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29 de Ene de 2023

Cultura

Glosas, la cultura de lo breve

A diferencia de otros países, los llamados ‘sueltos’ son una fuente noticiosa vigente en Panamá. Incluso son parte del folclor

Hubo una época en Panamá en la que el sinónimo de entretenimiento era la radio. Cruzando el charco los nazis se rendían en Stalingrado mientras por los auriculares de la radio istmeña brillaban las voces de cientos de actores de renombre.

Dos emisoras gobernaban sobre el dial. En una de ellas, un joven Guillermo Rodolfo Valdés hacía gala de sus cuerdas vocales; y en su tiempo libre terminaba una pequeña columna llamada ‘Radiales’. Tenía apenas dieciocho años y aquella colaboración se la publicaban los jefes de redacción de los diarios. Era su pasatiempo, una forma de aplacar la necesidad de expresarse en un formato alterno a la radio. Se trataba, nada menos, que de una columna de glosas en las que hablaba de sus amigos, los actores de radio; es decir, las primeras glosas escritas en Panamá fueron de farándula.

‘Guillermo fue desde muy joven seguidor del periodismo norteamericano –recuerda hoy don Rodrigo ‘Cañita’ Correa, uno de los colegas y amigos durante muchos años del actual nonagenario­–. Y se buscó muchos problemas con eso porque él era muy atrevido, muy picoso’.

La idea la había adoptado de un periodista estadounidense del que era seguidor, un tal Walter Winchell, que había empezado a escribir los populares ‘gossips’ a modo de glosas cuando el género del jazz nacía en los puertos de Louisiana. El periodista McKelway decía que hasta esa fecha, aquel pueblo norteamericano no se enteraba de los rumores maritales de las figuras públicas hasta que se tramitaban los divorcios en las cortes, ninguna publicación estadounidense había hecho algo parecido a lo de Winchell con anterioridad. En otras palabras, es una práctica periodística que prácticamente se erige como la versión beta de canales de televisión y miles de publicaciones dedicadas exclusivamente al universal ‘gossip’. Chisme, bochinche. Una de las industrias que hoy engendra personajes tan insustancialmente emblemáticos como Kim Kardashian.

PIONEROS

La pluma de Guillermo R. Valdés fue madurando y su talento respaldó el fichaje que le hizo el diario La Hora . Aquí nace una de las columnas de glosas más memorables del país, ‘A mi modo de ver’. ‘Guillermo entró en un momento muy importante de la vida política de Panamá y ya escribía sobre el acontecer nacional. De ahí fue apareciendo mucha gente haciendo glosas’, rememora Correa.

Valdés iba mucho a los locales más importantes de Panamá en busca de información. En la Plaza Cinco de mayo estaban los bares donde acudían los políticos. Los grandes políticos de una ciudad pequeña. Bastaba con darse un paseo cerca de la Catedral para toparse con reuniones, pláticas y también varios colegas. El poder no era un secreto y sus planes se vociferaban a la vuelta de la esquina.

El hijo del escritor ‘Nacho’ Valdés vivía el periodismo las 24 horas del día, según cuenta Correa. Esto lo llevaba a la calle a reportear, a oír y luego publicar la información de una ciudad que acababa en Río Abajo a través de unas cuantas líneas célebres, las glosas. Eran épocas en las que el oficio se hacía con pasión, por eso en una sala de redacción habían desde maestros hasta un fontanero. Los diarios se armaban de la mano de plumas empíricas.

Al cabo de muy poco tiempo, los directores de los otros diarios optaron por tener una columna de ese tipo. ‘Guillermo fue el creador y esa idea la trajo de Estados Unidos’, reafirma el fundador de KW Continente.

LA GLOSA EN EL TABLOIDE

En 1973, Rubén Murgas, uno de los últimos hombres en Radio Nacional cuando fue bombardeada durante la invasión, entró en el periodismo. Recuerda que en aquel entonces el tabloide Crítica estaba enriquecido por columnas de deporte como las de Bienvenido Brown o las de Papi Méndez, quien se inmiscuía en los gimnasios a dar cuenta de qué boxeadores estaban entrenando. ‘En Panamá el boxeo era una religión de todos los panameños’, dice.

Las glosas siempre le llamaron la atención por ser una manera rápida de hacer periodismo, pero hoy esta herramienta se ha transformado. ‘Si tú me preguntas quién era el rey de las glosas en Panamá, era Guillermo Rodolfo Valdés, pero la glosa blanca no la petardista’, comenta Murgas esclareciendo que las líneas de don Valdés eran netamente informativas. ‘Eso degeneró en el petardo y en el anonimato, que es lo más peligroso’.

Con el tiempo el periodista llegaría a director de La Crítica , y se encargaría de crear la columna de glosas ‘Crítica en su salsa’. Aquellos retazos de información encontraban hogar en uno de los tabloides más leídos de la época y se convertía en un éxito. Todo el mundo quería aparecer ahí. La jerarquía de una primera plana menguaba ante las glosas. Un escenario parecido al que se vive hoy, ya que algunos gloseros aseguran que, en determinados casos, las personalidades políticas le temen más a una glosa que a un reportaje investigativo.

EL JUEGO DEL PODER

A mediados de los 70, Omar Torrijos tenía claro que su Estado Mayor –un grupo de oficiales con funciones administrativas, logísticas y de planeación, bajo su dirección– no se movía, y la gente debajo de él necesitaba ascender. Suena el teléfono y Rubén Murgas contesta, es Manuel Antonio Noriega.

‘Rubén, ¿tú puedes anunciar que muy pronto serán ascendidos a teniente coronel los mayores Roberto Díaz Herrera y Cecilio Eloy Fisher?’, se oye al otro lado de la línea. Aquella declaración no solamente evidenciaba un tono provocativo, sino también la separación que había dentro del poder. ‘Tú tíralo, tú resiste –insiste Noriega–. Si te van a matar, entonces dices que fui yo’. De parte del gobierno no hubo represalias, pero el impacto fue tal que a los seis meses la agencia Xinhua contactó a Murgas, tildándolo como el periodista mejor informado de Panamá por vaticinar con tres meses de anticipación el secreto mejor guardado del ámbito castrense.

Incluso el propio Torrijos utilizó las glosas. A finales de los 70, luego de que el General realizara una movida de relaciones internacionales sin consultarle al canciller Aquilino Boyd, este último anunció su renuncia por televisión. ‘Torrijos estaba como despechado, como cuando una novia te deja (risas). Le dolía la renuncia de Aquilino porque era un hombre de mucho prestigio’, cuenta Murgas. El General lo llamó y le dijo: ‘Oye, Rubén, puedes ponerme una glosa ahí... Di que yo le mandé la aceptación de la renuncia por helicóptero a Aquilino’. Aún con resquemor en sus palabras, la máxima autoridad militar del momento ordenó publicar una glosa que diera entender que la renuncia la aceptaría no solo con gusto sino que a la mayor brevedad posible. ‘Y así... ése era el juego del poder. El poder se daba’.

‘El General gozaba mucho con las peleas entre la gente de abajo’, continúa el hoy locutor de Omega Stereo. Las glosas eran también una especie de ring donde la gente del poder se batía a duelo. A pesar de que eran ‘aliados’, Fito Duque y Noriega tuvieron roces, como en una oportunidad en la que Noriega le dio una glosa a Rubén Murgas: ‘Dile a Fito que llame al 222-1703’. ‘¡Todo Panamá llamó a ese número!’, comenta entre risas Murgas. Se trataba del número de la Cárcel Modelo, el centro penitenciario por el que Duque habría pasado cuando Torrijos recién se hacía con el gobierno.

‘Crítica en su salsa’ llegaría a su fin con una glosa infiltrada en contra del Sindicato de Periodistas en 1978, el cual Murgas estaba a punto de presidir. Sabía que el régimen militar estaba detrás de aquel golpe bajo y habló con ’el hombre fuerte’: ‘Mire, yo me voy, coronel, eso es como que yo me meta en su cuartel a dar una orden’, le dijo. En ese momento Rubén Murgas dictaminó el futuro de ‘Crítica en su salsa’: ‘Voy a matar la columna’. Los editoriales reconocerían el carácter. ‘La salsa muere con las botas puestas’, esbozaban otras columnas. ‘La matamos, y yo tomé las medidas para que vean que había un control, pero las glosas tenían una credibilidad muy grande’.

Y QUE NADIE LLORE

Ante el éxito de las glosas, La Estrella de Panamá , con Armando ‘Fito’ Duque a la cabeza, uno de los dos periódicos en formato estándar del país en ese momento, se vio obligado a sacar glosas, y nació ‘La Llorona’. ‘Y que nadie llore’, era el grito que siempre tenía durante la era militar. Y se da la resurrección de la tendencia, desde aquél entonces todos los periódicos tenían que tener glosas.

‘Yo dije, bueno, Crítica tiene que volver a las glosas’, comenta Murgas, y le dio vida a ‘Desde el Cafetín’, una columna de glosas que era firmada, los periodistas se turnaban, y aprovechaban en firmar porque esto les daba renombre. Las glosas se convirtieron rápidamente en una referencia de credibilidad periodística. ‘Tenían más credibilidad que la primera plana, y a mí eso me empezó a molestar, como orgullo’. El diario Crítica tenía de columnista a García Márquez, pero la gente le atribuía las ventas a las glosas.

Las glosas siempre tuvieron la cualidad de anticipar movimientos políticos. Durante el gobierno de Torrijos, Rubén Murgas se inventó los nombres que irían luego de un cambio de gabinete. ‘Oiga, en el Inocente Mariposa (columna de Crítica) yo hago un gabinete, ¿quiere saberlo?’, le dijo al General vía telefónica. ‘Nombe, déjame gozar mi real’, respondía Torrijos. ‘Rubén, yo no me imagino un ser humano que se pueda acostar sin leer el periódico’, le decía constantemente Torrijos al periodista.

Aunque en aquel momento La Estrella de Panamá estuvo vinculada con el gobierno militar, James Aparicio, quien se encargó de las glosas en el diario desde 1987 hasta 2006, comenta que los temas de los militares no se tocaban.

EL MOTE Y OTROS RECURSOS

Junto con la tendencia del anonimato, el de no firmar las glosas, sucedió la costumbre de encubrir el nombre de la personas involucradas en una glosa.

‘En los últimos 10 años los glosistas se han dado la tarea de ponerles apodos a los personajes políticos. Por ejemplo Bin bin que es Juan Carlos Navarro, le pusieron ese apodo en glosas y se quedó con él. Tortugón, Juan Carlos Varela; al administrador del Canal, El emperador; Chiqui, Martín Torrijos; a Martinelli ya ni me acuerdo de tantos que le han puesto. Cuando haces una lista, las glosas le han puesto apodos a los políticos y a los personajes importantes y la sociedad los asumió como propios. En un país donde todo el mundo tiene un apodo, todo el mundo entonces ahora tiene un apodo producto de las glosas’, asevera Aparicio.

Hay, incluso, según el mismo periodista, glosas escritas en clave, a manera de acertijo; es una glosa tan difícil de hacer como de entender, pero supone una riqueza interesante en el manejo del lenguaje, aboliendo el mito de que solo consiste en sentarse y escribir algún rumor.

Pero lo que en defintiva evidencia el desarrollo y arraigo de este género en la cultura local es que diariamente cada periódico –actualmente 5 o 6 publicaciones impresas– saca entre 10 a 12 glosas, sumando un total aproximado de 60 glosas diarias. ‘Ningún periódico coincide en glosas. Cuando más de dos medios lo hacen es porque quien dio el reporte o el dato se lo dio a varios medios al mismo tiempo’, indica Aparicio.

Y a esto se le suma las glosas que se narran por radio, y las que comentan en la televisión personajes como Casimiro. Aunque existan personas que las critiquen o prefieran no leerlas, las glosas no solo dan de qué hablar, sino que parecen ser el referente informativo de un público istmeño fiel.