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15 de Jan de 2021

Cultura

Improvisación, una amena forma de narrar historias

El jazz es un lenguaje; es la habilidad de un músico de comunicarse con los demás y que dependerá de su conocimiento

Un lugar fabuloso para descubrir música diferente, así como para acercarnos a los grandes, es el National Public Radio (www.npr.org). Hace pocos días escuché al gran compositor, pianista y multi-instrumentalista, Keith Jarrett, decir en una entrevista que le hicieran allí a propósito de su reciente cumpleaños número 70: ‘Mi formación académica fue en música clásica. Pero una vez, tocando una pieza muy sencilla de Mozart, no entré a tiempo por estar distraído escuchando la orquesta. El director se volteó y me dijo: ¡No escuches! Eso fue todo para mí. Ese comentario acabó con mi interés de seguir en ese mundo, porque mi razón de ser es escuchar. Cuando improvisas, si no escuchas atentamente, entonces no tendrás nada que decir cuando sea tu turno.' Bastante extremo el director, pero me puedo imaginar cómo se sintió Jarrett, pianista de música clásica también, pero uno de los máximos improvisadores del jazz contemporáneo.

Justo una de las características que más me engancha del jazz es la necesidad de estar en el presente, de escuchar al otro, de conversar entre amigos. Una parte medular de este género es la improvisación: esa capacidad de crear, de reinventarse, esa profundidad expresiva que hace que fluya la inspiración. Fan del jazz en todas sus variantes, creía entender de qué iba aquello de improvisar… ¡Cuan equivocada estaba!

Pensaba que la improvisación era lo que la palabra parece indicar: la interpretación absolutamente libre y al azar del solista, en un momento particular. Me sorprendía cómo cada músico parecía reaccionar y responder a un llamado que, de alguna forma misteriosa, reconocían entre ellos. Jazz es el sonido de las sorpresas, leí alguna vez. Lindo pensamiento, y no deja de ser cierto. Pero si bien es un género de música en el que la espontaneidad y la libertad son esenciales, luego descubro que es una libertad ‘organizada'.

‘En el jazz, la improvisación no significa inventar a lo loco. Como cualquier lenguaje, tiene su vocabulario y gramática particular', explica el gran trompetista de jazz y música clásica, Wynton Marsalis. ‘Eso sí: no hay correcto o equivocado, solo algunas elecciones más acertadas que otras'. La calidad y frescura de esa improvisación dependerá del conocimiento, capacidad de comunicación, destreza con el instrumento y feeling del músico.

Muchos comparan la improvisación con la capacidad de narrar historias. ‘Cuando un escritor desarrolla una historia, usa palabras que se han utilizado antes. Así mismo, el jazz está formado por un grupo de palabras musicales. Esa analogía explica el concepto del jazz como un lenguaje', comenta Jeff Hellmer, profesor de Jazz Studies de la Universidad de Texas. ‘Quien improvisa, utiliza el vocabulario que ya domina, y lo desarrolla para contar su historia en ese preciso momento. Ha tenido que prepararse para ese instante, aprendiendo un vocabulario vasto de jazz.' Y esto no sólo ocurre cuando tocas con otros músicos. Bien dijo Cecil Taylor, que la improvisación es la habilidad de hablar con nosotros mismos.

En un toque de jazz, si el solista está verdaderamente atento a lo que siente, a lo que recién acaba de interpretar su compañero, su solo será novedoso e irrepetible. La melodía de la pieza o ‘head' no es improvisada: se trata del elemento pre-compuesto que sirve de marco estructural para las improvisaciones. Todos los músicos conocen la pieza y el rol de su instrumento, muy probablemente la han escuchado e interpretado muchas veces, pero la estructura flexible del género les permitirá aventurarse en varias direcciones. Esa creación inmediata de una melodía sobre la estructura armónica del tema, es la habilidad a la que dedicarán su vida los músicos de jazz.

Cuando las diversas líneas melódicas se tejen y entrelazan, se superponen e hilvanan, y los instrumentistas desarrollan sus ideas musicales conociendo a fondo el alfabeto y la sintaxis del idioma, el resultado será una experiencia sublime. Un verdadero músico de jazz es un creador de algo único cada vez que hace música; casi podríamos decir que compone música cada vez que improvisa. Y cuando el artista ‘gets in the groove' aquello contagia, elevando al resto.

Algunos de los grandes de la improvisación, músicos que han dejado una huella irrepetible, son el trompetista y cantante Louis Armstrong, uno de los pioneros del género, el saxofonista Charlie Parker, Thelonious Monk, en piano, y el extraordinario Charles Mingus (contrabajo), entre muchos otros. Se puede encontrar muchísimos conciertos de ellos en YouTube. Mientras más aprendamos y escuchemos, sobre todo en vivo, más lograremos apreciar el género, y la genialidad y maestría de los grandes.

Nos daremos cuenta que, el mismo standard de jazz, interpretado por cada uno de ellos, se convierte en una experiencia única. Llegar a esos niveles, tener la capacidad de crear espontáneamente una historia propia, transmitir sensaciones con colores y texturas irrepetibles, atreverte a ser libre, a expresarte con todo lo que eres, a comunicarte con músicos y público, dándote a cada instante y dejándote llevar, ah… Ahí radica la magia del jazz.

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‘‘Quien improvisa, utiliza el vocabulario que ya domina, y lo desarrolla para contar su historia en ese preciso momento. Ha tenido que prepararse para ese instante, aprendiendo un vocabulario vasto de jazz.'

JEFF HELLMER

PROFESOR DE JAZZ STUDIES