25 de Feb de 2020

Cultura

Entre España y América: un viaje de ida y vuelta

Para las sociedades precolombinas, la música, al igual que el resto de las artes, formaba parte del orden de la vida diaria con el Cosmos

Entre España y América: un viaje de ida y vuelta
Entre España y América: un viaje de ida y vuelta

Ayer celebramos 194 añitos de nuestra separación de España.

Nuestra relación con la Madre Patria es evidente. Pocas cosas marcan tanto como un idioma: se piensa, se siente, se ama y se vive a través del lenguaje. Luego está la religión: ese estandarte con el que se sometió a un continente y que, hasta el día de hoy, sigue predominando en América Latina.

Basta llegar a cualquier ciudad de España, sobre todo al sur, para sentirnos en casa: compartimos humor y cadencias, ¡nos quejamos de lo mismo! Nuestra gastronomía fue influenciada por la española, la arquitectura colonial, y la pollera, ni se diga.

La música: ¿qué papel jugó? Pienso en el tamborito, el punto, los bailes congos… toda una tradición que evidencia este periodo decisivo de nuestra historia. Pero, ¿fue todo tan claro, tan blanco y negro?

NUESTRAS RAÍCES

La historia musical europea es lineal: una evolución y progresión lógica y orgánica. No así la música de Latinoamérica, donde conquista, colonia y mestizaje, presentan una continuidad accidentada, pero rica y nutrida de diversas influencias.

Poco se conoce a ciencia cierta sobre la música precolombina. Por un lado, no existía la notación musical. ‘Soni pereunt', sentenció San Isidoro de Sevilla: los sonidos perecen cuando no puede fijarlos la escritura. Por otro, ‘los hábitos musicales de los grupos indígenas que vivían en los centros urbanos, donde los españoles tenían más influencia, prácticamente desaparecieron', escribe Ana María Locatelli de Pérgamo.

Para aclarar nuestro pasado musical, etnógrafos, historiadores y musicólogos se han valido de las tradiciones orales, la arqueología, la lectura interpretativa de los códices y las crónicas de los exploradores, misioneros y conquistadores. Hallazgos arqueológicos comprueban la existencia de centenares de instrumentos: címbalos, tambor de hendidura, vasos de percusión, maracas, cascabeles, raspadores, flautas varias, trompetas naturales, tambores.

Para las sociedades precolombinas, la música, al igual que el resto de las artes, formaba parte del orden de la vida diaria con el Cosmos. Pentatónica, monódica y utilitaria, ‘la música fue música antes de ser música', escribió Alejo Carpentier. ‘Pero fue música muy distinta de lo que hoy tenemos: fue plegaria, acción de gracia, encantación, ensalmo, magia, narración escandida, liturgia, poesía, poesía-danza, psicodrama, antes de cobrar (por decadencia de sus funciones más bien que por adquisición de nuevas dignidades) una categoría artística.'

LA MÚSICA COMO ARMA DE CONQUISTA Y RESISTENCIA

Bien dice Marguerite Yourcenar que ‘la sociedad es el hombre en plural', y el hombre viaja con su historia a cuestas. Los españoles trajeron instrumentos como la guitarra barroca, el laúd, la vihuela, instrumentos de viento, de cuerda, el órgano. ‘El canto litúrgico fue la primera expresión musical europea en nuestro vasto continente', nos dice Jaime Ingram. Pero además de la música religiosa, los españoles trajeron la armonía y melodías de sus pueblos, sus bailes y canciones de cuna, expresiones que también fueron colándose en el nuevo mundo, donde encontraron civilizaciones con creencias, lenguas y costumbres ajenas.

‘Oíamos el tañer del más triste sonido, como instrumento del demonio, y retumbaba tanto, que se oyera a dos leguas y juntamente con él, muchos atabalejos y caracoles y bocinas y silbos…', escribía Bernal Díaz del Castillo. Y mientras más resonaba, más se hinchaba la cólera y miedo de los españoles y se levantaba la moral de los indígenas, escribió después el historiador Pablo Herrero Castillo. Aun vencida la resistencia militar, la música autóctona fue un obstáculo a la conquista espiritual.

Los españoles también utilizaron la música como arma, bien dijera Fray Juan Caro que vencería ‘al tambor con el órgano'. Y, como la música es el lenguaje universal, pues les enseñarían canto llano aunque no comprendieran el idioma. Si caballos y armaduras los aterrorizaron, la música los sedujo. Cuenta un cronista que, al escuchar el violín por primera vez, los nativos se miraban extasiados: ¿quién habla así, con el sonido de los pájaros al amanecer? A lo que el misionero respondía: ‘Y quién ha de ser sino del hijo de Dios que murió en la cruz por vosotros.'

DIABLO TÚ NO PUEDES CONMIGO: ÁFRICA EN AMÉRICA

A principios del S XVI, para subsanar la merma de la población indígena, se inicia una de las prácticas más nefastas en la historia de la humanidad: la trata de esclavos. Estos nuevos pobladores traen consigo lenguas, danzas, instrumentos, creencias, comidas, costumbres y unas de las prácticas musicales que más ha marcado nuestra música y nuestro ser.

Se les trató de deshumanizar, pero no pudieron con su espíritu, y la música fue una de las formas más potentes de rebeldía. El hombre canta para recordar, para ahuyentar el miedo y cobijarse, pero también para resistir, como lo hicieran los cimarrones. Ritmos y ritos africanos fueron colándose en ceremonias de un sincretismo religioso y cultural, que les ayudó a sobrevivir, satirizando a sus opresores.

SOMOS MESTIZOS: SOMOS AMÉRICA

Continúa entretejiéndose esta herencia nacida del mestizaje, y va surgiendo lo ‘criollo' o ‘indiano', ese hombre nuevo que, aunque fuera hijo de españoles, ya no hablaba, caminaba o sentía como en la madre patria.

En esta encrucijada única de mezcla de creencias, instrumentos y lenguajes, es donde encuentran músicos y compositores como el gran Heitor Villa-Lobos o nuestro Roque Cordero, la riqueza de su música: allí se nutren, volviendo a la raíz para encontrar en ritmos, armonías y melodías criollas y mulatas, nuestra esencia americana.

Nuestra música: esa coyuntura donde convive lo autóctono y lo importado, ese nuevo lenguaje donde se confunde lo propio y lo ajeno. Bien lo dice Alejo Carpentier: ‘como en tiempos de Cervantes y de Lope, devolvemos, enriquecido y magnificado, lo que del Viejo Continente se nos trajo'.

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UNA HISTORIA DIFERENTE

La historia musical europea es lineal: una evolución y progresión lógica y orgánica. No así la música de Latinoamérica, donde conquista, colonia y mestizaje, presentan una continuidad accidentada, pero rica y nutrida de diversas influencias.