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19 de Nov de 2019

Cultura

Una visión de la ciudad egoísta

Sin darnos cuenta, nos hemos acostumbrado a un modelo equívoco que configura nuestra urbe. ¿Dónde está el problema?

Una visión de la ciudad egoísta

Uno de los más grandes cambios vividos durante la última parte del siglo XX fue el hecho de que el mundo pasó de ser rural a citadino.

La mayoría de las personas hoy día vivimos en ciudades, es por eso que los gobiernos locales son ahora tan relevantes. Las alcaldías son las instancias más cercanas al ciudadano y sus regentes son, con sus políticas, quienes más influyen en la calidad de vida de las personas.

Mucho se habla hoy de las ciudades inteligentes, sostenibles, resilientes o abiertas, son muchos los entes internacionales y multilaterales que enfocan sus esfuerzos en apoyar a las ciudades que acometen la labor de ser mejores y seguir alguno o todos estos programas.

He tenido la oportunidad de trabajar, de una u otra forma, en estos temas en algunas ciudades de la región y he llegado a la conclusión que la base de todos estos temas es la de lograr que quienes habitamos las ciudades seamos concientes que no solo debemos servirnos de ellas, que también debemos aportarles y compartirlas.

Los problemas que viven las ciudades de hoy son, de alguna manera, causados por el egoísmo, por el constructor que piensa en beneficiarse a como dé lugar sin darse cuenta que la ciudad que él construye la tendrá que vivir él mismo. El ciudadano que no se involucra en los problemas, como si los temas de su ciudad no fuesen suyos, los mandatarios que se sirven de la ciudad y sus ciudadanos, en vez de servirlos. En general, muchas personas olvidan que la ciudad es un espacio común, que debemos compartirla y pensar en el bien común.

Debemos ser conscientes que las calles no son solo para los carros, que las bicicletas tienen tanto derecho a usar las vías como cualquier camioneta y que, de hecho, alguien que decide moverse de una forma más sostenible —en lugar de salir a contaminar el ambiente— debería recibir un reconocimiento por pensar en el bienestar de los demás.

Si logramos superar el egoísmo ciudadano, lo pensaremos dos veces antes de malgastar el agua o de ocupar el espacio público, que es el espacio de todos, o de contaminar el río que pasa por nuestro barrio o de no ser respetuosos con aquellos que hacen fila para tomar un bus.

Al final, el trabajo es el de concienciar a la mayor cantidad de personas, lograr que desde los dirigentes hasta los empresarios, pasando por los buhoneros, madres, niños y, en términos amplios, todos aquellos que compartimos la ciudad, logremos entender que si no pensamos en los demás, nos haremos la vida imposible y la ciudad egoísta nos enfermará de estrés, del corazón, de la presión y muchas cosas más... Y al final nos descartará como se hace con las cosas que se usan y luego se tiran.

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Pedro Colmenares

GERENTE DE INNOVACIÓN Y ASESOR TIC

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UNA INVERSIÓN PARA EL BIENESTAR

Recientemente España aprobó un presupuesto de 153 millones de euros ($167 millones de dólares) para invertir en un Plan Nacional de Ciudades Inteligentes.

El proyecto intenta mejorar los servicios de las entidades locales en la prestación de servicios públicos a través de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

Los resultados están orientados simple y llanamente a una mejor calidad de vida para la ciudadanía, además de darle un giro a la ciudad, creando entornos atractivos de inversión. Esto último, sin duda, se traduce en un crecimiento económico y generación de empleos.