ni el donaire de un árbol frondoso o de una fruta exótica, que es lo que tenemos por acá’. Además, señaló que uno de los principales ventajas para el peatón es la conservación de las aceras. ‘Acá se puede caminar porque hay aceras, que están prácticamente desaparecidas en el resto de la ciudad de Panamá’.

Sobre si Ciudad del Saber se ha puesto de acuerdo para trabajar en conjunto con instituciones gubernamentales en el tema de desarrollo urbanístico sostenible, Eduardo Araújo menciona que esto no se ha dado, pero que el simple hecho de dar el ejemplo marca un precedente. ‘Tenemos relaciones de colaboración con muchas instituciones del estado y con la Alcaldía en iniciativas puntuales, pero esto ocurre más bien por ósmosis. Digamos que, ser un buen referente de urbanismo sostenible y ser un buen referente en otros ámbitos, es una cosa que nosotros pensamos que permea en la sociedad mediante el ejemplo’.

En 2012, en el Ateneo de este mismo campus, una entonces joven estudiante de arquitectura, Ana Victoria Esquivel, le mostraba a la audiencia del ‘Pecha Kucha Night’ un dibujo de su hermano menor con edificios apilados junto a casas frente al mar. ‘Así es como pienso yo que debería ser la ciudad de Panamá, las casas pequeñas y los lugares de menor escala deberían estar en frente y los edificios más altos deberían estar atrás, así el mar les pertenece a todos y no solamente a las personas que pueden pagarlo’, explicaba el infante, lo que da pie a la interrogante: ¿es realmente el modelo actual de ciudad de la capital el mejor para esta y las futuras generaciones?